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Cirugías, «crusaítos» y distancias

Lunes, 8 noviembre, 2010

Como cada semana, lo primero es el estado de mi pobre oído. El pasado martes acudí a pedir la cita médica para la revisión tras tomar la medicación indicada. Para mi desgracia, cuando llegué la oficina ya estaba cerrada y había indicios de que comenzaría una huelga del profesorado por un lado y otra del personal de la universidad por otro. Como mi caso aquí en Canadá es algo extraño, pues ni soy personal ni dejo de serlo, no tengo opciones sindicales y si yo iba a huelga se podrían tomar medidas, puesto que en mi categoría (creo que es algo así como managers de no-se-qué) no hay consenso y el derecho a huelga en este caso concreto no era legítimo. Sin embargo, todo lo que se pedía, sin mencionar los ajustes salariales, era, a mi parecer, bastante lógico, pues la directiva de la universidad había propuesto una medidad no retro-activa (por fortuna) por la cual nadie podría mantener relaciones sentimentales si formaba parte del equipo profesional de la universidad, en cualquier de los muchos puestos de que dispone. Esto es, una profesora no podría, según la normativa propuesta, comenzar un noviazgo con uno de los encargados de sistemas. Pero aun va más allá para el profesorado, ya que se les iba a exigir ser docentes dentro y fuera del aula, pudiéndose tomar medidas, por ejemplo, según lo que se escriba en sitios como las redes sociales. Sí, amigos, el Ministerio de la Verdad. Por suerte la sangre no ha llegado al río y, aunque desconozco los detalles de los pactos y las cláusulas problemáticas, parece que se ha llegado a un acuerdo entre todas las partes. El personal parecía muy decidido a defender lo que creía justo. Yo lo veo bien, y mejor veo aun la manera que tienen de organizarse. Un ejemplo es el fondo de contingencia que tienen preparado por si la huelga se alarga de casi $1 000 000, lo que da para algunas semanas de huelga dado el caso. Y otro muy interesante es que para negociar se forma un comité denominado el Negotiation Team (o algo así) que, siendo la voz del sindicato, negocia con su correspondiente homónimo en la universidad, sin que intervengan en ningún momento los sindicatos como tal ya que estos equipos están formados por los propios implicados, esto es, los profesores, según conseguí entender al menos.

El caso es que estaba un poco jiñado porque como no me atendiesen el mismo martes pasada la medianoche de ese día la huelga comenzaría y no tenía ni idea de qué servicios se paralizarían y cuáles no. No conozco cuáles son los servicios mínimos de la universidad y, la verdad, no me hacía mucha gracia tener que buscar otro médico después de la odisea pasada. Con todo, la huelga comenzó, pero sólo duró unas pocas horas, se llegó a un acuerdo y a la mañana siguiente todo el mundo fue a su puesto como si tal cosa, con la sensación del trabajo bien hecho. Qué cojones, hasta yo me sentía bien, y eso que no había movido un dedo. Esa misma mañana, grácil y presurosamente como Légolas, me deslicé hasta el centro de cuidados médicos y me hice con una cita para el viernes a la que acudí no sin cierta angustia. Una vez más, con toda la amabilidad canadiense de la que hace gala mi doctora, me volvió a asestar un duro golpe: «your wound is improving, but you’re gonna need surgery». Lo que conseguí entender es que la herida, si bien estaba mejorando, no iba a ser un proceso precisamente veloz y una intervención quirúrgica podría ayudar mucho a la correcta y rápida cicatrización. Así que aquí estoy de nuevo, con el mismo puto agujero en el tímpano, un mes después, y esperando que me llamen para la primera cita del especialista, que deberá suceder a lo largo de esta semana o, a más tardar, principios de la que viene. Tendré que llevarme un traductor porque entre la sordera y mis escasas capacidades de comprensión del inglés no me voy a enterar de un carajo. Ya os iré manteniendo al tanto.

 

Yo con mi oreja vendada y mi gorro para el frío en la soledad de mi cuarto viendo caer las hojas.

Yo con mi oreja vendada y mi gorro para el frío en la soledad de mi cuarto contemplando la llegada implacable del invierno. (Fuente: Wikipedia).

Pero hablemos de cosas menos, digamos, funestas. El 5 de noviembre fue el Diwali o el festival de las luces que, presidido por la divinidad Lakṣmī (consorte del dios Vishnú) celebra la entrada del nuevo año hindú. Es típico de esta fiesta compartir comida y dulces, estrenar ropa nueva y hacer explotar petardos y fuegos artificiales. Así que, acompañados por nuestro hindú favorito, Karthick, que nos prestó kurtas cortas (valga la aliteración) a mí y a Diego, fuimos hasta las instalaciones de la Facultad de Educación donde habían preparado de todo un poco, eso sí, por el módico precio de $22, algo caro a tenor del origen y motivo de la festividad. No puedo negar que la comida estuviese buenísima y que, aun existiendo posibilidad de repetir, no pude. Quién me ha visto y quién me ve, pensarán, pero hay que tener cuidado con la comida india que es picante pero especiada, una distinción que no comprendí hasta conocer la cocina mexicana, y es que, como decía nuestro querido okupa Shiddarta, «pica al entrar y pica al salir». Más vale tener cuidado entonces y no abusar porque doy fe de que eso es real.

Las kurtas cortas

Las kurtas cortas. (Fuente: Diego)

Creo que todos esperábamos que aquello fuese un poco más parecido al Oktoberfest, pero no, sólo fue más participativo hacia el final. Hubo una gran sesión de bailes y cantos típicos. La pena fue cuando a una de las bailarinas típicas, que bailaba como una ravera (no olvidemos los orígenes del goa trance) pero con el cuerpo de Don Pimpón, sufrió un contratiempo y medio vestido se le deshizo, suspendiendo la que para mí fue la mejor actuación. Estaban muy chulas las danzas, a medio camino entre entre el break-dance y el flamenco. Muy curioso.

«¡Cuatro! ¡El Robocop!»

¡Todos juntos!: «uno, el brikindans; dos, el crusaíto; tres, el maiquelyanson; cuatro, el robocop». (Fuente: Karthick).

Terminadas las actuaciones, poco antes de que las mujeres se hicieran tatuajes de henna y nos perdiésemos los fuegos artificiales (recuerden que se llama festival de las luces…), todos los indios se volvieron locos y se subieron al escenario a bailar su música típica. No los culpo, yo hubiera hecho exactamente lo mismo si me ponen al Fary aquí en Canadá en un auditorio. La distancia es dura, amigos, qué les voy a contar. Pero sucede algo muy curioso, algo que ya presentía y que hablando con mi jefe descubro que es no sólo real (perdón, que ahora se escribe sin tilde) sino que está bastante estudiado y demostrado su funcionamiento. Sucede que cuando las personas se van lejos de la que ha sido durante mucho tiempo su tierra y sus gentes, comienza una escisión entre las vivencias del que se va con respecto a las de los que se quedan. Lo que en principio podría parecer inocuo no lo es en absoluto porque, no sé cómo será para ustedes, pero para mí de las cosas más importantes para integrarme en un grupo es el humor, y éste suele ser muy local. Por tanto, cuando se va lejos dejando a un cúmulo de personas que siguen compartiendo las cosas cotidianas de la vida, su humor, el de ellos, evoluciona, crean nuevas coñas, situaciones recurrentes y chistes que pueden compartir. En cambio, los que estamos lejos tenemos poco y mal acceso a esas nuevas dimensiones chistosas, por lo que con el paso del tiempo sólo quedan aquellas con las que nos marchamos. Y claro, esto termina por definir la distancia humorística primero, y más tarde la social. Sin embargo, sucede también una cosa curiosa, y es que cuando hay más de una persona que está fuera, entre los mismos exiliados, por sus propia condición de apátridas, el humor se quedó estancado y sigue un crecimiento mucho más lento y consensuado, pues cada vez que tienen contacto de algún tipo saben separar perfectamente los contextos (o aspectos, que dirían los entendidos en redes sociales) perdurando así el mismo nivel social. En fin, dejo de divagar, a ver si le pido enlaces a mi jefe respecto a esto que sé que existen, aunque relacionados con las transferencias culturales. Cuídense mucho y esperen con ansia otra entrega de las entregas de estas desternillantes y heroicas aventuras en Canadá.

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2 comentarios leave one →
  1. Ana permalink
    Miércoles, 10 noviembre, 2010 08:13

    Tenga cuidado con la comida picante que dicen los rumores, que dan hemorroides, y como abuse de esta deliciosa, y picantosa comida india, le veo haciéndose un 2 x 1 sabee, operación de tímpano y extirpamiento de la almorrana 😀 (1. Errancar de cuajo o de raíz):

    Si le sirve de consuelo, a mi, cuando me relaciono con gente diferente, también me suele pasar lo del humor, no todos tienen el mismo sentido del humor por desgracia :). Con lo divertido que es poner a parir a la gente “

    • Jueves, 11 noviembre, 2010 03:51

      Qué asco, ese vídeo es harto desagradable. Blurp! :X Sólo con ver el artilugio que usan para abrirte el ojayo se le quitan las ganas a uno.

      Y sí, el humor es el primer paso para la integración 🙂

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