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Las primeras nieves

Jueves, 2 diciembre, 2010

Ayer recibí, por fin, la notificación para ver al especialista. Pensaba que los canadienses eran un poco más eficientes para la sanidad que los españoles. Parece que no es así, me han citado para el día 12 de enero, eso hace casi 2 meses exactos desde que mi doctora me vio por última vez. Supongo que puede significar que mi oído no se encuentra grave, al menos yo me siento bastante bien, no me molesta y rara vez siento dolor. O quizás signifique que aquí son tan incompetentes o más que en España. La jugada será, aprovechando que regreso por Navidad a mi tierra, visitar a mi médico de cabecera de allí, a ver qué me cuenta. Antes, eso sí, debo asegurarme de si estoy en condiciones para tomar vuelos transatlánticos o no. Intentaré aclararlo antes de que sea tarde. Al igual que el seguro médico canadiense. Al llegar a esta ciudad y por ser trabajador de la universidad tengo derecho a un seguro médico de la provincia de Ontario, el OHIP, pero como tardan más o menos 3 meses en hacerlo efectivo, antes tengo que contratar yo uno privado temporal, el UHIP. Pues bien, resulta que los 3 meses de vigencia de mi seguro temporal están a punto de expirar y tengo que ir urgentemente al centro, a la Calle York, a fin de obtener mi seguro definitivo hasta que se termine mi contrato.

Y es que son muchas las cosas que aquí son distintas, a veces las diferencias son enormes y otras no tanto, pero sí lo suficiente como para decir «¿qué coño es esta mierda?». Ejemplos:

  • El pan de molde, y en general cualquier alimento que debería atarse con el típico alambrillo de mierda, se abre y se cierra con una especie de broche de plástico pseudo-cuadrado y plano.
  • Además, le fecha de caducidad suele venir en esas asquerosas chapas blancas.
  • La basura hay que almacenarla en casa durante 8 largos y malolientes días, puesto que los camiones de recogida tienen un ruta específica que jamas varían. Al menos, al vivir en una casa, podemos dejar las bolsas en unos cubos en la parte trasera. Pero las cajas del reciclaje sí que las tenemos dentro, a saber, una para el papel y otra para los vidrios, las latas y las botellas de plástico. Y si no reciclas bien los amables trabajadores de la recogida te dejan pegatinas en tus cubos indicándote cómo debe hacerse. Eso sí, contacto humano cero.
  • Los pasos de peatones están delimitados por líneas perpendiculares a la carretera, no por las típicas líneas longitudinales que son las que provocaron que se les llamase pasos de cebra.
  • Casi todos los semáforos tienen un botón que hay que presionar para que la luz se ponga blanca (sí, blanca) y puedas cruzar.
  • Los autobuses tienen, en su mayoría, unos cables colgados por las ventanas de los que debes tirar para solicitar una parada.
  • Para abrir las puertas de los autobuses debes, según el modelo, bajar un escalón, tocar una barra amarilla y presionar en unos botones alargados. Ya pueden imaginarse los primeros días el ridículo bochornoso que sufrí al intentar bajar del bus y comprobar que la puerta no se abría…
  • Hay supermercados y muchas tiendas 24h y curiosamente siempre parece haber alguien.
  • Las bolsas hay que pagarlas, y claro, como buenas ratalimañas que somos, ya tenemos un buen cargamento de bolsas de plástico en casa que llevamos a las compras para no pagarles ni un céntimo de más, que bastante cara es ya de por sí la comida.
  • Los carritos del super son más grandes y sólo tienen movilidad en las ruedas delanteras, lo que hace un poco extraño su manejo.
  • Etc, etc.
Eso es una auténtica tienda, ahí, que vende de todo.

Eso es una auténtica tienda, ahí, que vende de todo. (Fuente: eikozaza)

Y un sinfín de cosas que son distintas, que notas cada día, pero que aprendes a evitar cautelosamente para que no de te un tick nervioso en el ojo y empieces a disparar a los viandantes con una metralleta.

Por lo demás han sido días bastante tranquilos, quitando un par de menciones especiales. La primera de ellas fue el jueves pasado, en la que tuve mi primera presentación hablando en inglés frente a desconocidos. Aunque en realidad no era para tanto, se trataba de una clase a la que voy como auditor, vamos, como oyente, y en la que somos 8 personas: in hindú, dos chinoplas a cada cual más feo los hijos de puta, un canadian que al que llamamos Optimus Prime porque habla como un robot y con vibrato, otro que se parece a Robert Patrick (sí, el actor que encarna al T1000), el profesor Stephen Watt, Diego y yo.

Uno de nuestros compañeros de clase programando.

Uno de nuestros compañeros de clase programando.

La clase se llama «Tinta digital y reconocimiento de textos escritos a mano» y, además de un trabajo a final de curso muy interesante y escogido por los propios alumnos, en la nota también cuenta que escojas un artículo a tu elección relacionado con el tema y hagas una defensa de él. El problema aquí no es la temática en sí o la dificultad de los artículos, más o menos sobrellevable, sino la defensa en inglés. Es lo que peor llevo, con eso de trabajar dentro del programa de Español practico el inglés bien poco y, aunque voy haciendo el oído e incluso el otro día tuve mi primer sueño bilingüe, producir mi propio inglés me cuesta muchísimo, no tengo práctica. Así que me escribí un guión para la presentación y le pedí al profesor si podía usarlo como apoyo o incluso leer algunas partes porque mai fluenci’spikin inglis is not veri gud. Y aceptó. Menudo desastre de presentación: me salté partes, dije cosas incoherentes, repetí un montón de frases, me atascaba, estuve a punto de quedarme sin tiempo… Muy mal. Si bien mis compañeros, bastante agradables, hicieron un par de preguntas por las que entendí que de algo se habían enterado. Eso me gustó.

Y pasado el mal trago de la semana todo se volvió más calmado. A decir verdad estaba un poco jodido con la presentación, fue mi primera prueba hablando una lengua que no es la nativa. Había que celebrarlo. El día siguiente, viernes, decidimos volver al Molly Bloom’s para cenar y luego probar suerte en el Barkin Frog. Debo reconocer que, aunque nos cobrasen $5 por entrar a los hombres, fue una noche muy divertida y la música, para mis cánones, no estuvo nada mal. Eso sí, con el rollo de ser el sitio más guay las bebidas no eran especialmente baratas y se nos fue a todos un buen pastizal. Aunque valió la pena salir del garito cerca de las 3 de la mañana y descubrir que estaba nevando, la primera nevada de verdad. Menos mal que íbamos calentitos y tampoco la sufrimos mucho. Nos montamos en un taxi y ala, a descansar. Una pena que Espe se perdiera esa noche, pero ella nos echó de casa porque iba a celebrar el cumpleaños conjunto de Carlota y Adrianda y habían invitado a muchachas de Arabia Saudí. Claro, a las pobres no les hacía mucha ilusión estar con hombres porque así no se pueden desmelenar, literalmente. En cambio, si sólo hay mujeres sí que pueden quitarse los velos, mostrar el pelo y pasarlo bien. Pueden ser ellas mismas, supongo.

Jugando a piedra, papel, tijeras, lagarto o Spock con Siva.

Jugando a piedra, papel, tijeras, lagarto o Spock con Siva.

A la mañana siguiente, tras unas horas de trabajo ultimando preparativos para un proyecto muy interesante que ya os contaré (de nombre en clave Transfer), habíamos sido invitados por los padres de la colombiana Maruca a tomar una deliciosa merienda-cena: una deliciosísima sopa levantamuertos con ternera y pollo que nos sentó como mano de santo acompañada de arroz, aguacate y yuca. Una combinación deliciosa. Todo junto sabía a hogar. Tenía sabor, algo que por aquí no es muy habitual en las comidas. Pasamos también una tarde de lo más agradable y en buena compañía. Pero tocó marcharse, eso sí, con el estómago lleno de sabrosa comida casera. De nuevo gracias, María, y a tus padres también.

Un momento, ¡éste no es el muñeco que me habían prometido!

Un momento, ¡éste no es el muñequito de jengibre que me habían prometido!

Y poco más que merezca mención ha pasado estos días. Probé mi primer muñequito de pan de jengibre, que estaba bastante bueno, y hoy me levanto con la nieve definitiva. Es bonita e hipnótica, pero ya sé que a mí no me va a gustar demasiado estar como 5 meses sin poder ver el color de la tierra. Aprovecharé para hacer fotos mientras aun me dure la expectación.

En realidad estoy muerto y congelado, por si no se nota en la foto.

En realidad estoy muerto y congelado, por si no se nota en la foto.

Comienza la cuenta atrás, sólo 2 semanas restan para visitar Sevilla. Con este clima es imposible no sentir una extraña nostalgia, ya lo decía Trentemøller, miss you

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One Comment leave one →
  1. Iván permalink
    Jueves, 2 diciembre, 2010 08:07

    Cuñao, me alegra mucho que te encuentres mejor del oído. Espero que no tengas problemas para volar y podamos vernos en breve.

    Un abrazo!!

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