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La lluvia en Sevilla es una… fucking shit

Lunes, 27 diciembre, 2010

Antes de salir del país del curling y como viene ya siendo habitual, los siempre amables agentes de aduanas me dieron una nueva alegría al mandarme una vez más a inmigración en el aeropuerto. Al llegar al puesto de la policía estadounidense, y es que el aeropuerto de Toronto tiene un mini Estados Unidos dentro, una chica con cara de madre precoz y problemas de adaptación social me solicitó poco cortésmente el pasaporte y la tarjeta de embarque. Hizo alguna comprobación en una máquina y acto seguido me dijo que la acompañara. Me llevó a una sala vacía con más policías yankis en una pequeña oficina anexa. No sé cuánto tiempo estuve en esa sala sin tener noticias de nadie, a mí me pareció al menos una hora. Por suerte esta vez no iba solo y Carlota, Espe y Diego me estaban esperando fuera. Obviamente ellos no tuvieron ningún incidente. Al rato veo salir de la oficinilla a un tipo con guantes azules y de látex que me llama a una sala un poco más pequeña e inhóspita. Allí me interroga de manera exhaustiva: que de dónde soy, por qué estoy viviendo en Canadá, por qué pongo que mi país de residencia es España, dónde trabajo, cómo se llama mi empleador y jefe, de qué tipo es mi contrato, en qué consiste mi trabajo, con cuántas personas viajo, a dónde voy, por qué, etc. Que mi visado ponga que soy biotecnólogo (sic, error garrafal de algún agente) y mi maleta facturada sólo llevase ropa y cosas de Espe no ayudó mucho a clarificar las cosas con el agente. Ante una tesitura así lo mejor que uno puede hacer es convertirse en Míster Simpatía y obedecer en todo al hijo de puta que te esté inspeccionando. Sobre todo si quieres que tu orto siga siendo only exit. El látex asusta, os lo digo yo, pero mi impecable actuación e insospechada amabilidad parece que resolvieron la papeleta. Tiempo más tarde ya estaba esperando el vuelo con escala a Philadelphia, la ciudad donde los trabajadores del aeropuerto casi van cantando. El chófer del bus que nos acercó hasta el avión era un auténtico negrata con el ritmo en cada palabra. Muy curioso.

Antepasados canadienses jugando al curling en Ontario (Wikipedia).

Antepasados canadienses jugando al curling en Ontario (Wikipedia).

Un millón de horas más tarde y 6 200 km después llego a Sevilla sin más sobresaltos. Mi oído: perfecto. Una amiga de Karthick, audióloga de profesión, me explicó que en mi caso, con una perforación en el tímpano no cicatrizada, los cambios báricos de los vuelos no deberían afectarme pues la presión se escapa y no empuja la membrana. Otro historia distinta sería si estuviese recién curada, ya que entonces la presión podría incluso romperla de nuevo.

No puedo dejar de mencionar y dar las gracias a la fantástica pandilla basurilla que he encontrado en Canadá y en la que, como sucede en todos los grupos de emigrantes, no hay un solo canadian. Un par de días antes de partir organizamos un amigo invisible, Secret Santa lo llaman, y nos dimos nuestros regalitos. A mí me cayó una nueva cartera, lo cual agradezco enormemente, prometo que la usaré, pero no antes de que mi super cartera actual fenezca definitivamente. Quizás el mejor regalo fue un genial Señor Mojón de South Park de Miriam para Diego. Todo un acierto de elegancia, clase y estilo.

Confieso que lo primero que me impactó al llegar a España fue que todos los letreros del aeropuerto estaban en español. Lo segundo fue ya en Sevilla, cuando nada más salir del aeropuerto y comprobar que hacía un día radiante con temperaturas más que agradables, me vi de repente abrumado por enormes carteles publicitarios anunciando jamones, jamones en oferta, jamones de todas la clases, de todas las calidades. Jamón. Jamón en vallas publicitarias gigantes en la carretera. Casi se me escapa una lagrimica. Aquí el sol no es ornamental, brilla y calienta. Y tras un rato en el coche de camino a casa de Espe pude sentirlo en el pecho. Es el mismo sol que hace que te quedes dormido cuando vas en autobús tras un día de trabajo camino a casa. Y ya en casa de Espe la madre tuvo a bien darnos una exquisita sorpresa con huevos de codorniz sobre jamón y salmorejo, delicatessen, y dos variedades de puchero. Eso sí es una bienvenida. Pero yo estaba ya completamente destrozado tras un viaje de unas 32 horas prácticamente sin dormir nada. Aun no consigo conciliar y descansar en los vuelos largos. En cambio en los cortos caigo sopinstant del tirón. No sé aun muy bien porqué.

Deliciosidad canadien... digo, andaluza

Deliciosidad canadien... digo, ¿andaluza?

Otra de las cosas brutales fue ver cómo las hojas de los árboles no se habían percatado del otoño y estaban aun cayendo cubriendo las calles. En mi barrio da gusto pasear y ver los naranjos con su colorido fruto adornando las aceras. Y eso que mi barrio es una puta mierda. Está situado cerca de un parque periurbano bastante grande y aun verde en su totalidad. Es una gozada venir de caminar por la nieve y encontrarte con la frescura y verdor de la naturaleza. Fue allí donde me reencontré con la primera sección de los amiguetes que aquí en Sevilla tengo. Hay demasiada gente a la que quiero ver, pero espero tener tiempo para verlos a todos. He hablado con muchos desde que llegué y debo reconocer que mis temores son más o menos reales. En 4 meses las cosas no cambian mucho ni hay demasiados movimientos drásticos, la inercia tiene aun poca fuerza. Pero ya se empiezan a vislumbrar los desencadenantes del giro. Parejas que se rompen, parejas que se crean (a veces de manera muy inverosímil), niños que nacen (esto, señores, es lo que ya le toca a mi generación, «mu fuertel»), personas que se van, personas que llegan, cambios de trabajo y cambios de casa son las únicas cosas que en esencia definen nuestras vidas. Salud, dinero y amor. Más bien enfermedad, podredumbre y desengaño. Cuestión de enfoque, pero no hay mucho más. Son esas relaciones entre las personas las que me resultan muy distintas entre un país y otro. Integrarse para salir de fiesta no es del todo difícil, basta con conocer a alguien al menos igual de borracho que tú y con unos gustos musicales algo parecidos. A veces ni eso. Pero integrarse a nivel personal es más complicado, se necesita mucho más tiempo para encontrar a un confidente, a un compañero, y al empezar desde cero tienes tanto ventajas como inconvenientes: lo mismo se hacen una idea de ti que no es para nada la real, lo mismo te sientes increíblemente bien con ellos desde el principio. En lo que a mí respecta no puedo negar que haya una parte de cada. No me siento del todo extraño estando con mis recién estrenados amigos, son la polla, pero sí que noto como si no fuera yo. Hay diferencias, no muchas pero sí unas cuantas, para con mi persona en Sevilla. Quizás aquí sea algo más desinhibido, más hablador, más payaso, más alegre. Igual es sólo el éxtasis de la visita a la tierra; igual no. Quizás sea Canadá la que me saca la faceta que conocen los de allí. Quizás sean los de allí los que me hacen aflorar otros comportamientos. Que conste que yo siempre intento ser el mismo, pero cada persona y circunstancia te saca unas cosas u otras. Sólo puedo decir que lo siento porque si tengo que elegir me quedo con el yo de Sevilla, que ése trabaja menos :-).

Callejeros viajeros: San Jerónimo (Sevilla)

Callejeros viajeros: San Jerónimo (Sevilla)

No todo fue un bonito recibimiento, me lastimé un dedo que tuvo que ser envuelto en una férula metálica de urgencias (que por surte ya está libre y mejorando), tuve problemas con las tarjetas al cambiar de país y encima el clima no era lo que esperaba (aunque mejoró). Lejos de ser una pura maravilla, la lluvia en Sevilla me ha recibido con un torrente interminable de chaparrones incesantes. Ola de frío en toda Europa que incluso ha cortado aeropuertos y jodido las Navidades a muchos de los que estaban fuera y querían venir. Es como si llevase el frío allá a dónde voy. Primero a Ontario, luego a Andalucía y seguro que de vuelta otra vez a Ontario.

Muchas son las cosas que aun me quedan por hacer aquí, y ya empiezo a asumir que no voy a poder cumplirlas todas. Me quedaré con ganas de comer en muchos de los sitios que solía frecuentar, de visitar algunos de los bellos parajes a las afueras de mi ciudad, o simplemente de estar tranquilo y relajado en casa al calor de la copita (de la estufa, que nadie me malinterprete). Cómo se agradecen los calentadores colocados estratégicamente bajo las mesas con ropa de camilla en los fríos y mal acondicionados hogares sevillanos. Qué lejos queda ir en camiseta en tu propia casa. Y qué maravilla es tomarse un botellín de Cruzcampo en la calle paseando y charlando con los amigos por la Alameda.

Antes de Nochebuena, la cena periódica con las alimañas. Y en Nochebuena, suculentísima cena en casa de mi hermana con la family. Después a la Ravewena. Mucho hacía que no iba yo a una rave y ésta estuvo realmente bien. Aunque eso sí, el sitio, como suele pasar y pese a ser mejor que muchos otros, tenía mierda a raudales y llegué a casa hecho una piltrafa. Con todo, valió la pena. Fue una noche completa y lo pasé de escándalo. Sólo faltó desayunar deliciosos churros con chocolate.

Churros con chocolate. Delicioso.

Churros con chocolate. Delicioso.

Y ya me despido. Espero que los que ahora están en el continente americano lo estén pasando al menos tan bien como yo aquí, que disfruten de los suyos y pasen un feliz fin de año.

Villancicos (Albert Montt)

Villancicos (Albert Montt)

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2 comentarios leave one →
  1. Lunes, 27 diciembre, 2010 04:56

    Ai, la morriña! Desde luego te ha pasado de todo, pero bueno, ahora estás en tu tierra. Ten cuidado con las aduanas cuando vuelvas!

    Un saludo.

    • Lunes, 27 diciembre, 2010 04:59

      Gracias Óscar. Ya tengo asumido que mis aventuras aduaneras no acabarán hasta que no cambie la foto gitaner del pasaporte.

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