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«Say the word: cat»

Sábado, 15 enero, 2011

Está nevando. Qué sorpresa. Cae de nuevo esa puta mierda blanca. Pero no me deprimo, he llegado a Canadá con fuerzas y energía renovadas. Mi estadía en la capital andaluza me ha ayudado mucho. Me ha dado un poco de la perspectiva que estaba perdiendo, de la vista a largo plazo que necesitaba. Sentía que me ahogaba en esta ciudad. Aquí todo el mundo está encasillado y, como saben seguir tan bien las reglas, es difícil escapar de tu cubículo. Ahora me siento más yo, y eso es bueno.

Si tuviese que resumir mi viaje a Sevilla en una palabra ésa sería frustración. Recordemos que mi viaje no fue ocioso y por las mañanas tuve que trabajar, sobre todo programando TransferCloud y montando la infraestructura del laboratorio desde la lejanía. A eso hay que sumar que la primera semana fue un no parar de compromisos y papeleo (acabo de caer en la cuenta de que no cancelé mi seguro con Mapfre de cuando fui becario el año pasado, malditos bastardos que lo prorrogan automáticamente a no ser que digas lo contrario). La última semana fue un querer y no poder, intentando ver a toda esa gente con la que tenía ganas de charlar tranquilamente y no había podido antes y preparando ya el viaje de regreso. Sí, de regreso. Así es como tristemente lo sentí. Prácticamente se puede decir que más o menos sólo disfruté de la segunda semana. La Nochebuena, la Nochevieja y el Día de Reyes estuvieron realmente bien y ese recuerdo que me llevo.

Estampa navideña nº 6. Plétora de Piñatas de Maruo Entrialgo.

Estampa navideña nº 6. Plétora de Piñatas de Maruo Entrialgo.

Los Tres Reyes Magos, que ni eran Tres, ni eran Reyes ni mucho menos Magos, se celebran en España para conmemorar una ofrenda al recién nacido niño Jesús, o eso tengo entendido. Se programa un enorme desfile en casi todos los pueblos de cierto tamaño y en las ciudades. Cada Rey Mago tiene su carroza y entre cada una de ellas hay otras tantas, temáticas o no (este año Bob Esponga fue casi el cuarto rey mago), y bandas de música. Con casi 30 años en el orto uno va a verlas por petición, nostalgia o por ver cómo los más pequeños disfrutan. El aliciente de los niños es bien distinto pues los figurantes de las carrozas arrojan golosinas y regalitos de poca envergadura que hacen las delicias de los enanos. Baltasar, el negro, siempre ha contado con fieles seguidores, al menos en mi pueblo, pues en la cabalgata (eso sí que es un parade, no lo que hacen aquí en London) su carroza siempre ha sido la que más caramelos tiraba y la que más balones lanzaba. Eran otros tiempos y recibir un balón de plástico de los lanzados en el desfile te convertía automáticamente en leyenda a la vuelta al colegio tras la Navidad. Podías vacilar de ello prácticamente hasta finales de enero. Obviamente lo más que nunca conseguí coger fue un puñado de caramelos de los blanditos, de esos que hasta hace no mucho regalaban en el AVE. Algo así como el premio de consolación. Juraría que Melchor es el segundo en popularidad y que Gaspar, al que siempre he relacionado con la caspa, es el pobre desgraciado que ningún niño escoge para que le traiga regalos. Lo curioso es que cuando le preguntas a un niño si le gusta más Melchor o Gaspar te responde que quién es el de la barba blanca, porque a ese desgraciado no lo quiere ni su puta madre. Eso sí, cuando la mañana de Reyes los niños se levantan ansiosos por ver qué regalitos les han traído los Reyes os juro que les importa una mierda quién ha sido el benefactor, así sea el yonqui del barrio. Con todo, vale la pena ver la cara de los niños. A mi único sobrino, de 5 años, le preparamos el salón con globos y serpentinas y cada uno de sus «titos» le obsequió con algo. El resultado fue un gritón de regalos, cantidad difícilmente gestionable por un niño que va perdiendo la capacidad de sorpresa por culpa de sus mayores. Pero es invevitable.

Globos espía de Mickey Mouse para su reino del terror en plena cabalgata.

Globos espía de Mickey Mouse para su reino del terror en plena cabalgata.

Decía mi hermano mayor que él de chico hubiera flipado en colores si hubiera encontrado así el salón la mañana de Reyes. No le falta razón, la verdad. De naturaleza humilde, supimos desde bien jóvenes el origen real de los Reyes Magos y lo difícil que era conseguir regalos para todos. Es por eso que los hermanos mayores iban cediendo su importancia en la tradición para que los recién llegados pudieran disfrutarla un año más. Y eso hizo la magia. Jamás podré olvidar cuando recibí mi primer y único coche tele-dirigido, mi flamante bicicleta de paseo BH, mi insuperable monopatín California Pro o el genial juego Quimicefa (que ese mismo año retiraron porque un imbécil le prendió fuego a su casa con el juego en cuestión y mi madre lo hizo desaparecer de mi vida). También hubo años en blanco. Años en los que tenías que decir en el cole que tu regalo había sido ropa y dinero. Y lo prefiero así. Eso me hizo darme cuenta de que las cosas no caen del cielo, que lo material no siempre es lo importante. No pasé ni un solo día de Reyes aburrido. Siempre rodeado de mi familia y riéndonos. Sobre todo mis hermanos mayores, que eran muy dados a putearme la mañana de Reyes escondiendo mi regalo y diciéndome que «ese par de calcetines es lo que te han dejado» o «¡mira! es la pistola de mixtos que tú querías». Lógicamente me ponía a llorar pensando que qué había hecho mal durante el año si mis notas eran impecables. Afortunadamente eso pasó y nos centramos en mi hermano pequeño, el suertudo que siempre tuvo algo. Ya éramos más mayores y mi hermano, alias Fernando Sheppard, aportaba dinero en casa con mucho sacrificio. Pero es otra historia.

Confieso que este año salí mejor parado en Reyes de lo que había imaginado. En mi familia, y para evitar gastarse un pastón en regalos, lo típico es hacer el amigo invisible, de manera que nadie sepa quién le regala a quién y sólo tengas que comprar un regalo. O así debería ser. Al final el límite que solemos establecer de no más de 30€ ó 40€ suele quedar rebasado y casi todo el mundo sabe quién le ha tocado al resto. Además las parejas hacen regalos independientes a sus respectivos y respectivas, a mi padre siempre se le regala un transistor para escuchar el fútbol (tiene un don para destrozarlos) y a mi sobrino, como veis, se le abruma con mil cosas. A mí me cayeron unas nuevas bambas adidas (que ha vuelto a cambiar de logotipo), un cinturón de señor mayor que ya me iba haciendo falta, una camiseta color UWO de Super Coco, otra de la Selección Española de Fútbol con su estrellita y todo, y una bella foto con mis hermanos y mi sobrino enmarcada para que me la trajese a Canadá. Regalos flomenálicos. A los que hay sumar la última parte de El Incal, la cartera definitiva con el tamaño y compartimentos exactos, y Cuentos de Terramar. Nada mal parado, la verdad.

Ese mismo día me despedí de mis amigos más cercanos intentando tomarme el último serranito en Casa Kini, que sirve los serranitos más aberrantes que se puedan concebir. Pero no tuve suerte, llegamos tarde y hubo que comer en un 100 Montaditos, que tampoco estuvo mal. Porque comer, lo que se dice comer, he comido hasta reventar estas Navidades. Tanto que he puesto casi 4 kg en 21 días. Ni la perraca de Samanta Villar. Y ahora toca relajarse un poco con las dietas e intentar perder algo. Por eso, nada más llegar a London nos fuimos directos al Alibi a por una de esas super hamburguesas de medio kilo y al día siguiente una pizza XL con 7 ingredientes. Recuerden que lo gordés no quita lo valiente.

«Deme un penique, señor». Las aventuras de Huckleberry Finn.

«Deme un penique, señor». Las increíbles aventuras de Huckleberry Jesusínn.

Al día siguiente a las 6:00 AM estaba en planta y listo para que mi hermano me llevase a casa de Espe, desde donde su padre nos llevaría hasta el aeropuerto de Faro, de ahí a Lisboa, de allí a Toronto y por último, en Toronto, Camelia nos recogería y nos llevaría a nuestro hogar en London. Una odisea, sí señor. Por fortuna todo transcurrió con normalidad. Para mí, acostumbrado ya a contratiempos más o menos desagradables, que el vuelo desde Lisboa se retrasase casi 3 horas no supuso ningún problema. O que el avión fuese un puto bus con alas tampoco. Ni siquiera que sólo hubiese una par de pantallas en todo el avión me molestó. Es más, tras la obra maestra Toy Story 3 me tragué una película en la que una super gorda se lía con un jugador de la NBA super famoso. Todo es súper en la película, vamos que es una super mierda, una bazofia sin precedentes. Y aun así la vi, porque la vida puede ser maravillosa cuando no te paran en la aduana con medio kilo de jamón en la maleta. Reconozco que fue lo peor del viaje. Los continuos carteles de por favor, declare, no se arriesgue o le metemos un puro de $400 iban calando en mi cerebro. Pero nada pasó. Lo que tiene evitar los condenados Estados Unidos. Ni siquiera el fuet fue detectado. Alabado sea Canadá.

Una vez aquí lo cierto es que no he parado de trabajar. He venido con mucha energía y tengo que aprovecharlo. He sacado otro blog para discutir ciertos temas de una asignatura muy chula a la que voy como oyente. Los proyectos parecen que van saliendo. Pero no sé cuánto duraré con este ritmo. De momento mañana visitaré por fin las cataratas de Niágara, casi congeladas. Espero que sea un espectáculo digno.

En cuanto a mi tímpano, fui a la cita que tenía con el especialista. Primero una agradable audióloga me hizo el análisis más completo del oído que jamás me han hecho. Y todo con una sonrisa en la cara y explicándomelo todo perfectamente. Estos canadienses son tan amables que si te mandan a tomar por culo te vas y encima lo haces contento. La muchacha me hizo muchas pruebas, entre ellas una que consistía en repetir palabras para ver qué tonos y fonemas era capaz de oír. Airplane, cat, south, etc. Todo precedido de un «say the word». Lo que me recordaba a la pequeña joya de Jan Švankmajer, Alice (Neco Z Alenky), la adaptación más brutal y original del cuento de Lewis Carrol. Después del análisis, para el que tuve que esperar en una sala como las de España durante bastante tiempo, me atendió el doctor becario, que vino a corroborar lo que ya me habían dicho en Sevilla. Luego vino su supervisor, el Dr. Parnes, y me dijo lo mismo. Cuidadito con los Q-tips y que no tenía nada, que creía que se había corregido aunque no veía signos muy claros de cicatriz. Todos los niveles de audición al 100%. Incluso una prueba que me hicieron para ver cómo se movía mi tímpano también arrojó buenos resultados: escucho algo mejor los agudos y un pelín peor ciertos medios tonos graves. Así, por fortuna, capítulo cerrado y sin más problemas. Lo seguiré cuidando con mimo pero ya con la tranquilidad de que está perfecto.

Minuto 3:09. «Said the white rabbit».

Y mientras escribo esto mi jefe se presenta en la puerta de mi oficina con algo en la mano. Es Orsai, la revista. Por fin ha llegado a Canadá, algo más tarde de lo que esperábamos pero en un tiempo razonable. Salimos corriendo a hacernos algunas fotos para que se vean las revistas en la nieve, que conste que está llegando a todos los rincones del planeta y que la iniciativa es ya imparable. Desde aquí nuestro pequeño grano de arena. Ya me despido, ¡un saludo a todos!

Revista Orsai

Revista Orsai

PD: Post programado para publicarse el sábado a las 14:30 hora española.

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11 comentarios leave one →
  1. Sábado, 15 enero, 2011 02:51

    Buen post! Me alegro que todo haya ido bien de camino a London 🙂

    Por cierto, para tus lectores Canadienses, tengo unas fotos de los Reyes Magos 2011 en mi flickr. Pongo a continuación el enlace a modo de documentación 😉

    reyes-magos-2011-1454

    Estas fotos son hechas con mi nueva cámara Nikon D7000 🙂 A ver qué os parecen…

    Un abrazo.

    • Domingo, 16 enero, 2011 04:07

      Qué mamón, menudo camarón de la isla. ¡Gracias por documentar con tus pictures!
      Un abrazo.

  2. Guillermo permalink
    Sábado, 15 enero, 2011 03:06

    Como siempre, un placer leer tus posts Javi!!!

    Es curioso como viajes por ellos por tu pasado, tu presente y a veces con un vistazo incluso al futuro. Todo cargado con excelsas comparaciones y anecdotas.

    Intenta no dejarlos nunca, aunque seguro q te roban bastante tiempo, a mi por lo menos me hace sentirme conectado contigo en la inmensa lejania.

    Un abrazo!!!

    • Domingo, 16 enero, 2011 04:11

      Joder, tío, muchas gracias. Me da mucha pena no haberos podido ver a ti ni a la Miri. Seguiré escribiendo o al menos lo intentaré 🙂

      ¡Un abrazo!

  3. Rutigher permalink
    Sábado, 15 enero, 2011 04:49

    ¡¡Que gran post, javi!! Estoy aquí en el curro y no he podido evitar soltar alguna que otra carcajada. Me hubiera gustado ver ese bus con alas, y sobre todo el peliculón que viste, tengo que buscarlo para verla y luego potar un poco. Me alegro de que estés allí con renovados ánimos. Un abrazo kiyo.

    • Domingo, 16 enero, 2011 04:14

      Intentaré averiguar el título y si lo consigo te lo comunico ipso facto.

  4. Domingo, 16 enero, 2011 12:45

    Como suele ser habitual, mucha información en tus posts, casi demasiada. 😉

    Lo fundamental: me alegro de que hayáis llegado bien, que hayáis tenido suerte en la aduana y, sobre todo, que lo del oído se haya quedado en susto y gastos médicos. 😉

    • Domingo, 16 enero, 2011 04:15

      Muchas gracias, pájaro. Eran muchas cosas que contar y al final me puede el ansia 🙂

  5. Fernando permalink
    Martes, 18 enero, 2011 03:12

    Gran post… Besitos.

  6. Iván permalink
    Miércoles, 19 enero, 2011 10:16

    Cuñao, se te olvidó mencionar algunos detalles importantes del montaje del salón de reyes, como el espectacular colorido de los globos o la perfecta estructura que conformaban las serpentinas…

    Me alegro mucho que estes perfect del oído (el médico arrogante tenía razón).

    Un abrazo!

    • Miércoles, 19 enero, 2011 06:18

      Sí, tampoco mención el delicioso sabor a gasolina que se te quedaba en los labios tras inflarlos ni de la calidad de los mismos 🙂

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