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Demasiado poco

Domingo, 15 mayo, 2011

No fueron muchos los que descifraron el mensaje de mi anterior entrada. Cierto es que no se veía del todo bien en todos los navegadores y sistemas operativos. Aquí os dejo un pantallazo de qué se supone que podríais haber adivinado y pido perdón por el extraño estilo del que hacía gala, tan inapropiado en mí.

«Parece que mañana estaré en Sevilla sobre las dos». Tampoco era tan difícil.

«Parece que mañana estaré en Sevilla sobre las dos». Tampoco era tan difícil.

Efectivamente. La semana pasada me di el gustazo de hacer un viaje relámpago a Sevilla, coincidiendo con la Feria de Abril (en mayo) y del que nadie, salvo un par de personas muy concretas, tenía constancia. No puedo expresar la satisfacción que es presentarse en casa mis hermanos, con la maleta y la cara de otro tras el viaje, pero feliz y contento, y darles tal sorpresa. Incluso se me atragantaron algunas palabras. Fue realmente mágico. Lo mismo sucedió con mis amigos más cercanos. Es imposible sorprender a todo el mundo, y hay quien sabe leer muy bien entre líneas y se olía mi viaje, como Ana, a la que la gente tomó por loca y nadie creyó. ¡Llevabas razón, Ana, la llevabas!

En una semana casi no da tiempo a nada, la verdad. Sumando además los papeleos varios a resolver con los no siempre eficientes secretarios de de determinada secretaría, da como resultado poco tiempo para disfrutar. Debo hacer mención especial a una agradable secretaria que se mostró interesada por mis problemas burocráticos en todo momento; no así su jefa, a la que oía vociferar desde un rincón. La imagino como la madre de Gilbert Grape, anclada en su cubículo, con el poder que el conocimiento y el tiempo da, maltratando a sus súbditos y sin comprender que es una funcionaria del estado con la obligación de ayudar al ciudadano. Me arde la sangre ante la gente así.

Esto es lo que siento cada vez que tengo que enfrentarme con una funcionaria inepta

Esto es lo que siento cada vez que tengo que enfrentarme con una funcionaria inepta.

Pero no dejé que personas repugnantes me aguaran mis escasas vacaciones y me dispuse a olvidar a semejante engendro, al que por cierto nunca llegué a ver, y centrarme en mis pocos días de desconexión. Pese a que no soy muy feriante fui varios días a la feria, pude tomar chocolate con churros, montarme en una penosa atracción, ver amanecer de camino a casa y degustar cantidades ingentes de esa mezcla llamada rebujito. Aproveché también para caminar por las calles de Sevilla, ver la bella monstruosidad del Metropol Parasol y disfrutar de los fuegos artificiales del fin de la feria en la azotea de un bloque de pisos, bajo el cielo nocturno. Una gozada, pese al recorte en presupuesto.

Qué te gusta una feria, miarma...

Qué te gusta una feria, miarma...

Ha sido un viaje corto, muy corto. Me sabe a poco. Y pese a todo, la sensación que me llevo, aparte de que aun hay personas por ahí que tienen 5 minutos para reunirse y tomarse una cerveza conmigo, es un baño de realidad. De lo mal que está la cosa. Casi todos los que conozco de lo que un día fue mi grupo habitual de amigos está fuera de Sevilla o de España. Y el resto, los que aun no tienen trabajo, se lo están pensando muy seriamente. Es muy triste que una ciudad de la que te puedes enamorar tan fácilmente como lo es Sevilla tenga tan pocas opciones. Estaba bien para crecer, para vivir la universidad e incluso algunos años después. Pero claramente ahora no es un buen sitio donde encontrar trabajo o crecer profesionalmente. No da muchas alternativas. Por supuesto hay quien goza de la suerte de un trabajo en el que progresar y con cierta seguridad, pero no abunda.

«Vámonos, Sixto, ¡que me arranco!»

«Vámonos, Sixto, ¡que me arranco!»

Creo que debo quedarme en Canadá o al menos intentarlo. Quizás si me vuelvo habría opciones en España. No sé, Madrid o Barcelona. Pero voy a intentar quedarme a este lado del mundo, donde la nieve dura 5 meses y la gente es extraña. Voy a intentar entrar en un programa de doctorado, en Estudios Hispánicos, sí, pero haciendo cosas que me gustan y, sobre todo, en un ambiente de trabajo genial. Voy a intentar quedarme en Canadá, no sé por cuánto tiempo más, pero de momento es mi decisión. Por duro que suene es mejor que lo parece que hay por España. Quizás más tarde cambie de ciudad y de país, California siempre suena bien y tiene mejor clima. Amsterdam me pareció un buen sitio para pasar unos años. La verdadera Londres tampoco parece mal lugar aunque no tiene mucho mejor clima. Es complicado, supongo, pensar en el futuro cuando de lo único de lo que estoy seguro es de que debo intentar estar fuera de España. Al menos un tiempo más: el que pueda.

Y poco más, mi semana en España ha sido genial. Con sus más y con sus menos. Las personas cambiamos poco. A veces eso se agradece y otras no tanto. Pero es lo que hay. Por contra, la semana de vuelta ha sido más o menos tranquila. Una vuelta al ritmo infernal de trabajo y el agobio de no tener tiempo para acabar el máster y los inicios del papeleo para el doctorado. El infierno, vamos. A veces me pregunto porqué coño me meto en tantas cosas. Espe, que en el fondo es igual que yo para eso, me dice que no sabemos vivir de otra forma. Yo no lo sé, cada vez estoy más cansado de no tener tiempo para hacer nunca nada. No sé si vale la pena.

Y mientras escribo esto están de camino siete españoles, onubenses para más señas (alguno de adopción), a los que sólo les falta una hora para llegar a casa. Vienen de visita por Canadá y son todos amigos de Diego. Los pobres llegan cuando en esta ciudad está cayendo el puto diluvio universal. Ojalá que la cosa esté más tranquila. Toda la semana hizo, no buen tiempo, pero sí apacible, agradable. Ahora incluso se nos está encharcando el sótano. De verdad que que ciudad de los huevos. Y aun así me quiero quedar. Así estarán las cosas por allá.

En fin, me despido ya. Un abrazo a todos.

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7 comentarios leave one →
  1. Domingo, 15 mayo, 2011 10:24

    Ánimo Javi!

    Esos grandes esfuerzos se verán recompensados algún día, ya veras!

    Me alegró mucho verte por la feria aunque fueran unos minutos 🙂

    Un saludo.
    Manu.

    • Domingo, 15 mayo, 2011 10:54

      ¡Gracias, Manu! Eso espero yo también.

      Y sí, fue agradable veros 🙂

  2. Sergio permalink
    Domingo, 15 mayo, 2011 05:44

    La verdad que fue un visto y no visto tu visita, aunque el fin de semana que pasamos fue exprimido al máximo. Aunque siga pensando que Sevilla me tira demasiado, lo cierto es que mi prórroga durante un año en las Valencias ha caido como agua de mayo, y permanecer un año más “alejado” de Sevilla es totalmente beneficioso. Maldita ciudad!!!

    El estar agobiado es una constante en tu vida, es tu sino. Al final le sacas partido a todo lo que haces, chavalote.

    Un abrazo.

    • Domingo, 15 mayo, 2011 07:28

      Otro añito más en Valencia te va a venir de escándalo, seguro.

      Lo de sacarle partido está aun por ver. El tiempo pasa y las cosas se van haciendo conforme salen, con más inercia que decisión, supongo. Pero hay que intentarlo al menos.

      Un abrazo, pájaro, después de la despedida más insípida que recuerdo. No lo tomes a mal, no me fue fácil 🙂

  3. Sergio permalink
    Lunes, 16 mayo, 2011 06:53

    XDDDDDDDDD Don’t worry

  4. Lunes, 16 mayo, 2011 07:02

    Yo cuando leí que estabas en Sevilla ya fue demasiado tarde. Fue una pena, me gustaría haberte visto la cara (y también a Sisto, Manu y compañía, habría estado bien).

    • Lunes, 16 mayo, 2011 09:59

      Sí, Faidel. A mí también me hubiera gustado. Tristemente era demasiada gente en demasiado poco tiempo. Aunque si te digo la verdad, a ti prefiero verte ya fuera de Sevilla, no sé, en California o Amsterdam 😉

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