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La Danza Húngara

Martes, 7 junio, 2011

Esta semana ha sido un poco rutinaria, aunque contaba con el aliciente de que mi jefe estaba de viaje por España y, bueno, por muy buenos que sean tus jefes siempre se trabaja más relajado si ellos no están en el despacho de al lado. Me he dedicado a repasar algunas cosas para el congreso de Budapest y algunas tareas de diseño, tanto de aplicaciones como gráfico, que no es que estas últimas me entusiasmen, pero de momento no tenemos nada mejor. Y así, sin pena ni gloria, ha pasado mi semana. También intenté sin éxito empezar y terminar uno de los miles de proyectos finales que tengo que hacer para el máster, algo en una metodología llamada CommonKADS para crear sistemas basados en conocimiento (KBS de sus siglas en inglés). Es un horror, terrible. No me entero de nada y cada paso va acompañado de dos más hacia atrás y de un dolor de cabeza. No sé qué voy a hacer, este máster me lleva por la calle de la amargura. Es una pena que en España tengamos que elegir las asignaturas casi por el título. En la UWO, por ejemplo, uno se matricula del curso y puede ir a las que quiera hasta 3 semanas antes de decidir cuáles seguirá finalmente. Mucho más justo, claro, pero a un precio de matrícula inalcanzable, de ahí la típica mierda de las películas de ahorrar para que Amy pueda ir a la universidad.

Otra de esas cosas que se ven también mucho en las películas yankis es hacer una candela en el bosque con los amigos, acampados con sus tiendas, y contar historias de miedo alrededor del fuego mientras comen una cosa blanca pinchada en un palo que queman en la fogatilla. Pues si cambiamos el bosque por el jardín trasero de Mohammed, las tiendas por unas sillas decrépitas y unos pocos ladrillos, y las historias de terror por peroratas de pseudo-borrachos, es exactamente lo que hice el viernes. Mohammed nos convocó a una barbacoa que, tras la ingesta de comida –que por cierto ya soy incapaz de zampar como antes, la edad que no perdona, supongo–, acabó en candelita de gitanos charlando alrededor del fuego. Lo mejor, creo, fue que fui con Camelia a comprar esas cosas blancas de las películas y ponerlas a fundir. Durante toda mi vida había pensado que esas cosas estaban hechas de queso. Pero no, son malvaviscos, nubes de chuchería. Vamos, esponjitas de toda la puta vida, sólo que sin la parte rosada que solemos ver en la península. Recuerdo que mi hermana las quemaba con un mechero y se las comía. Yo la miraba extrañado pensando que qué cosa tan rara, con lo buena que estaban recién sacadas del congelador, tal y como las vendía la «pestes», que era la dueña del segundo kiosko más nauseabundo y deplorable que jamás haya existido en el barrio que me crié. Además de las demandas esponjitas congeladas, vendía chicharitos de los rellenos de gominola. Una vez, con mi mejor amigo de entonces, compramos 200Pts de chicharitos, lo que al cambio eran dos bolsones gigantescos que nos acabamos de una sentada mientras veíamos Terminator II. Acabamos malos, obviamente.

«Candeeeela, candeeeela. Como cruje la candela, a la lú de lah estrellaaa»

«Candeeeela, candeeeela. Como cruje la candela, a la lú de lah estrellaaa»

Pero bueno, el caso es que las esponjitas esas de los americanos, pinchadas en un palo y puestas al fuego también están buenas la verdad. Por desgracia no me pude quedar mucho tiempo ya que a la mañana siguiente tenía un largo viaje: London → Toronto → Amsterdam → Budapest, para asistir al congreso sobre Arte, Humanidades y Redes Complejas al que nos aceptaron un articulillo. El viaje fue pesado aunque reconozco que la compañía KLM es de las mejores en las que he viajado hasta ahora, la verdad.

La llegada a Budapest fue algo insípida, como regresar a una vieja tierra conocida. Da esa sensación de querer ser una ciudad europea y desmarcarse de su pasado soviético pero sin estar del todo segura de cómo hacerlo. De cualquier manera, pasear por sus calles y contemplar la belleza de sus edificios históricos es una gozada. Parece una ciudad muy cómoda para vivir una temporada.

De profesión: chófer de carricoche. Tendría que probar yo alguna vez.

De profesión: chófer de carricoche. Tendría que probar yo alguna vez.

Aun no he hecho mucho turismo, y es que he venido a trabajar, aunque mañana está prevista la llegada de Sergio, que también se viene a Budapest. Así que yo me pedí unos días de vacaciones para que podamos vernos y hacer algo de turismo. Estoy muy ilusionado porque la última vez que estuve en Sevilla apenas lo vi un día y desde hace mucho tenía un viaje pendiente con él. Espero que con este se me quite el gusanillo.

Y poco más, para cuando estéis leyendo esto, todo o casi todo el congreso habrá pasado y Sergio estará sobrevolando Europa para reunirse conmigo. Espero que estas mini vacaciones estén todo lo bien que yo espero. ¡Un saludo!

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One Comment leave one →
  1. Mirian permalink
    Miércoles, 8 junio, 2011 06:54

    Es que soy una visionaria, maldita sea!!!

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