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Las bicicletas son para el verano

Lunes, 18 julio, 2011


(Dejad las calles vacías por mí…)

No es que pretenda comparar mi situación a la vivida por los personajes encarnados por Victoria Abril o Gabino Diego en la cinta de nombre homónimo a esta entrada y que, para su desgracia, transcurre durante la Guerra Civil Española. Ni mucho menos. Es sólo que éste es uno de los peores veranos que recuerdo en mi vida. Lejos de ser asfixiante o agobiante por un calor sin tregua, el verano canadiense es una suerte de paraíso bucólico, campos verdes, días soleados, nostalgia y vida. Sobre todo vida. Es la única época del año en que he visto las aceras atestadas de gente paseando y ocupando las terrazas que emergen de un día para otro en una explosión de nocturnidad tras la ansiada marcha definitiva del frío. Todo invita a estar fuera de casa: la temperatura es de los más agradable, las noches son una gozada y encima cada fin de semana hay algo que hacer. Hace unas semanas fue el Día de Canadá, a la siguiente el Festival del Bacon, la pasada el Sunfest, esta semana el Home County Folk Festival, la que viene el de las costillas y así casi todo el verano. Además parece que el gentío se ha vuelto loco y toda la muchachada sale a darle todo como si no hubiera mañana. En parte lo entiendo, se pasan casi todo el año encerrados en sus putas casas nevadas. Pero no todo es bueno: los cogíos de la vida también proliferan. Los típicos pasaos hechos polvo que te balbucean expresiones ininteligibles, te piden dinero y se dedican a armar jaleo. A los pobres desgraciados también les gusta el verano.

Nosotros preparamos una barbacoa en el jardín del vecino. Un buen día Brad, medio borracho, me dijo que no podía pasarme los días y los días estudiando sin salir, que mañana nos íbamos a la playa (a lo que ellos llaman playa) y al día siguiente haríamos un barbacoa. Me disculpé diciéndole que ese fin de semana me era imposible. Aun así él hizo su propia celebración habitual con candela incluida. Para relajarme un poco fui a tomarme una birra con él. Me llevó a la parte de su jardín donde hace las fogatas. Nuestros jardines son tremendamente salvajes e incluso cuesta atraversarlos de punta a punta dada la cantidad de vegetación. Eso fue lo especial, estar en medio de la ciudad pero a la vez en medio del campo. A penas podía oírse el trasiego de la carretera colindante con las ascuas del fuego. El pobre me confesó que era de los pocos momentos que se guardaba para sí, que era la única forma que le quedaba de recordar su infancia en la granja y que sus amigos no podían entenderlo. No supe qué contestar. Me sentía de algún modo privilegiado por haber sido partícipe de su secreto. Me pareció un gesto muy bonito por su parte. Pero a la vez me dio un poco de pena, pues me hizo pensar que siente muy sólo, aunque no sé si será así. Acto seguido, mi cerebro de perturbado pensó que el canadiense estaba urdiendo un plan para asesinarme allí mismo, en la inmensidad de su jardín, y echarme al fuego. Así que aproveché la llamada de Espe para salir medio corriendo sin que se notara que huía de un intento de homicidio. No sé porqué se me ocurren esas cosas, la verdad.

SPARTAN-117 de HALO en Ontario (Foto: María Jaraba).

SPARTAN-117 de HALO en Ontario (Foto: María Jaraba).

Pero así son las cosas y aquí estoy yo ahora, encerrado en mi habitación en la deliciosa tarde de este domingo perfecto. Estudiando como un idiota. Cuesta horrores ponerse delante de un libro, y cuesta una vida entera concentrarse en lo mismo por más de una hora. No sé si será la televisión que ya no veo, Internet o la vejez, pero tengo la capacidad de concentración de una ameba y de cada hora que paso intentando ser productivo sólo es efectiva un 1% o un 2%. Terrible. Para colmo voy contrarreloj, ya que no sólo tengo que terminar los trabajos de las 3 asignaturas que me quedan sino además escribir y presentar el proyecto fin de máster. Confieso que tras las últimas semanas de enclaustramiento ya tengo dos de ellas prácticamente superadas, así que me quedan el proyecto y mi calvario personal con CLIPS y CommonKADS. Tengo intención de extender uno de los trabajos de las asignaturas, en concreto el que estoy terminando para Programación Lógica considerando lógicas temporales (muy chulo, pero me sangran los oídos cuando tengo que resolver las proposiciones), y presentarlo para el final del máster. Espero poder llegar a tiempo y que el trabajo tenga la suficiente entidad como para que lo consideren válido y me quite ya este infierno de encima.

A todo esto ya he sido admitido en el programa de doctorado de la universidad, pero con el condicional de terminarlo todo en Sevilla antes del 1 de Septiembre. Fue muy divertido cuando le conté a la persona que lleva las matriculaciones que allí el 1 de Septiembre ni ha empezado la evaluación, no digamos ya las actas. Así que ahora estoy un poco jodido porque apruebe o no en Sevilla dependo del alma caritativa del personal de la universidad para que me permitan presentar mis certificados de notas un poco más tarde de lo habitual. Lo bueno del asunto, si es que tiene algo bueno, es que el trámite para el visado ya está en marcha, con lo que espero que no me echen del país el 31 de agosto (cuando mi permiso de trabajo termina) y tenga que mendigar como ilegal por Estados Unidos, lo que me faltaba ya. Pero sí es cierto que si no se arregla todo en un alarde de sincronismo universal no sé qué coño voy a hacer. De momento, por mi parte, estoy haciendo todo lo que en alguna manera está en mi mano y depende. Lo demás ya se verá. Así que, amigos y amigas, recen por mí y pónganme en sus plegarias, ya sean católicos, musulmanes o practicantes del culto a Cthulhu.

Eso es lo que me espera si no me saco el máster.

Eso es lo que me espera si no me saco el máster.

Otra noticia de esas que minan el ánimo es que había planeado un viaje a Sevilla para julio, pero un viaje de trabajo. Con lo que podría viajar a mi ciudad en veranito y de valdre. Pero se jodió el invento y la reunión se canceló. Con lo que ahora cuento con que de repente surja la oferta del fin de los días en lastminute y similares para poder ver este verano a mi familia y los pocos amigos que aun siguen en la capital (que menuda evasión ha sufrido el grupo) y disfrutar de al menos un día de playita y quitarme este color a bidé que tengo. Estaría genial encontrar un vuelo de puta madre justo para el rango de fechas del Creamfields. Por soñar que no quede 😥

Supongo que siempre hay gente que está pero que tú.

Supongo que siempre hay gente que está pero que tú.

Por fortuna ahora se puede salir en bicicleta. Como algunos ya saben adoro ir en bicicleta, lo hago desde que tuve la oportunidad de reventar todas mis BH’s de paseo y, posteriormente, la flamante Motoreta azul de mi hermano mayor, algo que no me perdonará en la vida, yo lo sé, aunque me comprara con mi madre la que fue mi bicicleta predilecta al acabar el instituto como uno de los mejores regalos que recuerdo y, quizás, el único obsequio material que jamás haya tenido por sacar (hasta entonces) buenas notas. Le tenía mucho cariño a esa bicicleta con su cuadro cromado, y la mimaba mucho. Pero un desalmado hijo de puta me la robó un bien día cuando aun vivía en La Alameda. Desde entonces no he vuelto a tener una bici que pueda llamar mía. Ni siquiera ahora. La que le compré al gitano canadiense va cada vez peor y ahora el manillar se ha aflojado y no hay quién encuentre la puta llave allen correcta para apretarlo. Por suerte aquí también está la que en su día utilizó el Prof. Sancho Caparrini y que Diego tuvo a bien arreglar por si llegaba a usar. Como no lo hizo yo me hago cargo de cuidarla mientras no la necesita. Ése es el único suspiro de escapatoria que me quedan estos días y que voy a tener hasta que termine agosto. Mientras paseo en bici es como si todo se desvaneciera y lo único importante fuese mantenerme en movimiento. Da igual a dónde me dirija. Ver cómo los niños juegan al béisbol o cómo el nefasto equipo de fútbol femenino convoca partidos de entrenamiento, o cómo los más pequeños se divierten en las fuentes acuáticas de los parques públicos da una idea de lo nostálgico que es aquí el verano. Pero parece que nadie puede percibirlo. Me siento como un observador privilegiado que contempla los momentos mágicos de la vida de estos extraños, sin que ellos lo sepan, sin que puedan advertirlo. Las bicicletas son para el verano, al menos aquí, cobra un sentido trascendental que no esperaba descubrir.

Y se acabó, sirva esta perorata como mis desahogo personal de una etapa chunga en la que ya me estoy arrepintiendo de haber perdido tiempo en escribir mientras debería estar estudiando. Qué jodido es sentirse culpable por no hacer lo que debería. El estudio programado es un mal a erradicar. Algo no funciona tal y como está concebido.

Disfrutad del verano, que sólo es una vez al año.

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9 comentarios leave one →
  1. Lunes, 18 julio, 2011 09:35

    Espero que tanto estudio te salga a cuenta, porque la sensación que dan tus posts es que no paras. Yo terminé tan cansado de facultad que pensar en volver a la enseñanza reglada me da urticaria.

    Menudo personaje más pintoresco parece ser tu vecino, yo me lo imagino como un tío raro, excéntrico y solitario. Habría estado bien una foto del patio-bosque. 😉

    Cuidate, a ver si tienes suerte y vienes unos día para acá y podemos vernos.

    • Lunes, 18 julio, 2011 11:18

      Yo también lo espero Fidel, está siendo un año muy loco y necesito por un lado algunos días de esparcimiento, aunque sólo sea cambiar de aires, y por otro que el año entrante esté más tranquilo.

      A ver si grabo un pequeño vídeo de lo que es atravesar mi jardín, que varios órdenes de magnitud menos frondoso que el de mi vecino 🙂

  2. jesus permalink
    Lunes, 18 julio, 2011 10:32

    Desconectar un rato para volver a ser producente es algo que tambien hay que hacer asi que no te culpes, llevas una vida muy ocupada y es normal que sientas el tener que perder el tiempo en algo improductivo (aunque no creo que escribir esto lo sea).

    Para mi este verano tb va aser muy raro, apenas he visto a nadie con el campamento y en 2 semanas me estoy largando, ademas no puedo usar dinero en hacer algo con la peña antes de irme por lo que, cuando me quiera dar cuenta, ya me habre despedido de todos y estare en un lugar donde no se como me voy a comunicar, la verdad que tengo miedo de todo y me da mucha pena perderme el cream de este año y, si vienes, el no poder verte.

    • Lunes, 18 julio, 2011 11:21

      El miedo es una reacción lógica en tu situación. Por triste que parezca, ya que implica que somos muchos los que estamos fuera, bastante de los que conoces hemos pasado ya por eso. Sabes que no va a ser un camino de rosas, que lo pasarás mal, que te querrás volver (imagino que la tentación de regresar es más grande cuando el vuelo de vuelta cuesta 40€ y no $600).

      Lo que me da realmente pena es que si consigo ir unos días serán en agosto, por lo que no podré despedirme de vosotros y la siguiente vez que os vea será ya en diciembre por Navidades, todos volvemos a casa por Navidad. Fíjate qué cosas que al final sí va a resultar especial la Navidad, al menos para los emigrantes.

      Así que lo toca ahora ya lo sabes, apretar el culo y que sea lo que Dios quiera.

      Un abrazo.

    • Ana permalink
      Lunes, 18 julio, 2011 12:00

      Siempre podemos comunicarnos por mímica:

      • Lunes, 18 julio, 2011 01:00

        Mataría a todos los mimos del planeta.

      • Ana permalink
        Lunes, 18 julio, 2011 01:30

        Te pega tanto ser mimo jajajjajaaaaaaaaaaaaaaaa XDD

  3. jesus permalink
    Lunes, 18 julio, 2011 11:30

    Apretarlo…o dilatarlo segun lo que me ofrezcan 🙂 A ver como sale todo, poco a poco la edad avanza y cada uno va por su lado, es triste pero es ley de vida. Te echo de menos, un abrazo

  4. Sergio permalink
    Lunes, 25 julio, 2011 04:03

    Me has matado…necesito verte ya… 😦 Espero que sea pronto. Un abrazo.

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