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La amistad adulta

Martes, 11 octubre, 2011


(Una de las canciones que sonó en nuestra celebración de Thanksgiving)

Este fin de semana ha sido, de nuevo, el Día de Acción de Gracias. No os voy a contar otra vez la historia de porqué en Canadá se hace en una fecha distinta al resto del mundo, ni porqué conmemora más bien la recolecta de viandas para el invierno. No. La cosa se repite y deja de tener gracia. El primer año todo es nuevo, las fiestas, las celebraciones, los días de vacaciones especiales. El segundo ya no. Este país no destaca precisamente por la cantidad de días festivos, así que aquí la gente vive los pocos que tienen con mucho entusiasmo. Nuestros nuevos vecinos, muy lejos de nuestro viejo amigo Brad, son una pareja joven con una niña pequeña que suele dar paseos en una entrañable y pequeña bicicleta de madera bajo la supervisión continua de su madre que la sigue allá y donde va, y la aprobación de su padre que la mira embobado desde el porche de la entrada principal de su casa mientras sonríe, asiente con la cabeza y nos dedica un happy Thanksgiving. Mientras tanto, yo no puedo evitar mirar al suelo donde un día antes el afable perro de Espe había meado unos 5 litros y dejado una perfecta y repugnante mancha justo en el camino que une la acera con la puerta de la casa de los vecinos. Sin que se me note mucho, también les deseo un feliz Día de Acción de Gracias, sonrío y sigo mi camino. Parecen una pareja agradable. Ella se nos presentó dándonos la mano y él creo que también, aunque menos efusivamente y en otra ocasión. Siempre pienso que estos canadienses no son trigo limpio, que esconden algo, que son falsos, que te critican y se burlan de ti a tus espaldas. No sé a qué se debe. Desde que tenemos los canales de televisión y paso algún rato al día viendo alguna estupidez norteamericana, me doy más cuenta de que algo falla en su sociedad, no es que la española, precisamente, sea el ejemplo a seguir. La tele es aun peor que en España, siento tener que comparar pero es inevitable. Los concursos como El Precio Justo, Quién Quiere Ser Millionario o La Ruleta de la Fortuna nos presentan a unos ciudadanos un poco tocados, super estimulados y emocionados, entregadísimos en su papel de mercancía. Es todo tan artificial como os imagináis. Por suerte siempre quedan algunas series, que son un resquicio de que aun producen cosas de una alta calidad.

Jardín listo para la celebración

Jardín listo para la celebración

Supongo que será el Otoño, la caída de las hojas, el precio de los vuelos para ir a Sevilla en Navidad o la inminente llegada del frío de verdad, pero con el clima el ánimo se resiente. Y eso que todo este puente (ayer fue fiesta) hemos tenido temperaturas increíbles y días soleados de principio a fin. El tiempo pasa rápido, casi sin que puedas advertirlo. La emoción de las cosas nuevas queda atrás y cada vez hay menos que contar. O quizás es sólo cuestión de ganas. Sí, es cierto que podría contar que estoy yendo a una clase impartida en la Facultad de Historia y que consiste básicamente en charlas sobre las lecturas que se mandan esa semana. Podría contaros que es un poco frustrante no poder participar por no tener, un año después, la suficiente fluidez con el idioma. Pero en realidad uno se cansa de hablar siempre de lo mismo. Cuando ya no es novedad, ya no interesa. Quizás debería dejar de escribir este blog, o al menos hacerlo menos regularmente, todo sea en aras de no repetirme y aburrirme hasta a mí mismo. Quizás no.

Dra. Peña con la Copa de los Doctores, Élika y Espe

Dra. Peña con la Copa de los Doctores, Élika y Espe.

El viernes una compañera del laboratorio defendió su tesis doctoral y terminó su PhD. Lo celebramos por el centro de la ciudad más o menos tranquilamente. Al día siguiente hicimos una pequeña fiestecilla de Acción de Gracias con otros tantos conocidos de la universidad. Lo pasamos bien y, sobretodo, comimos como animales. Cada cuál trajo comida de su tierra, y así nos encajamos con pokora, mole, tortillas de patatas, albóndigas, paella, etc. Todo buenísimo. Qué delicia de cena. Luego llegaron las copas, las charlas de la vida y los bailes. Lo pasamos bien. Había caras nuevas respecto al año pasado, pero también otros que ya se han marchado. Eso siempre te deja la sensación que de esto es sólo un sitio de paso, te persuade de echar de raíces, de plantearte un futuro. Te hace sentir en una sala de espera a expensas de que digan tu nombre y entonces salir de verdad al ruedo. Es extraño. Aun no me he planteado qué quiero hacer después y ya empiezo a sentirme agobiado. Para cuando salga de aquí no tendré ya precisamente la edad idónea para ser contratado en ningún sitio. Nunca me ha faltado el trabajo, de hecho, hasta hoy, más bien no he tenido que buscarlo mucho. Pero para mis futuros 32 años no sé si seguiré en la misma situación y será igual de fácil encontrar sitios prometedores donde trabajar con proyectos chulos en los que participar.

Comidaca y yo, cual ratalimaña, surtiéndome un buen plato.

Comidaca y yo, cual ratalimaña, surtiéndome un buen plato.

Quizás es sólo que queda realmente poco para que llegue el invierno. El ocre es ya la norma, las noches son gélidas y las hojas ocultan el suelo –sobre todo en nuestro jardín delantero y que, por cierto, estamos obligados a recoger. Si hace un año pensaba en lo extraño de los canadienses, sus comportamientos extremos, sus extravagancias, y sus raras formas de actuar, este año creo que me estoy convirtiendo en uno de ellos. Ahora lo veo todo más claro. No es el país, la ciudad o la gente. Es el clima. Es el puto clima el que moldea cómo somos a niveles que siquiera podemos percibir. Está un poco más allá de nuestra personalidad. Espero resistirlo, porque todo apunta a que el invierno va a ser largo. Si no, fíjense que aun faltan como dos meses para las primeras nieves y ya no puedo para de pensar en el infierno de esa mierda blanca.

El otro día, sentado en el jardín tranquilamente relajado y charlando con Espe, me di cuenta de verdad de que sólo nos tenemos el uno al otro. Es algo que ya nos habíamos dicho pero que no había sentido así hasta ese momento. Aquí no tengo, digamos, lo que solía llamar amigos. Es distinto. Funciona de otra manera. Será la vida adulta, la insoportable quietud de la convivencia marital y sus efectos secundarios en el espacio reservado para uno mismo. Las amistades adultas creo que no son lo mío, pero por otro lado me rehúso a conocer a gente nueva, incluso cuando parecen valer la pena. No estoy dispuesto. Solía pensar que un amigo es a quién puedes contarle tus problemas y de quién siempre es bien recibido un consejo. Por su parte, ellos hacen lo mismo contigo. En este país eso no sucede nunca. No es que a mí me importe una mierda lo que le pase a los demás ni a los demás les importe un carajo lo que me pase a mí, que puede ser. A veces te interesas por alguien o alguien se interesa por ti, pero en el fondo cada uno va a lo suyo, todos tienen cosas más importantes en que pensar. ¿Es eso egoísmo? ¿Falsedad? ¿Hipocresía? ¿Evolución? Quizás sea un mecanismo evolutivo de la Naturaleza para forzarnos a crear núcleos familiares. Por supuesto, siempre hay alguien que vale la pena y que se salva de toda esta monserga. Echo mucho de menos contarle mis penas, mis dudas y mis problemas de pacotilla a ciertas personas y escuchar sus puntos de vista. Realmente es una parte de mi vida que extraño mucho.

Creo que voy necesitando viajar, lo que es definitivamente mi única cura. Voy a enviar una presentación al que quizás sea el congreso más importante del mundo en Humanidades Digitales. Este año se celebra en Hamburgo, a mediados de junio. Si todo sale bien y me lo aceptan, lo que es difícil dada la alta competencia, pienso aprovechar el destino para visitar Berlín y quién sabe si alguna otra parte de Europa también. Pero aun es pronto para decidir. Lo primero es ver si finalmente iremos a Sevilla en Navidad, que con los precios de los vuelos por encima de los 800€ uno se plantea otras alternativas, como viajar a alguna parte de Canadá o Sudamérica y pasar allí el año nuevo, ya sea con vistas nevadas o en la playa. Cruzar el charco es muy caro y si cada vez que tengo algo ahorrado lo gasto en ir para allá, nunca voy a volver a viajar a otro lugar. Seguiré dándole vueltas…

Preparémonos para ver nevar.

Preparémonos para ver nevar.

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16 comentarios leave one →
  1. Espe permalink
    Martes, 11 octubre, 2011 10:32

    (})

  2. Ana permalink
    Martes, 11 octubre, 2011 11:25

    Ajajjajajjajaaaaaaaa fans de la cara del gatete amargado mirando por la ventana XD, me veo reflejada en el. Ains amigo, creo que ciertamente, el tiempo nos influye, nos dejamos llevar por el amargor, el frio y la soledad. Ya no es fácil hacer amistades, los círculos están ya, cada vez mas cerrados y las personas se vuelven cada vez mas independientes, por lo que supongo no se llegan a estrechar lazos. Comprendo y siento como mio, tu estado de animo, yo tampoco me veo viviendo aquí mas de un año. También veo a la gente loca y algo inestable. No tener amigos de los de siempre, para poder hablar y desahogarse se nota mucho y nos amarga. El descojonarte con un un colega mientras te bebes un botellin, el ver triviales tus problemas al soltarlos y sentirte arropado por los tuyos es importanterrimo. Somos personas sociables dentro de nuestro hábitat, es fácil serlo.
    Sentirse solo y que, nada mas que tienes a tu pareja como único apoyo es extraño.
    ¡¡Animo amigo (usted también estará harto de esto), dentro de nada, nos reuniremos todos en la Tabernita y nos contaremos la vida mientras reímos y lloramos a la vez!!

    • Martes, 11 octubre, 2011 04:57

      Sí, oiga. Es complicado. Creo que eso, poco a poco, va enrareciendo el carácter, no sólo el que muestra a los demás, si no el que te reservas para ti porque, al fin y al cabo, aunque sólo puedas contar con una persona, tienes que reservarte algo para ti. No sé. Es una mierda.

      Qué ganas de veros en persona. No sabes la pena que me da no veros en Navidad, porque entonces sí que va a pasar tiempo hasta que coincidamos. Ya hace más de 6 meses y pasarán otros 6 más como mínimo.

      ¡Un abrazo!

  3. Guillermo permalink
    Martes, 11 octubre, 2011 12:08

    Buenas,

    Casi me da palo entrometerme en este momento cyberabrazo intimo…

    La foto del fat cat contemplativo… Pero que genialidad es esa¿?¿?¿ ajjajajajaj

    Como diría la célebre frase de la saga de moda… “Se acerca el invierno…”

    • Martes, 11 octubre, 2011 04:42

      Ajajjajjajajaaaaaaaaa soy fans de los cybertabrazos, ¡¡Guiillermo, te mando otro mu gordo desde Ingaterra!! jajjajaa.

      • Guillermo permalink
        Sábado, 29 octubre, 2011 11:19

        Otro para ti guapetona!!! ({) Y para ti Javi, que estas mas abajo!!! (})

    • Martes, 11 octubre, 2011 04:58

      XD No te preocupes Guille, sabes que ya superé mi fobia al contacto físico, ¡venga esos abrazos!

  4. Miércoles, 12 octubre, 2011 12:49

    Me cago en la puta Javi, llevo unas dos semanas exactamente con estas mismas reflexiones, te lo juro, me refiero a la amistad adulta y el hecho de conocer gente nueva y a donde llegara esta amistad y esas mismas preguntas se me han planteado en mi cabeza. Siempre tenemos algo mas “importante” que hacer que escuchar a otros como ver tranquilo en casa esa repulsiva tele que, desgraciadamente, la pintas exactamente igual que es aqui y que dentro de no mucho sera igual en España.

    Solo puedo decirte que animo y que ahora te comprendo aun mas que antes.

    • Lunes, 17 octubre, 2011 11:11

      Gracias, Jesús. Esos días chungos que a veces nos dan son un poco más chungos cuando estás fuera de lo que siempre ha sido tu sitio.

      Un abrazo.

  5. Sergio permalink
    Lunes, 17 octubre, 2011 12:19

    Que pasa don Javier, yo me voy a quedar con una parte de tu entrada. Parece que has hablado por boca mía, en cuanto a las relaciones de amistad adultas, otra de tantos temas que hemos hablado. Creo que hay tantos factores que se nos escapan de las manos. Por mi parte es lo que tú dices, te sientes un poco reacio al establecimiento de nuevos contactos, cuando intentas establecer un poco más de ese contacto, ves que no sirve de mucho, puesto que esa otra persona tiene su otra vida y es más complicado ahondar en ella, y por una parte la desidia y por otra el ver que eso no prolifera te deja en un estado un tanto dubitativo, vas a tientas. En la adultez es ya más complicado encontrarte con alguien que te deslumbre de alguna manera y al cual le puedas contar tus intimidades y no creo que sea ni egoismo, ni falsedad ni hipocresía, sino simplememente tiempo. Yo también echo de menos todo eso de no tener a quien contarle tus penas y alegrías, te lo que tienes que tragar tú solito.

    En fin Javi, espero que el invierno no sea muy crudérrimo, solo espero que se baje para Navidades aunque por lo que leo lo veo complicado. ¡¡Un abrazo!!

    • Martes, 18 octubre, 2011 12:00

      Lo raro, Sergio, lo realmente raro es que nunca había escuchado a nadie hablar sobre ello. Tengo dos hermanos mayores y jamás ninguno había mencionado una cosa así. Algo que yo empezaba a vislumbrar hace algunos años.

      Es curioso como esta entrada ha hecho pensar a algunas personas, sobre todo las que rondamos una cierta edad, y estoy aun asombrado de algunos correos que he recibido. No es que la escribiese en estado depresivo, sí es cierto que andaba bajo de ánimo, pero es algo a lo que dedico mucha reflexión. Curioso, cuanto menos, que la sensación sea generalizada.

      Lo de las Navidades en Sevilla se pone cada vez más complicado. Sigo mirando vuelos, pero por esos precios me sale más a cuenta ir a visitar New York o incluso San Francisco. Te animo a que te vengas 😛

      Un abrazo.

      • Sergio permalink
        Miércoles, 19 octubre, 2011 01:54

        Me encantaría ir a uno de esos lugares sobre todo San Francisco, es tan solo uno de los tres lugares (me refiero a ciudad o urbe) por los que viajaría a los USA (junto a NY y Nueva Orleans). Aunque a mi me encantaría más que vinieses para acá, jejejejejeje.

  6. Mirian permalink
    Martes, 25 octubre, 2011 06:34

    Bueno niñato, por alusiones te contestaré…:)
    Hasta hace bien poco, yo no tenía esa concepción de la amistad adulta, porque siempre he iso bastante confiada, más de lo que debería.
    Pero cada vez me cuesta más trabajo creer en la verdadera amistad, ya sea adulta, ya sea desde siempre..lo siento, pero es así como pienso; realmente nos implicamos como debemos con los demás?realmente les deseamos a los demás lo mejor? y nos lo desean a nosotros?
    Tengo mis dudas. Al final, estamos solos, por mucho miedo que nos de, solo con nuestros pensamientos,nuestras dudas y nuestras miserias.
    Un beso muy fuerte.

    • Martes, 25 octubre, 2011 04:25

      Pues sí, estamos solos, tan crudo como cierto. Por eso es tan importante intentar tener cerca (metafóricamente hablando) a aquellos que se interesan de verdad por uno, para que al menos el camino no sea tan triste.

      Un abrazo, Niñatas.

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