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A Perú con Machu Picchu

Jueves, 19 enero, 2012


(El Humahuaqueño, banda sonora omnipresente en el viaje)

Siento la tardanza. Acostumbrarme de nuevo al ritmo de la vida universitaria y laboral no ha sido fácil. Máxime teniendo en cuenta la cantidad de trabajo por hacer en este semestre, cuatrimestre, term o como lo queráis llamar. Tengo algunas asignaturas nuevas que me llevan de cabeza, más otras dos que arrastro como anuales. En resumen, que la vuelta al cole está siendo más dura de lo esperado y hasta hoy no había tenido tiempo de sentarme con pseudo-tranquilidad a escribir.

El caso es que por fin lo hice. Visité el Machu Picchu, el Monte Viejo de los Incas, su ciudadela de recreo en ruinas, y el Huaynapicchu, el Monte Joven, que casi hay escalar y cuya bajada es de vértigo. Visité las islas flotantes construidas con totora (juncos), la isla Taquile y sus azules espectaculares en el Lago Titicaca. Y la ciudad del Cusco, tranquila, sosegada, sin que nada haga percibir el esplendoroso pasado imperial que la precede. Pero vayamos por partes.

Lo primero fue el final del año 2011. Lo pasamos en casa con Gonzalo y su mujer, comimos bien, tomamos las uvas a las 6 de la tarde para no dejar de sentirnos en armonía con lo español –incluso felicité y llamé a todos a la hora pertinente, como debe ser. Claro, hecho todo esto, cuando llegó la hora de la medianoche canadiense era como si estuviésemos en un tiempo prestado, una nueva Nochevieja. Nos acercamos a Victoria Park para ver cómo era de eso de la cuenta atrás. Y fue tan triste como cualquier otra celebración en esta ciudad. Aunque curioso el estar ahí. Había un buen montón de gente y el clima ayudó bastante a ello. Dispusieron una banda de feria de pueblo para animar el cotarro y llegado el momento culmen de la noche todos los asistentes, sobre la pista de patinaje sobre hielo reconvertida en aforo para el público asistente, comenzamos –yo incluido– a contar hacia atrás en inglés, desde el 10 o así, no recuerdo bien. ¿Habéis probado alguna vez a contar hacia atrás en inglés? Yo no dí ni una. Llegado el cero es tradición besar a alguien, no al estilo español, cordial y con cariño, sino algo un poco más sensual, en busca quizás del triunfo de la noche. Al fin y al cabo es el momento cumbre del año. Eso sí, terminada la celebración los tristes y efímeros fuegos artificiales y el confeti de pacotilla, todos a recoger que esto se ha acabado. Lo normal es, en realidad, pasar la noche desde bien temprano en algún club, bar o discoteca y recibir el año allí, embriagados y contentos. Quisimos entrar en un bar, para ver cómo era el ambiente, pero al contrario que el caso español dónde la fiesta empieza pasada la medianoche, en Canadá parece que es el momento en que se acaba. No hay tradición familiar de pasar la Nochevieja y recibir el Año Nuevo con los tuyos. No existe ese calor. Costumbres distintas, será. Pero estuvo divertido.


(La cuenta atrás super divertida de London, Ontario…)

Lo malo vino cuando salimos del bar en que entramos, Joe Kool’s para no perder la costumbre, y una vez en casa intentamos localizar un taxi. Muy listos fuimos, pues habiendo de salir para el aeropuerto la última noche del año, e incluso siendo conscientes de que la diversión en Canadá se termina a las 2 de la madrugada, no recuerdo muy bien qué nos pasó que casi nos quedamos en tierra. Desesperados de llamar sin éxito a compañías de taxis, decidimos salir a la calle a ver si alguno pasaba y nos paraba, maletas a cuestas y apurando hasta el último segundo. Por fin un taxi se apiadó de nosotros. Nunca sabré si era el que debía ir a nuestra casa o fue simplemente una casualidad. En el trayecto del taxi llamamos a la compañía de autobuses para que nos esperara unos minutos más. Y llegamos, cuando ya todos estaban montados en el shuttle para el aeropuerto de Toronto, e iba sorprendentemente lleno para ser el día y la hora que eran. A punto estuvimos de quedarnos en tierra, hubiera sido la risión perder todo el viaje, sí.

Pero salimos de Canadá. Y atrás quedarían por 11 días las obligaciones, las tareas, los agobios, las fechas de entrega, el clima de mierda –o eso creíamos–,  y todo lo demás. El viaje de ida, aunque sin contratiempos, fue un poco pesado e incómodo. Con escala en Miami y luego directo a Lima no podíamos imaginar que en realidad había sido un paseo si lo comparamos con el vuelo de regreso. Una vez en Lima, bastante cansados, nos vino a recoger al aeropuerto el servicio de taxis del hostal en que pasaríamos unas pocas horas de sueño antes de salir a Cuzco. Es bastante habitual que los hoteles y los hostales tengan o contraten servicios de taxis para que te recojan en el aeropuerto, puesto que no es nada fiable ir por tu cuenta y bien entrada la noche. Hemos escuchado historias de todo tipo, incluso de primera mano, que nos quitaron las ganas de aventurarnos en ese sentido e intentar ir sobre seguro. Aun así, cada viaje en taxi era un tiovivo de conversación amistosa y tensión chirriante cuando tomaba atajos poco acogedores. Durante el día quizás es más fiable, pero al caer la noche yo no recomendaría ir a ciegas y llamar siempre a servicios de taxis de empresas o particulares recomendados por locales o conocidos. O, en su defecto, los servicios de los mismos hostales, como el de nuestro hostal de la primera noche, Las Fresas. Como llegábamos sobre las 10 de la noche, 11 en realidad con el retraso, y habíamos de estar en el aeropuerto a eso de las 4:30 de la madrugada, decidimos reservar la habitación doble con baño compartido más barata en el hostal más cercano al aeropuerto. Pagamos por lo que tuvimos. Lima es inmensa e incluso el paseo más breve en el mapa se hace una caminata interesante a pie. El taxista, que por algún motivo me inspiró confianza, nos fue adentrando cada vez más en barrios chungos que más tarde descubriríamos son la tónica habitual en Lima. Cuando por fin llegamos al hostal, pese a la buena pinta inicial, aquello era decadencia y desolación puras. Con una decoración Navideña tan desangelada como vulgar, una sintonía digital de 8 notas luchaba por sobrevivir aferrándose a la escasa vida que le restaba a sus baterías. El resultado era una estampa bochornosa de bienvenida en la que no quisimos reparar mucho mientras, tras ver las cuatro paredes que no dejaban sino un dedo de aire entre los laterales de la cama, nos repetíamos una y otra vez el mantra de «es sólo por unas horas». Pero qué horas. Situada en un pasillo, nuestra habitación de tamaño ratonil no tenía ventanas ni casi espacio. Lo más a lo que llegaba era a un inseguro ventanal sin cierre ni pestillo que daba al pasillo por que le transcurrían otros inquilinos de la tal curiosa posada. La noche, en esa cama hecha de piedra y recubierta de plástico, presumo que para evitar manchas desagradables en colchón, pero que le conferían a cada movimiento un sonido inigualable, pasó por fin y pudimos salir de allí pitando para el aeropuerto. Sin embargo he de reconocer que el barrio en el que estaba situado, aunque a Espe no le pareciera muy de fiar, a mí me recordó al mío natal, con lo que yo no estuve del todo incómodo.


(La mejor música para recibirnos)

Cuzco nos esperaba. Ya en el aeropuerto nos encontramos por fin con Eva Bolívar, que tanto nos había ayudado a organizar el viaje y que nos acompañaría además al Machu Picchu. Trabajadora de la Biblioteca Nacional del Perú, la conocía cuando fui enviado allá para el proceso de audiotría que se llevó a cabo tras el escándalo de los libros antiguos robados dentro de la propia biblioteca. Conocía a algunas personas muy interesantes y Eva es una de ellas. Sin más contratiempos tomamos el avión comentando y revisando un poco el plan. Una de nuestras preocupaciones era, cómo no, el mal de altura, también conocido como soroche, y que hay que cuidar especialmente los primeros días. La recomendación oficial es, recién llegado al Cuzco, ir al hostal o echarte en la cama por 2 o 3 horas. No a dormir, pues puede ser incluso contraproducente (?); sólo estar acostado, descansando y dejando que tu cuerpo se habitúe a las alturas de casi 3.400 m. Después del descanso, un paseo tranquilo por el centro histórico, nada que requiera de mucho esfuerzo, comer algo ligero e intentar, ahora sí, dormir para estar listos el día siguiente bien temprano. Tonterías, nosotros llegamos como al mediodía y a las 2 de la tarde empezaba nuestro primer tour por la ciudad. De ahí todo era subir y andar hasta aproximadamente las 6 de la tarde. Encima apenas tomamos media pastilla de coramina glucosa y un té de coca, pensando que sería suficiente. Nos equivocamos. En mitad de las visitas a Espe le pegó fuerte el soroche, creo que fue visitando el Convento de Santo Domingo o Coricancha, y tuvo que ser incluso atendida en la enfermería y asistida con oxígeno. En parte fue normal que nos pasara algo así. Desde ese día la coramina, el medicamento más típico para combatir el mal de altura, y la coca, fueron nuestros compañeros inseparables de viaje.

Como echo de menos al matecito de Coca

Como echo de menos al matecito de Coca

Pasado el susto del primer mal de altura y habiendo disfrutado como pudimos de los primeros atractivos, comenzamos a comprender el porqué del ritmo pausado de sus habitantes. Del andar lento y cansado. Es algo que pudimos comprobar de nuevo en nuestra primera cena. En una trattoria del centro, y cegados por el hambre de a penas haber tomado bocado en todo el día y la voracidad con que los occidentales somos capaces de comer, nuestros ojos ordenaron lo que nuestro cuerpo no pudo comer. Primero un pisco sour –bebida local y deliciosa a base de aguardiente de uva o pisco, clara de huevo y angostura–, luego unas brochetas de pollo y una pizza. Obviamente nos cansamos de comer. Cualquier esfuerzo a esa altura te coge por sorpresa y te obliga a abandonar lo que sea que estés haciendo. Y si hasta comer cansa, imagínense otras cosas en las que se invierte un poco más de energía… Mi consejo, no lo intentéis si no queréis morir por asfixia o agotamiento.

A la mañana siguiente nos esperaba un día duro. Por suerte nuestro hospedaje El Peregrino y su más que contundente desayuno y coca a discreción nos preparó bien y nos dio la energía suficiente. Ese día debíamos llevar además una mochila con una muda de ropa, pues no regresaríamos hasta pasados dos días y haber subido y bajado el Machu Picchu. Nuestra primera parada fue Sacsayhuamán, una especie de fortaleza ceremonial que usaron los incas, de origen desconocido según parece. Hay un montón de peñascos, lo que será la tónica en todas las construcciones incas, y las disponen creando formas, como la de la llama, que es un animal si no sagrado bien importante en su cultura, o la garra de un puma. Mientras tanto el tiempo no termina de acompañar y se debate entre llovizna leve y claros, lo que hace que el cielo se queme en cada fotografía. También subimos nuestros primeros 3.765 m. sobre el nivel del mar para ver la fuente de la juventud, cuyo agua se supone que retrasa el envejecimiento. Por si acaso, y dada la cercanía del advenimiento de mi tercera década en la tierra, me tomé varios tragos y mojé nuca y muñecas. Uno ya no sabe…

Los coloridos tapices siempre me llaman la atención

Los coloridos tapices siempre me llaman la atención

Pasada la hora del almuerzo nos adentramos a Ollantaytambo, que dicen tiene la forma de una llama recostada para variar. La subida ya fue algo dura, aunque nada comparado con lo que nos esperaba al día siguiente. Ollantaytambo fue un centro ceremonial que tras la conquista fue usado como fuerte de la resistencia inca frente a los españoles. Aunque a ciencia cierta no sabe aun porqué fue abandonado sin terminar –llama la atención el Templo del Sol–, se estima que fue por orden del último emperador Inca de emprender la retirada. Es, como ya venía siendo habitual en los incas, una ladera con lo que llaman terrazas, esta vez no para cultivo sino para evitar desprendimientos de tierras, con escaleras a ambos lados para facilitar la subida. Pero vamos, un cojón facilitar, acababas reventado de subir escalones y más putos escalones. Aunque eso sí, la vista desde arriba bien valía la pena.

Tipical nila que te pide un sol por hacerle una foto...

Tipical nila que te pide un sol (moneda local) por hacerle una foto...

El bus que habíamos tomado para llegar hasta Ollantaytambo seguía haciendo su recorrido por Chincheros, pero nosotros debíamos quedarnos allí y esperar el tren que nos llevaría hasta Aguas Calientes, poblado desde donde salen las expediciones a Machu Picchu. La espera la hicimos comiendo rico queso con pan de la sierra y jugando cartas y bebiendo en un bar genial rollo reggae que por allí había. Llegados al pueblo y deshecho el lío que los agentes de los hostales nos hicieron, conseguimos dormir y prepararnos para el gran día, el núcleo del viaje. La ciudad sagrada de los Incas y sus montes anejos, uno el Viejo y otro el Joven.

Y aquí queda todo. Voy a dividir el viaje en al menos 2 entradas porque si no va a ser infumable y aburrido. Al menos sí os digo que queda lo más excitante y el núcleo del viaje. Quizás deje describir cada paso como un cronista turístico y me centre más en mis impresiones, que puede resultar más ameno. Así que nada, nos veremos en unos días con el resto de la historia 😀

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18 comentarios leave one →
  1. Guillermo permalink
    Jueves, 19 enero, 2012 09:10

    Que chulo tio!! De momento pinta estupendo. Ya tengo ganas de leer el Episodio 2!!

    No quiero dejar escapar que en el video de la cuenta atras de fin de año, del segundo 20 y algo al 40 y algo estas enfocando al Dr. Rajesh Ramayan Koothrappali (Big Bang Theory)!!! WTF!!!

    Nos vemos en la próxima entrada!

    • Jueves, 19 enero, 2012 11:02

      XDD Sí, tío, no lo quise decir para que nadie me llamase freak, pero joder, es clavado el tipo!

  2. Sergio permalink
    Jueves, 19 enero, 2012 09:32

    La verdad es que vas a dividir tu viaje en otra entrega más, no para aburrir al personal, sino ¡¡PARA TENER 3 ENTRADAS EN EL MES DE ENERO!! y así seguir con tu enfermiza costumbre XD.

    Colega, la verdad sì que es tela de triste el año nuevo canadiense, sólo faltaba que tras la cuenta atrás todos se marchasen cabeza gacha arrastrando los pies a sus hogares. De nuevo agracederte la llamada en plenas campanadas, justo cuando la primera uva iba directa a mi boca XD. No sé como lo haces, pero siempre te las avias para llegar en el último minuto a los vuelos (al final te va a acabar gustando la sensación de “vivir al límite”).

    Respecto a lo del viaje, muy buena crónica histórica (unas lecciones de historia nunca vienen mal) pero como bien has dicho es importantísimo que muestre sus impresiones personales sobre el viaje. Vaya recibimiento genial el del taxista con ese temón, parece de coña tío, jejejeje. Deberías haber grabado el “hilo musical” del cochambroso hostal, seguro que me hubiera encantado escucharlo.

    Por lo que veo el mal de altura es brutal(pobre Espe y ,fíjate, sentirte cansado y no poder comer más, eso es impropio de tí, Javi) y parece que la hoja de coca es de obligada ingesta por allí. ¿Por cierto se notan los efectos al tomártela junto con la coramina esa? Es decir, si te notas más avispado o algo así.

    En fin, amigo, deseoso de su segunda entrega, así arrasto los dientes aún más. Un abrazo, kiyo.

    • Jueves, 19 enero, 2012 11:58

      Es un secreto a voces. Me ha cogido el toro. Pero también es cierter que mejor un par de entradas de extensión moderada que la historia de El Quijote en el Perú 😉

      Te juro que lo pensé varias veces, si no hubiera estado tan reventado y sólo pensando en acostarme lo hubiera hecho. Tendría que haber grabado ese sonido.

      ¡Así lo haré! Me centraré un poco más en cómo lo viví en lugar de tanta cronología el viajero. Un abrazo, Sergio. Tú tendrías que haber sido parte de estas entradas, lo sabes.

    • Jueves, 19 enero, 2012 11:59

      Por cierto, estuvo planteándome comer hoja de coca para así ser capaz de engullir más alimentos. Me sentí decepcionado y abrumado de mi incapacidad. Y sí, la coca de activa, no te pone pitoso ni nada de eso, pero algo se nota.

  3. Espe permalink
    Viernes, 20 enero, 2012 10:35

    Casi me quedo ahí con el dichoso Soroche, que mal me sentía, era como si tuviera piedras en el estomago que me obligaban a sentirme muy cansada y pesada, tenía la necesidad de sentarme e intentar respirar profundamente lo cual era imposible. Después llegó la fatiga y semi desvanecimiento que fue cuando pedí una bolsa para intentar vomiar y me llevaron volando a la enfermería (no recuerdo el trayecto solo volar). Es una sensación rara y muy desagradable. Además te deja muy cansado y el muy cabrito vuelve a aparecer, es decir que después del oxigeno estás bien pero en cuanto subes más arriba o haces un mínimo esfuerzo ZAS, está ahí otra vez. Es verdad que no me volvió a dar tan fuerte pero porque no me bajé en dos sitios y Javi me compró un montón de cosas para comer 🙂
    Sin duda el hostal era fantasmal. Bichos diminutos en al cama de piedra que te picaban, arañas en la ducha y corte de agua por la mañana jajaja, que maravilllso sitio lleno de rejas

    • Viernes, 20 enero, 2012 10:50

      Por la cara, me olvidé del detalle de los otros inquilinos diminutos, tan desagradables. Y del detalle de cortar el agua por la mañana, justo cuando uno tiene que lavarse la cara y los dientes. Fenómeno hostal, recomendable para toda la familia.

  4. Sábado, 21 enero, 2012 08:33

    No a todo el mundo le puede gustar el AICJ, si hay criticas, pues bien, no tenemos porque interpelarlas. Pero tampoco se puede cuestionar que fue elegido el mejor de SudAm, quizas te toco una mala noche o un mal dia, siempre pasa eso en los aeropuertos.

    • Domingo, 22 enero, 2012 05:50

      No sé en qué momento he dicho nada del aeropuerto de Lima. Pero vamos, que el derecho a quejarme no me lo puede quitar nadie. Y si hubiese dicho que no me gusta el AIJC pues no me gusta y punto. Por muy bonito que quedase en los medios eso de que era el mejor de Sudamérica.

  5. Sábado, 21 enero, 2012 05:35

    Adoreibol taxista con su música tipical, me encanta. El desesperor por encontrar un taxi en fin de año es real, es imposible preveer cuándo atenderán tu llamada, viví eso el 1 de madrugada y también decidimos salir a la calle, en búsqueda de un bello taxi. Pero claro, no tenía que partir a otro país, creo que me hubiese puesto a llorar o algo de los nervios ajajjajaaa.
    Pobre Espe, yo creo que en realidad está embarazada y aún no te lo ha dicho :P. Pero claro, ¿quién carajet se va a echar en una cama, de dos a tres horas y no se va a quedar sopinstant? es imposibleeex.
    Maravilloso lugar, se me ha hecho corta esta entrada y eso que parecía un buen tocho :D, pero un viaje así con esos hostales del horror y esos bellos lugares, se leen gustosamente.

    Publique ya el núcleo oigaaa!!

    Un abrazo ¡veinteañeroo!

    • Domingo, 22 enero, 2012 05:52

      Fue un momento de pániquet y tensión. Por fortuna tengo esa templanza que Dios me ha dado que para algo ha de servir, esto es, tranquilizar a Espe.

      Así que veinteañero, jajaaa, Aojalar!!
      Un abrazo.

  6. Fidel permalink
    Domingo, 22 enero, 2012 05:04

    Muy buena la crónica Javi, me ha encantado leerla. A ver esa segunda parte. 🙂

    • Domingo, 22 enero, 2012 05:51

      Gracias, Fidel. ¡Ya estoy con la segunda parte! A ver si mañana o pasado la publico.

  7. jesus permalink
    Lunes, 23 enero, 2012 07:13

    La verdad que el año nuevo en Canada es casi tan triste como aki, aunque por lo menos alli hacen la cuenta atras, aqui ni eso.

    Los pequeños inquilinos del primer hostal me han recordado a mi hostal de Marrakech con las malditas cucarachas, tuvo que ser genial.

    Que guay tio, estoy deseando ir a Peru y la verdad que me encantaria ir contigo pa alla pero desgraciadamente no se si algun dia podre disponer de toda esa pasta maldita sea.

    A que altura le dio el soroche a Espe? menos de 4000, pq entonces en el Machu picchu lo tuvisteis que flipar en colores no? os comeriais un arbol de coca antes de subir.

    • Jueves, 26 enero, 2012 12:10

      Yo me he quedado con las ganas de volver, más o menos lo mismo que cuando estuve ne Japón. A ninguno de los sitios me importaría regresar, y sé que Perú te va a encantar.

      A Espe le dio alrededor de los 4000, pero lo curioso es que Machu Picchu está más bajo que Cuzco. Tienes que bajar desde Cuzco para luego volver a subir a Machu Picchu, por lo que no es tan alto. De todas maneras nunca sabes si eres de las personas a las que le puede dar, una putada. Mejor prevenir.

  8. Eva permalink
    Domingo, 29 enero, 2012 01:45

    Que tal bienvenida Javi, no me contaste lo de la musiquita del taxi o sí…bueno suelo tener lagunas mentales a mi corta edad jaja…Me has echo recordar lo de Espe, yo me asusté mucho la verdad, recuerdo que mientras buscabas una bolsa yo la tomé de la mano y nos ibamos de un lado a otro buscando el bendito tópico, la vi pálida a la pobre.Pero felizmente que solo fue un pequeño susto y la aventura pudo completarse exitosamente :)=.Las ojitas de coca fueron fundamentales, eso ni se diga.Saludos.

    • Miércoles, 1 febrero, 2012 11:57

      Sí que fue un susto, menos mal. Olvidé retratar esa manera grácil y casi angelical con que la llevaste de un sitio para otro buscando la solución a su mal de altura. Una vez más fue genial tenerte allí con nosotros.

      • Eva permalink
        Viernes, 3 febrero, 2012 05:27

        Genial fue que también estuvieran ahí :)=. Lo que no me gustó de esta linda experiencia es haber tenido que regresar (jajaja) a la vida rutinaria del work, recontra yiaccccc.Un abrazo.

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