Skip to content

De la vocación y la profesión

Martes, 27 marzo, 2012


(A ver qué se cuece este veranito)

Sigo sin tiempo, eso es así. Aunque perece que poco a poco las cosas empiezan a enfocarse y los proyectos a estar encaminados. Aun queda un montón de trabajo y las semanas pasan sin pena ni gloria. Hay días mejores y días peores, pero lo bueno es que la primavera, pese a los -3 ºC de esta madrugada, ha llegado para quedarse. Y en nuestro mejor afán consumista nos hemos hecho con una mesa de jardín, una mosquitera, algunos utensilios para trabajar la tierra y otras tantas semillas y plantas para tener un patio bello. Compramos un jazmín de mierda que nos costó (a Espe) como $30… Total para que después de trasplantarlo helara y se jodiera. Si es que aun es pronto para las plantas que necesitan tanto sol. También tenemos un helecho que como es invasivo lo dejaremos en una maceta aparte. Algunas hortalizas y hierbas que ya empiezan a dejarse ver. Y césped, claro, que tras el invierno, y el perro premio nobel que tenemos que se dedica a cavar de vez en cuando, está lleno de agujeros y putas calvas.

Hace cosa de una semana o así el departamento celebró lo que llaman el Research Day. Es un día en que todos los grupos de investigación, laboratorios e investigadores hacen una pequeña muestra del trabajo en el que están implicados. Con la cantidad de cosas que tenemos en marcha fue una lástima que prácticamente nos limitásemos a repetir proyectos (salvo alguna honrosa excepción) y hasta casi carteles. Pero es que en lo que ahora andamos no está del todo maduro. Esperemos que el dichoso THATCamp sea la fecha definitiva.

Luces de primavera

Luces de primavera

Además unos días antes habíamos celebrado, como mencioné en la entrada anterior, nuestro particular Día de San Patricio. Fue una jornada de lo más agradable y el clima acompañó en todo momento. Al final, por la noche, fui con María y David a tomar unas cervezas al centro para ver el panorama. Lo curioso es que aunque la gente iba tan loca como era de esperar, algo en el ambiente, a partir de cierta hora, nos hizo sentir la sensación de que todo se había quedado en una extraña quietud. Al día siguiente nos enteramos que unos a unos pocos vándalos se les fue la perola y quemaron una furgoneta de la televisión y causaron algunos disturbios y daños. Eso sucedió en Fanshawe College, relativamente cerca de la universidad pero lejos del centro y más aun de dónde yo vivo.


(Flipados liándola. Al final hasta hay una mini explosión.)

Pero todo quedó en un susto, gastos materiales y unos pocos imbéciles expulsados de la universidad, al parecer. Los canadienses para esas cosas de las penas se lo toman todo muy en serio, y depositan en ti la confianza para estudiar en una de sus instituciones y los defraudas de esa manera te golpearán con todo el poder que tienen. El primer paso es expulsarte, pero muy probablemente ya la hayas cagado, si no en todo el país, en toda la provincia de Ontario. Pero en fin, descerebrados los hay en todas las partes.

Intentando no desviarme mucho del asunto que me gustaría tratar, comenzaré diciendo que últimamente ando un poco a bandazos con la idea de la vocación y la profesión. Imagino que el hecho de que buena parte del grupo que se formó a mi llegada se esté diluyendo tampoco ayuda mucho. Diego comienza una nueva etapa en Toronto y deja de lado la vida académica humanista. Camelia termina este verano y se va a hacer negocios a la ciudad de al lado. Y María está a la caza de un nuevo empleo que le permite también abandonar esta ciudad de niñatos estudiantes. Por suerte aun me quedan mi compañero de squash y el norteamericano David, con el que estoy conociendo una faceta de los estadounidenses y su país que no hubiera imaginado. No todos los yankis son como nos los habían pintado, de hecho ni siquiera la mayoría. Es muy interesante hablar con él, entre otras cosas, de política.

El caso es que dada esta situación y mi actual dualidad humanista-ingeniero empiezo a pensar que si bien programar es una de esas cosas que podré hacer siempre por placer, por jobi, y que me abstrae y me transporta como ninguna otra cosa, no es menos cierto que de algún modo mi campo de miras se está abriendo a nuevos horizontes, llamémosles intelectuales, y creo que eso es, en esencia, bueno para mi forma de enfrentar el mundo. La crítica con la que un humanista enfoca y analiza cualquier problema es radicalmente distinta a la forma en la que a los ingenieros nos forman para resolverlos. Porque al fin y al cabo nos enseñan a resolver problemas mientras que los humanistas parecer ser quiénes los plantean. Esto hace que las bases mi estructura mental se tambaleen un poco y he llegado comprender que cuando afirmo con seguridad «yo soy programador» en realidad estoy reduciendo todo el abanico de posibilidades del ser humano a un cajón en el que me han enseñado a desenvolverme, pero que a día de hoy, se me presenta claramente que no es el único que existe, ni el mejor, ni siquiera el más importante. Cuando comienzas a asomarte a otros cajones e incluso comienzas a vislumbrar el tamaño del armario primero pasas por una fase de admiración y desperezamiento. Al fin y al cabo, aunque ya me había hecho a mi sitio, el habitáculo no es muy grande. El problema viene cuando, superada la estupefacción inicial, te das cuenta de que ni estás cómodo en un sitio ni lo estás en el otro. Es un poco un sinvivir, pero es lo que ando ahora. No sé si más adelante lo superaré y lo veré todo de otro modo. Quizás sea capaz simplemente de efectuar análisis en diversos aspectos bien distintos. Que lo mismo te hablo del Neobarroco de Echeverría o Monsiváis que de las bases de datos en grafo y de esquema relajado. Creo que es una parte de mí que siempre ansió salir y que ahora está en pugna contra la más cuadriculada. No en vano estos meses son, sin duda, en los que más he escrito en mi vida.

Y todas estas paparruchas tienen que ver, entre otras cosas, con una anécdota que viví, creo, en Osaka, viajando con Gabi, después de que Espe se marchara a España. Íbamos caminando me parece por el subsuelo del metro cuando a lo lejos vimos a un grupo de shaveas nipones bailando a lo brikindans. Bromeamos diciendo lo que lo molaría que ahora nosotros fuésemos para allá, nos plantásemos en medio, y con total seriedad los dejásemos deslumbrados con nuestros pases y dotes de baile. Y es que el problema, como bien apuntó Gabi, es que nuestras habilidades para cualquier cosa física o relacionada con las artes es nula, al menos en lo que a mí respecta. No podíamos sorprenderlos con un extracto de código o un servicio web. Fue cuando comprendía lo alejado que estaba mi profesión del mundo. Pese a lo necesaria que es hoy la tecnología y lo cotidiano que nos resulta comunicarnos a través de ella, lo importante no es eso, sino la comunicación en sí, los círculos e interacciones que se establecen, y cómo afecta la información que se transmite a los individuos. Al final seguimos siendo seres sociales sometidos a las opiniones de los demás, ya sean lo de nuestros queridos, nuestros superiores, nuestros amigos o nuestra pareja. Porque nadie vive solamente de acuerdo a lo que él piense de sí mismo. Creer eso es una falacia. Necesitamos sentir que aquellos a los que respetamos también nos respetan. Ya sea haciendo cuatro pases de baile mortal, ya sea contando un chiste con el que todos se ríen, o simplemente con el commit definitivo que es digno de admiración.

Y aquí lo dejo, que ya está bien de divagaciones por hoy. En resumen, qué cada vez tengo menos claro eso de dedicarme a la informática para ganarme el pan durante el resto de mi vida. Lo disfruto como pocas cosas en el mundo, pero precisamente por eso me absorbe tanto que me olvido de lo más importante: vivir. Quién sabe si no sería más feliz en un departamento de humanidades o siendo dueño de una charcutería –cada vez le encuentro más atractivo a eso de filetear y cortar carne 🙂 Ahora sí, ya seguiré estas y otras discusiones en otro momento.

Anuncios
6 comentarios leave one →
  1. Martes, 27 marzo, 2012 09:15

    Ser programador está muy bien, pero es programar lo que mola de verdad. Es una habilidad que te da un gran poder, un poder que es cada vez mayor conforme se informatiza el mundo. Ya seas científico (análisis estadístico, simulaciones), periodista (análisis/visualización de datos), lingüista (NLP), músico (http://radar.oreilly.com/2009/10/max-for-live-making-musicians.html) o charcutero (web, tienda online, contabilidad…), saber programar le va a dar una dimensión que tradicionalmente nunca podrías haber alcanzado. Y creo que cada vez va a ser más así y en el futuro todos seremos un poco programadores.

    En lo que no estoy de acuerdo es en lo de que no dejamos impresionados a los japos con nuestro baile. ¿Se te ha ido la olla?

    • Domingo, 1 abril, 2012 11:11

      Exacto, ahí está el problema, que en el futuro ser programador será parte ser otra cosa, sin entrar a debatir eso del «ser».

      Por cierto, que no recordaba esos vídeos. Vaya lote de reír. Llevas razón, ¡los sorprendimos a todos!

  2. Martes, 27 marzo, 2012 09:53

    Es doloroso para los programadores e informáticos el desconocimiento y la falta de comprensión del resto de la sociedad, que ni tiene la menor idea de la complejidad de los sistemas que hacemos ni, lo peor de todo, le interesa saberlo.

    Están apareciendo iniciativas (como Codecademy http://www.codecademy.com/) que pretenden enseñar a programar a la gente “normal”. Creo que es lo que hace falta, que todo el mundo tenga al menos unas nociones de lo que es programar. El siguiente paso: asignaturas en la educación básica.

    • Domingo, 1 abril, 2012 11:13

      Totalmente de acuerdo. Llegará a ser como las matemáticas: la herramienta polivalente que sólo unos pocos comprenden pero todo el mundo usa en su día a día, y sin siquiera saberlo.

      Eso sí, ya quiero ver yo a los niños de primaria aprendiendo la PRE y la POS de IP1 😄

  3. Sergio Rus permalink
    Miércoles, 28 marzo, 2012 04:57

    Para mí 2011 y 2012 están siendo los años más interesantes que he vivido nunca en la informática, sobre todo en lo que a tecnologías web se refiere: HTML5 (en su sentido más amplio), CSS3, el resurgimiento de Javascript (Node, Backbone, Ember, etc), WebGL, NoSQL, el Cloud, la lucha sin tregua entre Chrome y Firefox, la transición de Páginas Web a Aplicaciones Web, la conquista de los lenguajes de script, etc, etc.
    También la consolidación del Open Source: Github, Linux, Open data, Arduino.
    O las tecnologías móviles: smartphones, tablets.

    Por otro lado, nunca antes habíamos tenido tantas facilidades para comunicarnos, expresarnos (música, fotografía, vídeo) y para vivir más conectados con los que nos rodean: Redes sociales, Whatsapp, Skype. En nosotros queda el uso que hagamos de esto. Pero las herramientas están ahí. Y el objetivo es el que tú dices: comunicarnos.

    Cada día me alegro más de haber elegido esta profesión de programador, a pesar de que al principio mi ilusión era ser ingeniero de sonido jeje. Una profesión que cada día se infiltra más en las rincones menos pensados (Humanidades Digitales ¡cómor!). Lo que implica que podamos estar continuamente aprendiendo y descubriendo nuevas áreas. Las posibilidades que se nos brinda no tienen límite. Además, nada impide que seas programador y humanista, o historiador, o lingüista. O panadero (profesión a la que venero, por cierto). O todas juntas!

    Y en lo personal, creo que se trata de llegar al punto de equilibrio, como siempre. A pesar de que podría decir que me faltan horas en el día para dedicarle a las áreas de interés que he comentado, lo cierto es que la felicidad es aún mayor cuando repartes el tiempo entre diferentes actividades (y no por obligación, si no por puro placer). Personalmente, vivo uno de los mejores momentos con mis amigos, familia y conmigo mismo. El deporte, el placer por la buena gastronomía en buena compañía (tapas!!), los viajes (incluyendo el disfrute por la Naturaleza: sierra, montaña, playa salvaje…), los conciertos, las pequeñas aficiones,… para mí todas esas son las claves de la felicidad.

    • Domingo, 1 abril, 2012 11:17

      Que vivas tiempos interesantes, dice la maldición china. Y parece que eso mismo es lo que nos ha tocado. Creo que tengo un deja vu con este comentario, pero no importa.

      El caso es que encima de todo eso, al menos para mí, siempre está la duda de si se puede ser feliz “traicionando” a tu vocación. La respuesta se me presenta cada día. No hay tal cosa como la vocación. Así que es cuestión de cada uno intentar estar bien y ser feliz.

      Un saludo, Sergio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: