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El lugar de cada uno

Viernes, 13 abril, 2012


(Curiosos descubrimiento tardío el de este tipo)

En sentido figurado, por supuesto, y no meramente espacial. Como ya he contado en otras ocasiones, estar lejos es una montaña rusa anímica, lo mismo estás en una cima y eres el rey del momento que te toca una bajada y del mismo acojone te remilgas y no disfrutas la experiencia ni aprendes nada positivo. Con el tiempo, como casi siempre, todo se tranquiliza y se vuelve calmo. Y una de esas cosas que casi inadvertidamente va desapareciendo es la sensación de ocupar un lugar prestado, de sentir que no encajas en el hueco que se te asigna. Es muy difícil de describir. Digamos que cuando cambias de país, amistades, trabajo y, en esencia, de vida tan bruscamente, no puedes esperar que tu adaptación pase por seguir siendo como eres. Simplemente las cosas no salen así. Entonces comienzan los pensamientos extraños en la nueva tierra: no soy yo mismo, el rol que desempeño aquí no es real, es como estar actuando todo el tiempo, no me gusta lo que se supone que quieren que sea, etc. Es una crisis dura y persistente, porque no sentirse uno mismo es estar perdido en la inmensidad de las representaciones sociales. No estar nunca cómodo es sólo un síntoma. Y con esa actitud, día tras día, al final sólo consigues justo lo que intentabas evitar y te conviertes un poco en otra persona, «la que te dejan ser». Todo el mundo encasilla a los demás: el guapo, el tonto, el listo, el gracioso, el desagradable, etc. Y lo quieras o no el rol en que los demás te encajan no siempre es el mismo, más aun cuando de repente te presentas sólo ante una nueva comunidad de personas. Tras años de lucha y de alguna manera convencer a los demás y a ti mismo de quién eres, de la noche a la mañana se te prohíbe jugar de nuevo esa carta. Y no nos engañemos, uno es quién es, lo que sea que eso signifique, por quiénes le rodean. Diría que no es fácil sentirse bien en un grupo de personas así como así, lleva tiempo. Pero quizás los demás no están dispuestos a esperar a ver tu «yo» real porque, simplemente, no les interesa o no tienen el tiempo ni las ganas. Entonces comienza un juego absurdo de interpretación en el que tratas de escapar del recinto en el que te permiten moverte, intentando ser el que siempre has sido, a la vez que la fatiga va terminando con las energías y te conformas con el espacio cedido. Eso sí, decorado por ti mismo. Así es como me siento tras 18 meses en este país. En un espacio prestado en el que sólo puedo ser yo a medias, porque parte importante de quién soy son los demás, y a esos los dejé atrás, en otro continente. Para ser justos podemos decir que no es menos cierto que se trata un defecto de la personalidad de cada cuál. Hay quiénes desde el primer momento intentan dejar claro quiénes son, por si acaso, en un ejercicio de pragmatismo con el que intentan evitarse futuros malentendidos. Lástima que yo tenga una mente analítica y prefiera primero observar, porque cuando por fin tengo algo que decir suele ser, casi siempre, tarde. Y si hay que buscar culpables entonces hay que mirarse a uno mismo, no a los demás. Es muy fácil culpar a otros en lugar de intentar resolver los líos mentales y debilidades propias. Ésa debe ser la tarea a acometer. Por si acaso, éstas son sólo divagaciones que por fortuna tengo más o menos superadas.

Con cara de concentración escogiendo un tejido elástico y bello para el proyecto

Con cara de concentración escogiendo un tejido elástico y bello para el proyecto

Pero vayamos a cosas más mundanas. Ayer se acabaron, por fin, las clases. Dimos nuestra última clase de Barroco, Interactive Digital Exhibit (con un proyecto final del que nos sentimos bastante contentos) y Seminario de Estudios Transatlánticos. Confieso que me siento muy atraído por ciertos temas que se tocan en la lingüística como disciplina de estudio. He aprendido un montón de cosas que, si bien pueden no parecer muy útiles ahora, siento que me dan una perspectiva nueva para mirarlo todo. Algo que me llamó poderosamente la atención y de lo que como español padecía, es la concepción del sudamericano o sudaca, así en su forma despectiva. En España siempre se han metido a todos en el mismo saco, sin importar país, historia ni identidad. Una mirada tan pobre que no se puede sino sentir vergüenza. Estas asignaturas humanistas me han hecho ver las cosas de otro modo y entender el denso mapa de relaciones históricas que hacen de América y España lo que hoy en día son. El tema de la identidad es también interesantísimo: el concepto de nación moderna, que nos define y enorgullece y por el cuál proclamamos eso de «yo soy español» es, a fin de cuentas, un invento de los gobiernos. Tan claro como el agua. Y en esas las nuevas naciones latinoamericanas tuvieron la triste necesidad de buscar héroes a los que atribuir grandes hazañas en pos de la nación para que hubiese alguien al que adorar. Menuda pantomima. Y, al final, sólo queda el territorio. No el territorio delimitado por las fronteras que unos pocos dibujan y otros imbéciles se empecinan en modificar. Me refiero al territorio diario, al local. En el que te mueves, de dónde realmente eres, de dónde sale tu cultura y se transmiten todos los objetos que conforman tu  imaginario colectivo, ése que compartes sin esfuerzo e inconscientemente con los demás. La cañita de lomo, la Cruzcampo, las puntillitas, tomar el sol, el cubata, el café y quedarse de relío, el domingo con la familia, la tarde en el campito, la escapada a la playita… Eso es lo que somos, eso es lo que soy hoy. Parece mentira que haya necesitado cambiar de país para darme cuenta. Lo peor, y lo mejor, es que siempre se está en una metamorfosis en continuo proceso.

Preparando el huerto de tomates, que para todo debe haber tiempo

Preparando el huerto de tomates, que para todo debe haber tiempo

Parte de ese mecanismo de mezcolanza lo he aplicado exitosamente durante la Semana Santa o Easter, que es como aquí se llama, preparando unas deliciosas torrijas con azúcar y canela que, aunque esté feo que yo lo diga, me quedaron de arte. Sabor a hogar. La decepción vino cuando me enteré de que las putas tostadas francesas, tan populares entre los norteamericanos, se preparan exactamente de la misma forma. Incluso el culmen de mi capacidad de fusión, que fue echarle sirope de arce a algunas a ver como quedaban (y quedaron riconudas), es de lo más normal en Canadá. Al menos todos se sorprendieron cuando los conté que hay otra versión con miel y, atención, vino. Todos pusieron una cara entre la sorpresa y el asco. Sobre todo el profesor, porque a todo esto, la conversación vino por sí sola durante la cerveza posterior a las presentaciones de clase de los proyectos finales de Interactive Digital Exhibit. En honor a los hechos, también he de decir que nos las comimos todas entre Espe y yo. Hombre no, con lo ricas que estaban no era cuestión de compartir. Quizás para la siguiente hornada.

Un poquito de fusión en las torrijas

Un poquito de fusión en las torrijas

Y bueno, con las clases oficialmente terminadas sólo queda entregar un par de ensayos (uno de 20 páginas que a ver qué coño me invento), y el maldito THATCamp, en el que además presentaremos al público Gamex, ya que al fin y al cabo, parte de la idea de ese proyecto es que cuanto más gente lo use mejor. Ya veremos como sale.

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12 comentarios leave one →
  1. Viernes, 13 abril, 2012 10:16

    Espero que poner las cosas por escrito te ayude con las emociones.

    Yo llevo muchos años con esa sensación, aunque a menor escala, claro. Todavía me pregunto quien soy cuando escucho hablar con acento granaíno.

    Y suerte con los proyectos.

    • Viernes, 13 abril, 2012 10:26

      Sí que ayuda, incluso cuando uno pierde la fe. Gracias por los ánimos 😀

  2. Myri permalink
    Viernes, 13 abril, 2012 04:17

    Y que sigamos metamorfeándonos… evolución!

  3. Viernes, 13 abril, 2012 05:31

    Casi lloro oiga, estaré ovulando o simplemente, que me siento tan identificada con ese sentimiento de perdida de esencia de uno mismo, que al verlo escrito y tan bien explicado ha hecho que comprenda muchas cosas, Y porque no, ya no me siento la única rara expatriada :P.

    Es increible como siempre andas liado con proyectos nuevos, tu cabeza no para nunca, que envidia amigo (mentira de no odio sabe), yo estoy en un circulo de vagancia cultural del que necesito salir. El idioma es el mayor obstáculo obviamente.

    La tristeza y melancolía de cómo fuimos alguna vez es ahora la que nos invade, el sentirse extraño allí y aquí, una nueva sensación, que te deja aturdido, pero te ayuda a valorar, en cierta manera lo que tienes en tu nueva vida…un lío.

    Vaya cosa ricas las torrijas, yo me puse cual Chon en casa de mi abuela, creo que cayeron unas 15 (de las pequeñitas). Tienen una pintaca esquisa miarmeeeeeeee.

    Temón el que has puesto, voy a buscar más del Solomun ese o como se llame valeeeeee!!

    Un abrazoo 😉

    • Ricardo Muñoz-Castiblanco permalink
      Sábado, 14 abril, 2012 06:21

      Realmente vale la pena leerte y ver el camino que has tenido que recorrer…

      ¿Cuál es el significado real del término “sudaca”, cuáles sus características? ¿Se refiere solamente a los suramericanos, a todos los latinoamericanos, están incluidos los africanos o se utiliza por extensión a todos los tercermundistas? El diccionario de la RAE y Wikipedia no son muy explícitos…

      • Sábado, 14 abril, 2012 09:16

        Si es por mí, gracias, un placer que me leas.

        El término, aunque se acuñó durante la movida madrileña para referirse a minorías marginales provenientes de la América hispanohablante, hoy en día se usa únicamente como despectivo para todos los Hispanoamericanos. Para África tenemos otras perlas y separamos a los del Norte de los del Sur. Una maravilla vamos.

    • Sábado, 14 abril, 2012 09:10

      Totalmente, Ana, es como si en unos meses todo nos golpeara de repente y con dureza. La distancia sólo hace más drástico el cambio. Pero aun os debe quedar cuerda para ratol!

      Yo con las torrijas es que no tengo control, es que están demasiado buenas para comerlas tan solo una vez al año.

  4. Sergio permalink
    Martes, 17 abril, 2012 12:22

    ¿Debo decir que me siento identificado con tus planteamientos morales? Pues sí aunque, por supuesto, a menor escala, siempre puedo escapar y estar alguna semana de relax. En absoluto acuerdo con lo de que no quieran ver tu “yo verdadero”, que siempre es debido la falta de interés, tiempo o ganas. Aunque como bien dices miremos a nosotros mismos como el primer culpable y luego ya se verá. En mi caso, deberá pasar un tiempo cuando acabe esta etapa y ver si de verdad esto ha servido de algo o no, si ha sido una experiencia fructífera o por el contrario he aprendido un mojón.

    Espero que cuando nos volvamos a ver me vaya explicando con pelos y señales lo que ha hecho prácticamente en este año sin vernos. Me alegro que tu parte humanista haya salido a relucir.

    Por cierto, me he sentido decepcionado al llegar a mi hogar después de Semana Santa y ver que no habían torrijas 😦 Este año me quedé sin probarlas.

    p.d: El francés es una lengua muerta, como el arameo o el romanche 😛

    • Martes, 17 abril, 2012 02:16

      Nunca se aprende un mojón Sir Sergio !!. Siempre aprendemos un poquito de algo, sobre todo, cuando estamos fuera de nuestro hogar :).

      Corto y cambio.

      • Sábado, 21 abril, 2012 12:07

        ¡Y claro que se aprende! Aunque sea a base de mazazos de quiénes menos te lo esperas.

    • Sábado, 21 abril, 2012 12:06

      Un puto año hará que no nos vemos. Y más aun a Ana, Jesús, Mari Ángeles, Sixto o Chiky. Un montón. Pero bueno, espero que sea como lo imagino, como ha sido en otras ocasiones y al llegar sea como si nunca me hubiera ido. Aunque cada vez el sentimiento de que es algo temporal se quede más atrás, espero que aun haya cercanía suficiente y podamos charlar sin sentirnos extraños. Un abrazo.

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