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Moralmente de vacaciones

Lunes, 16 julio, 2012


(Qué ganah ya, hío!)

Así es como me siento. Me ha pasado como dos o tres veces en mi vida. La primera vez fue acabando la carrera, cuando ya sólo me quedaba una asignatura, no sé si Física de 1º o Dispositivos y Circuitos Eléctricos (DCE) de 2º. Es una sensación extraña. No es que rindas menos. Es que estás como con el piloto automático y ya sólo puedes pensar en el venidero final de la actividad en cuestión. Tal y como estoy ahora, sólo pensando en mis vacaciones, y sí, aun me queda que trabajar, incluso los fines de semana para recuperar días, pero ya ni me quejo. Y todo gracias al poder de las merecidas holidays.

Estas dos semanas pasadas han sido realmente intensas de trabajo, entre las presentaciones semestrales del seguimiento de los proyectos del laboratorio, preparar algunas cosas para la presentación de Hamburgo (sí, ésa a la que no voy) que espero se conviertan en un artículo, supervisar desarrollo y corregir fallos, lo cierto es que apenas he tenido tiempo de nada. Pero fue el Sunfest. El gran evento de la ciudad. Un festival gratuito bastante perrofláutico y con músicas del mundo, tirando a monopolio latino, claro. El año pasado también estuve, pero fue casi un acto de presencia. Este año hemos ido los tres días que dura el evento, a comer, pasar la tardes, beber algo y bailar. Aprovechando que Élika vive muy cerca de dónde se hace, esto es, cerca del parque del centro de la ciudad, quedábamos para tomarnos las birras y luego ir a los conciertilloss. No es que nos dejáramos los riñones al jerez, pero claro, sólo existe un único sitio en el festival dónde poder comprar alcohol, y a precio de oro, sin contar con que está aislado del resto y necesitas presentar alguna identificación para entrar. Es un poco incómodo. Sobre todo cuando se llena y ya no dejan entrar a más nadie. Tal y como pasó el último día, mientras veíamos a unos tipos super fankilones y bailongos, tenían tol puto arte, vaya. Pero no los vimos enteros porque algunos se quedaron fuera y los demás decidieron ir a un escenario de la omnipresente salsa, qué pesadillaaaaaee de salsa, merengue, ballenato y sus muertos. Fue demasiado para mí, demasiado. Pero resistí porque es la única oportunidad de divertirse en esta ciudad en un evento de ese tipo. Y claro, porque el 95% del grupo es latino y estaban flipando con la música de su tierra. Fue entonces cuando sentí unas ganas horribles de escuchar O’funk’illo o cualquier otra cosa local que poder compartir con mis amigos de toda la vida. Peeeeero no pudo ser. Ya tengo un montón de ganas de estar con los míos y poder hablar tal y como hablo, esto es, mal, sin que se malinterprete mi tono o se entienda como un ataque. ¡Qué no, coño! Que así es como hablo, que no es que me esté quejando, ni lo analice todo, ni te esté atacando, ni hostias ya, ¡copón! Y me importa un carajo que lo entendáis o no. Liberación. Ya va haciendo falta salir de esta película y descansar un poco de todo sin tener que pensar en cómo el otro se va a tomar las cosas, si se va afectar, si su sensibilidad esto, si mi libertad terminad donde empieza la suya, que si lo otro… ¡A tomar por culo! ¿Acaso hay algo más español que que importe un carajo el prójimo? Yo creo que no, y aunque alabo la condición canadiense, llega a ser cansina.

Fusion Funk! Lástima que no recuerdo el nombre de los tipos

Fusion Funk! Lástima que no recuerdo el nombre de los tipos

También hubo una interminable sesión de reggae, que de no ser por la bellísima chica del coro hubiera sido inaguantable. La pobre Espe dijo que la música le parecía aburrida y casi se la comen los demás. A mí no me parece aburrida, pero desde luego no es para estar una hora bailando con ella. Uno siempre empieza con el ritmo guasón y pausado y acaba maldiciendo a Satanás y necesitando un trasplante urgente de rótulas de rodilla. Lo curioso es que como cuando llegas a ese estado ya toda la música te da igual, empecé a imaginarme la historia de los componentes. Había dos teclistas, creo, uno de ellos de Toronto, loco perdío y con doble personalidad seguro. Probablemente abandonó a su familia y su hija de 2 años por irse a recorrer el mundo con su banda jamaicana. Luego está el batería, amigo fiel del cantante, confidente, cuerdo y sabio. Pero con poco carisma. Vive contemplativo cómo los demás hacen sus vidas mientras siente nostalgia de la le hubiera gustado vivir a él. El del saxofón, autista pero con episodios de esquizofrenia, es mejor no mirarlo, pues se te quedaba con sus ojos clavados al más mínimo gesto de atención. Daba miedo. Su tez blanquecina y semblante carente de humanidad reflejaban una niñez marcada por el maltrato y los centros de salud mental en una época en la que el único tratamiento era el electroshock. Eso nos deja paso a las coristas, una del doble de edad que la otra, quizás su madre, que siendo infiel al segundo teclista con el cantante, tuvo a la que hasta ahora es su única hija. Eso explicaría las miradas llenas de odio y rencor que el teclista lanzaba al cantante cuando éste se contoneaba alrededor de las coristas o las abrazaba en un supuesto requisito del espectáculo. El demencial espectáculo creo que pasó desapercibido para el resto de espectadores, pero yo pude distinguir perfectamente la trama y la evidente traición. Se masca la tragedia en ese grupo, pese a haber venido al festival los 16 años que lleva celebrándose.

Aparte de paranoias lo pasé muy bien. Por otra parte, las amigas de Espe, dos compañeras de su carrerar, y el novio y la hermana de una de ellas, llegaron a Canadá. Van a estar aquí como 20 días, visitando New York, Chicago, Toronto y lo que dé lugar. Sumado a que también vino uno de los monitores de las clases del Summer Program para las que Espe trabaja durante julio. Nosotros, por nuestra parte, vamos a acompañar a las amigas de Espe a su viaje por New York, aunque nos quedemos un día menos y tengamos que viajar en autobus. Es lo que peor llevo, de hecho, para cuando leáis esto probablemente, esperemos, ya estemos en Manhattan. Y es que tenemos que salir de London a las 17:30 de un día y llegamos a New York a las 7:00 de la mañana del sigueinte. Todo porque no hay líneas directas desde aquí y tenemos que perder el tiempo yendo hasta Toronto, lo que es desandar el camino andado. Un trayecto de 9 horas se convierten en 12 más los contratiempos propios de mi persona en la frontera con Estados Unidos.

Ya os contaré cómo sale el viaje cuando lleguemos, tras otras 12 horas de vuelta, el viernes por la mañana. Qué horror de viaje y qué maravilla al mismo tiempo.

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4 comentarios leave one →
  1. Fernando permalink
    Martes, 17 julio, 2012 02:21

    Me temo que todo lo que has comentado sobre ese grupo debe ser cierto, esa maldita mente analítica no suele fallar… demonios!!! que ocurrió entonces entre los componentes de Camela???… Nueva York!!! estás cumpliendo uno de mis sueños bolobeiro…. disfrútalo.

    • Domingo, 22 julio, 2012 01:04

      Ha sido espectacular, ya contaré con más detenimiento 🙂

  2. Mirian permalink
    Viernes, 20 julio, 2012 05:25

    Qué guay!!!! Mira que has ido a sitios!! Pues Manhattan es el que más envidio!!! Me encantaria ir a Nueva York,a lo Friends o a lo Carrie! Fuuuuu

    • Domingo, 22 julio, 2012 01:05

      Increíble, pero vaya lotes de andar. Un día más y morimos en el intento.

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