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New York, New York!

Jueves, 26 julio, 2012


(Sí, es exactamente todo lo que dicen)

Aunque es habitual en mi forma de hacer turismo, éste ha sido uno de los más intensos viajes que he hecho nunca. Y es que New York, o Manhattan, que viene a ser el 99% de lo que hay que visitar, es enorme y está repleta de cosas que ver y hacer. Casi no sé ni por dónde empezar y sólo puedo pensar en todo lo que me ha faltado por ver, como el puente de Manhattan visto desde Canal St., el MoMA o el mercado de Chelsea.

Pero empezaré por el medio de transporte: el autobús. Después de mirar todas las combinaciones posibles, mirando vuelos, tren y alquiler de coche, la única alternativa viable económicamente fue tomar un bus. Y no uno directo desde London hasta New York, ojalá, sino un bus con primer destino en Toronto para luego desandar lo andado camino a Buffalo en Estados Unidos y algunas otras paradas intermedias como Siracusa en el Condado de Onondaga o Rochester. En total más de 12 horas de trayecto nocturno a lo que sumar el tiempo extra en la frontera en la que esta vez y gracias a dios no me pararon ni hicieron un registro especial. Albricias. El autobús era todo lo cómodo que un autobús puede ser. No conseguí dormir nada, Espe algo más, como siempre. Pero para ser el viaje más largo jamás hecho por mí en este medio de transporte confieso que la ida se no se me hizo para nada pesada. La vuelta quizás un poco más.

A la llegada a New York, y como el viaje no lo preparamos, lo primero fue buscar la estación de metro más cercana y llegar hasta el hostal con habitación doble y baño compartido que habíamos reservado, el Broadway Hotel & Hostel. La habitación, sin armario, era bastante grande, la cama y las almohadas geniales, amplios ventanales, aire acondicionado y un pequeño lavabo que te evitaba usar el baño compartido. Suelo preferir, cuando es posible, tener mi propio baño, pero la verdad es que en cada planta había dos baños completos y para usarlo una vez al día tampoco era cuestión de ponernos exquisitos. En la 6ª, que era la nuestra planta, había dos: uno un poco viejete pero limpísimo, y otro completamente renovado y nuevo. Ni un problema de saturación, malos olores o suciedad en ellos. También es cierto que poco tiempo pasamos allí. La única pega es que a nuestra planta no llegaba el Internet y tocaba bajar a las salas comunes, equipadas con una cocina con frigorífico, microondas, horno y fregadero, más dos salas con sofás y televisores. Un poco coñazo pero nada del otro mundo. La habitación, por cierto, incluyendo una serie de tasas criminales de la ciudad de New York, nos salió por la nada desdeñable cifra de $60, una puta pasada. Y con todo es lo más barato y bien situado que pudimos encontrar. La otra opción era el Harlem, pero como que pasamos de quedarnos allí y tal.

El primer día fue como dormir en una nube, luego la cosa fue decayendo

El primer día fue como dormir en una nube, luego la cosa fue decayendo

Llegamos a the City, como dicen algunos allí, alrededor de las 7 de la mañana, con un nauseabundo olor que impregnaba todas las calles y el metro y que pensamos que se iría esfumando pero no, tuvimos que acostumbramos a él. Qué asco y qué pena el olor de la ciudad. A esa hora la habitación no estaba lista aun nuestra habitacuón. Dejamos las maletas y a recorrer lo que pudiéramos en nuestro primer día. Por otra parte, las amigas de Espe llegarían por la tarde en coche y nos encontraríamos con ellos en su hotel, el Marrakech, muy cerca de nuestro hostal y también muy decente. A pocas manzanas caminando teníamos Central Park, por lo que pasamos por allí en primer lugar. Es muy grande y tiene muchas partes distintas que disfrutar. A esa hora, además, se estaba muy a gusto y te podías resguardar un poco entre los árboles de la ola de calor que nos acompañó durante todo el viaje. Central Park es bastante grande y como todos sabréis está situado en el corazón de Manhattan, que es una isla. Con lagos, zonas verdes, sendas, espacios abiertos y entrada directa al Metropolitan Museum, es un sitio genial para pasear tranquilamente o descansar. El resto de la isla, puro asfalto. Nosotros, agotados por el viaje, nos lo tomamos con calma y vimos toda la zona sur del parque hasta salir de allí en dirección al SoHo. Pues como unas 2 horas y pico echamos fácilmente caminando. El SoHo y otros distritos de alrededor son el sitio para hacer las compras. Tiendas de todas las marcas más importantes: Louis Vuitton, Yves Saint Lorain, Channel, Aldo, Manolo’s, y yo qué sé, otras tantas que ni siquiera sabía que fuesen famosas. Yo, obviamente, no compré nada. Aunque me gustaron unas gafas marca Marc (?) que estaban a $150. Toda una ganga para los precios que se manejaban por allí.

Under the bridge

Under the bridge

Para comer fuimos a un sitio llamado Lombardi’s Pizzeria, la que se supone que es la primera de América y que creó el estilo estadounidense de pizzas que impera hoy día. Muy ricas, la verdad. Ni la ligereza de las romanas ni la condensación de las canadienses. Todo en su justa y deliciosa medida. El postre lo tomamos en una pâtisserie francesa cuyo ambiente te transportaba a Europa. ¿Y a la tarde? Otro poquito de Central Park y a descansar, que ya eran demasiadas horas sin dormir.

Rica pizza Napolitana con extras, especialidad de Lombardi's

Rica pizza Napolitana con extras, especialidad de Lombardi’s

La mañana siguiente, aunque me costó la misma vida, conseguimos madrugar para tomar el Staten Island Ferry, un ferry gratuito para cruzar de Manhattan a Staten Islan y viceversa y que en el camino te permite ver la Estatua de la Libertad decentemente sin tener que pagar por ir expresamente a la isla. Eso nos lo ahorramos. A partir de ahí, sitio al que habíamos idos todos juntos, nos dividimos, Espe, una amiga y yo por un sitio, el resto por otro, pues unos preferían andar y nosotros coger el metro, que para andar siempre hay tiempo. La primera parada fue el 9/11 Memorial y sus alrededores, el parque o monumento que han construido para conmemorar a las víctimas. En el lugar donde estaban las torres ahora hay dos enormes fuentes que ocupan toda la planta que en su día ocuparon las torres Norte y Sur. Son algo así como bonitas y grandes pero insípidas. El agua simplemente cae desde los bordes en los que están todos los nombres de los fallecidos (a excepción de los que estrellaron el avión, supongo) y poco más. Alrededor ahora hay zonas ajardinadas y lo que más sorprende es lo cerca que estaban las torres. Las nuevas, justo un poquito más al norte y al sur que las originales, ya están muy avanzadas y son bien bonitas.

Mucha energía por la mañanita, después ya es otra historia...

Mucha energía por la mañanita, después ya es otra historia…

Aun por la mañana, si es que no recuerdo mal, visitamos el New York Stock Exchange, la bolsa de Wall Street, vamos, que estaba cercada al paso y extremadamente vigilada. Y el típico toro con cara de mala leche que simboliza optimismo, agresividad y prosperidad financieras. Era imposible hacerle una foto decente al toro. Innumerables turistas haciendo fila rodeando al astado de bronce para hacerse un retrato bien junto a la cara de mala leche del bicho, bien sosteniendo los cojones en su parte trasera, que de tanto roce tienen ya hasta un brillo especial.

El día también trajo consigo otras cosas, como el Rockefeller Center, la tienda de Lego, el Nintendo World, la de M&M’s, o las chocolaterías Godiva con sus increíbles batidos de chocolate helado, pero no me detendré. Solo diré que la tienda de M&M’s tenía tubos infinitos de sus lentejas de colores rellenas de chocolate que salían del techo y terminaban en un grifo para que fueras rellenando tu bolsita e hicieras caja a la salida. Intentamos mangar algunos ricos M&M’s pero estaba todo bien vigilado y lleno de gente.

Así es como uno se siente en NYC

Así es como uno se siente en NYC

Mientras tanto, Cristina, la amiga de Espe que había venido con nosotros ese día, estaba completamente decidida a ver un musical en Broadway. Nosotros no estábamos muy por la labor, y menos después de haber mirado en Internet los precios, que rondaban los $100, y preguntado en la red tkts situada en la misma calle del Theater District, y supuestamente con ofertas de última hora que también estaban por las nubes. Casi ya sin esperanzas y habiendo por fin entendido que ver un musical en Broadway es una de esas cosa que hay que hacer, Cristina propuso ir a preguntar directamente al teatro. Habíamos escogido Mary Poppins, básicamente porque ya llevaba tiempo y parecía el más barato, aunque nuestra intención inicial era ver El Rey León o el Fantasma de la Ópera, cuyos precios invitaban más bien a la disuasión que a la compra. Por fortuna la estrategia de la compra directamente en el teatro surtió efecto y de los $100 bajamos a $65 por persona, no en el mejor sitio, pero algo es algo. El día siguiente disfrutaríamos de un musical y una gran experiencia.

El Distrito de los Teatros están en Times Square, como el famoso Hard Rock Cafe, la tienda Bubba Gump (sí, la de Forrest Gump) y otras muchas cosas. Es la típica calle llena de luces que sale en todos sitios y de verdad alucina. Incluso si ya estás un poco curados de espanto y has visto sitios como Tokyo, no puedes parar de hacer fotos, mirar a las alturas y las luces, y sentirte como en la famosa película de Paco Martínez Soria. Lástima que haya millones de personas andando de un lado para otro en lo que es, junto al apestoso (sic) metro, el mejor reflejo del ritmo acelerado y trepidante de la ciudad.  Por la noche es mejor aun, pues las luces de todos los edificios, las pantallas gigantes y los enormes carteles publicitarios, iluminan la calle con una claridad artificial que hace que parezca que es de día. La oscuridad y las calles aun más repleta de gente provocan cierta inseguridad, pero nada del otro mundo. Debo decir que en ningún momento me sentí inseguro o con desconfianza. También es cierto que el sitio lo más peligroso por el que andamos fue a la vuelta camino a la estación de metro de Central Park, atravesando una zona un tanto chunga pero que se parecía muchísimo al barrio en que me crié. Supongo que de cierta manera eso hace que me sienta tranquilo en zonas así, y es que todo lo chungo tiene ese extraño y nostálgico sabor a hogar. A eso hay que sumarle algunas paradas de metro donde realmente no deseas estar a ciertas horas, entre el aspecto, lo desolado del lugar, el estado de abandono, la suciedad y los extraños seres que las frecuentan.

Cristina creyendo en la magia de Mary Poppins

Cristina creyendo en la magia de Mary Poppins

Y para terminar el interminable segundo día decidimos ir a Brooklyn, ver el puente y cruzarlo, en lo que al principio pudo ser una buena idea y resultó siendo un infierno mortal. Para movernos usamos el metro todo el tiempo. Puedes cruzar la isla de norte a sur en apenas media hora si buscas las conexiones apropiadas y bueno, con el pase MetroCard que cuesta unos $30 y es válido por 7 días puedes coger no sólo cualquier número de veces el metro, sino todas las líneas locales de bus y algunos ferris. Hacerse al metro y a Manhattan es muy fácil, pues las calles nombradas con números, las manzanas cuadradas, y los carteles de orientación para el oeste (con la W de West) hacen que orientarse sea pan comido (por supuesto nos perdimos un par de veces). Por nuestro hostal pasaba la línea 1, la roja, que muy al norte se divide en dos y llega hasta el Harlem. Hacia el sur llega hasta el puerto del Staten Island Ferry, por lo que como a mitad de camino tuvimos que cambiar para coger la línea azul, metros A y C, que nos dejaba al otro lado ya en Brooklyn. Cuando uno se baja del metro, lo primero que puede ver es cómo, tan sólo a 20 minutos, se puede cambiar por completo. Los rascacielos dejan paso a zonas ajardinadas, el bullicio a parques con fuentes de agua para los niños, y los atascos de taxis amarillos, a vías bastante tranquilas y espaciosas con carril bici. Sentí que Brooklyn podría ser un sitio para vivir, al meno la parte donde comienza el puente, que no es el real Brooklyn aun. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que en New York apenas había visto a niños, algunos pequeños, sí, pero en general la población daba la sensación de ser treintañera, nada de niñatos. Lo que me hizo sentir en mi sitio y desear pasar allí una temporada. Es como el sitio donde estar a esa edad. Será parte de la organización de las universidades y campus norteamericanos por la cuál las edades entre los 18 y los 25 están confinadas a las residencias estudiantiles en su mayoría. Otra cosa sorprendente es que todo el mundo habla español. Brutal. Y al parecer la inmigración dominicana es tan fuerte que incluso hay una sección denominada Spanish Harlem, en lo que sería el equivalente a conglomerados como Chinatown. El caso es que tras descansar pro Brooklyn decidimos cruzarlo andando, lo que son unos 30 minutos desde el principio hasta el final. Empezamos con energía, como todo, pero pasada la mitad del puente todo el cansancio se nos vino encima y ya no podíamos mar. La nota triste de esto es que me quedé sin fotografiar el puente como es debido, desde Fulton, al atardecer y con Manhattan al fondo. Pero bueno, habrá que volver.

Atardecer por el puente de Brooklyn

Atardecer por el puente de Brooklyn

Lo dejo aquí, que ya está bastante largo y luego esto no hay quién se lo lea. Ya contaré el resto en la última entrada antes de viajar a España, que en apenas 5 días ya estoy allí. Y nada más llegar y cenar con la family, a hacer la maleta de nuevo que ¡Praga nos espera!

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12 comentarios leave one →
  1. Fernando permalink
    Jueves, 26 julio, 2012 01:35

    Podría decir muchas cosas sobre este viaje pero solo diré una básicamente: tengo envidia cochina, de la mala vamos!!!! tengo ganas de verte bonal… hasta dentro de unos días…

    • Jueves, 26 julio, 2012 01:53

      Chonal, ojalá hubiéseis sido vosotros los que venían a Canadá para ir a New York (mejorando lo presente 🙂 ), te va a encantar cuando vayas.

  2. Mirian permalink
    Jueves, 26 julio, 2012 05:47

    No me podéis ver, pero me estoy arañando la cara….:(
    Me cabo de acordar de que no he mirado todavía mi boleto de la primitiva….

    • Jueves, 26 julio, 2012 05:52

      Niñatas me acordé ti varias veces, en Manhattan y cuando buscamos el barrio de Friends para dónde se rodó, pero no lo encontramos.

  3. Mirian permalink
    Jueves, 26 julio, 2012 05:49

    ya la he mirao…sigo sin poder ir a Nueva York

  4. Guillermo permalink
    Viernes, 27 julio, 2012 03:18

    New York se merecía una entrada larga y contundente como la que nos dedicaste con Perú… Me has dejao mas enganchado leyendo que Juego de Tronos!!

    Yo tambien soy de esos “catetos” que le encantarían ir a la Gran Manzana, supongo que años de peliculas y series ambientadas en ella, han hecho su mella. También, de la gente q conozco que ha ido alli, no conozco a nadie q no le haya gustado, como mínimo.

    ¿Has tomado muchas fotos? SI así fuera, vas a colgarlas anywhere? Pasasteis por el Madison? Os montasteis en algun mítico taxi amarillo y dijisteis eso de “siga a ese taxi”!!! Sufristeis alguna invasión alienígena?? Bruce Willis salvó la ciudad en algún momento?? XD

    Me alegro que lo hayas disfrutado y en el período que estes de tranquileo en Sevilla (especifícame cuando es, please) quedamos esta vez, sí o sí.

    Un abreizor!!!

    • Viernes, 27 julio, 2012 11:48

      Tomé un buen montón de fotos, y eso que sólo fueron cuatro días. Las iré subiendo a Flickr y cuando estén pondré por aquí el enlace. Por el Madison pasamos pero no entramos, otra de las cosas por hacer. Como lo del taxi, que aunque yo insistí en tomar uno, estábamos en sobreaviso de los precios y las clavadas, y no pude convencer a mis compañeras de viaje.

      Y bueno, no vi a Willis, pero sí a Iron Man y Spiderman en Times Square 😀

      Cuenta con ello, al menos un día de relax alamedero pa vernos.

  5. Sergio permalink
    Viernes, 27 julio, 2012 10:39

    Fantástica descripción de NY (me ha recordado a los Simpsons y el musical ‘me estoy desintoxicando’). Todo el mundo que ha visitado la ciudad han coincidido en que es tal y como la pintan. Serìa de las 3 ciudades que me encantaría ver de USA (con New Orleans y San Francisco), aunque me agobiaría con tanta peña.y eso. Tiene que ser una sensación brutal verse rodeado de auténticas moles de acero. Que pena que no pudiera hacer la foto del puente de Brooklyn tipo peli Manhattan, pero tiene que estar guapo de ver. Esperando la segunda parte. Espero que hagas una crónica igual o mejón de Praga 🙂 ¡¡Un abrazaco mamona!!

    • Viernes, 27 julio, 2012 12:20

      Hubiera pagado los $100 por el musical de “Me estoy desintoxicando”. Y sí, es exactamente como todo el mundo dice que es, pero lo que a priori podría provocar un sabor agridulce se convierte misteriosamente en un atractivo, pues pese a ser la misma para todos, es diferente para cada uno. Difícil de explicar.

      Cuenta con ello, la crónica de Praga is gonna be awesome!

  6. Viernes, 27 julio, 2012 11:17

    Me encantaría visitar Nueva York, todo el mundo habla genial de la ciudad. Pero eso sí, no dos días, que eso es casi una tortura para el montón de cosas que hay que ver. Mínimo, mínimo una semana, a poder ser dos. Como Tokio, que menos de 2 semanas es dejarte cosas en el tintero seguro.

    • Viernes, 27 julio, 2012 11:31

      Me acordé mucho de ti por las grandes fotacas que se pueden sacar. Yo estuve cuatro intensos días y sin duda no es suficiente. Una semana completa mejor que mejor. Avísame cuando vayas que me apunto del tirón.

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