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Un poco tarde, pero gracias a todos por mis vacaciones

Martes, 25 septiembre, 2012


(Un poco de música para ambientar)

No he tenido tiempo ni de pestañear. Para cuando me quise dar cuenta ya estaba de nuevo de vuelta en Canadá, con un intenso e interesante año por delante.

Sé que aun os debo la segunda entrega de la crónica del viaje a New York, que llegará. Pero antes quisiera hacer un breve resumen de todo lo que he vivido en estos 30 días de vacaciones absolutas en Agosto. He esperado a tener subidas algunas de las imágenes de los viajes, que han sido muchos, pero cuando lo hube hecho entendí que no iba a poder poner más que unas pocas. El testimonio gráfico, si bien ingente, es imposible de replicar en una entrada de blog.

New York sirvió como adelanto de lo que sería el mes siguiente. Como ansia viva que soy para algunas cosas, sobre todo si están relacionadas con el tiempo de asueto, me demoré como un mes en planificarlo y organizarlo todo. La primera parada en el viaje fue la visita a Canada’s Wonderland, el parque de atracciones y acuático a las afueras de Toronto. La idea era alquilar un coche e ir en él desde London a Toronto el mismo día que teníamos el vuelo, aprovechando que éste salía aproximadamente a las 10 de la noche. Fue un reventón pero valió la pena. Con los contratiempos típicos y los olvidos varios, pudimos disfrutar de un buen día, caluroso y soleado. Nos montamos en la nueva atracción, Leviatán, que hace honor a todos los comentarios: es vertiginosamente acojonante. Luego pasamos el resto del día en la parte acuática, los toboganes, los donuts, la piscina de olas, etc. Lo pasé como un niño chico. Y aunque íbamos un poco a la aventura, pues siquiera sabíamos si había o no duchas habilitadas, finalmente conseguimos quitarnos un poco el agua super clorada del recinto y tomar nuestro camino al aeropuerto cuando ya casi atardecía. Parece que fue un buen augurio que lo pasáramos tan bien allí.

Una vez en Sevilla, sin contratiempos de ningún tipo puesto que no pasamos por Estados Unidos, lo primero fue visitar a la familia a la que ya tenía muchas ganas de ver. Me recogieron en Santa Justa mientras que Espe iba de camino a Málaga donde la esperaba su madre. Casi lo primero que oí fue que mi hermano mayor se iba a casar, así que me quedé un poco petrificado. Me cogió totalmente por sorpresa, aunque no sería la única noticia bomba que recibiría. Realmente me alegro por él, aunque sigo sin comprender bien esa cosa de contraer matrimonio así en general. Cada cuál tendrá sus motivos, imagino, y espero que vayan un poco más allá de la simple celebración y el ritual. Mi hermano, por ejemplo, va a evitar tener el típico bodorrio en una iglesia.

Así en foto hasta no parece tan mal barrio

Así en foto hasta no parece tan mal barrio

Esa noche la pasé en casa de mi hermano con toda la familia reunida. Qué maravilla poder reírte con los tuyos. Es cierto que entre mis hermanos siempre nos damos tela de caña unos a otros, pero es también la mejor forma de desestresarte y desconectar. A decir verdad yo estaba un poco cansado del vuelo y el desfase horario, así que me fui a dormir relativamente temprano.

Pasado un día de mi llegada tocaba irse a Praga con Sergio y Sixto. De hecho, dentro de mi maleta grande de viaje, llevaba otra maleta más pequeña, de mano, y preparada para ir a la República Checa y así ahorrar tiempo. Me dio muchísima alegría ver a los dos la noche antes y tomarme un fantástico cubata. Ni recordaba el sabor del Barceló y cuán abundates sirven en España las bebidas alcohólicas.

Creativa la turista que nos tomó la foto en la Casa Danzante

Creativa la turista que nos tomó la foto con la Casa Danzante al fondo

Praga es tan bonita que cuesta creerlo. Es una pequeña gran obra de arte. Cada calle y cada rincón rezuman un encanto difícil de explicar pero que sólo puede sentirse en el Este. Lamentablemente, agosto es el mes de los turistas por antonomasia en toda Europa, y la ciudad estaba literalmente vacía de transeúntes locales y asquerosamente atestada de extranjeros como nosotros visitando todo lo que tiene que ofrecer. De ahí la sensación agridulce de la visita. Es preciosa, para disfrutarla tranquilamente y sin agobios. Casi en soledad en algunos momentos. Romántica en esencia, la cantidad de gente contrastaba con su embriagadora atmósfera. Seguro que durante el año es muy diferente. Una pena no haber podido ver esa faceta.

Disfrutamos mucho y nos dimos todos los pateos habidos y por haber. Vimos la puesta de sol en la ladera de los viñedos del Castillo de Praga y, otro día, con vistas al poderoso Moldova desde los jardines al sur en Vyšehrad. Visitamos la un poco decepcionante Calle del Oro, donde supuestamente vivió Kakfa, el Parque Kampa y sus extrañas esculturas de los bebés gigantes sin cara (eso de los bebés es raro, la torre Žižkov también tiene bebés escalado por ella, y son bebés alienígenas (sic!)); así como el minúsculo Niño Jesús de Praga, que al parecer vino de Canarias, o el muro de Lennon, que no es más que una pared con pintadas en la que alguna vez hubo un retrato y letras de los Beatles. Y bueno, todo lo que es, en definitiva, merecedor de visita. ¡Ah! Eso sí, el famoso puente Karlův most estaba prácticamente intransitable de la vasta cantidad de personas que a todas horas lo andaban cruzando.

Alguien pidiendo en el Puente de Carlos

Alguien pidiendo en el Puente de Carlos

Pero bueno, aun con toda la sensación de ciudad artificial construida para el turista, es un lugar que vale la pena visitar. La comida, en cambio, es bastante regulera y no demasiado barata. El plato estrella es el pollo con patatas, aunque en algunos sitios comimos bastante bien, como en Potrefená husa Hybernská, el sitio más checo en que estuvimos y cuya comida estaba realmente rica. Otro lugares dignos son el Kavárna Velryba, o la fantástic pizzería Kmotra en la que creo que comimos hasta tres veces. El famoso U Fleků no es sino una trampa para turistas al uso, vamos, de libro. Uno entra allí, le consiguen un asiento, y acto seguido un tipo comienza a traer cerveza, muy muy rica por cierto, y a apuntar cuántas llevas en un papel. Hasta ahí todo normal. El truco comienza cuando llegan las bandejas de chupitos a los que aunque parezca que te invitan en realidad tienes que pagar. Y lo mismo con la cerveza. Si no les dices que no insistentemente, te plantan otra de sus deliciosas y caras birras. Claro, si no te percatas de eso, te plantas con una papa como un piano y una factura para flipar. Así que sólo entramos a probar la cerveza negra que ellos mismos preparan, que es casi un zumito, y a cenar un buen goulash fuimos a otro más cercano, menos turista y más cutre. Pero bueno, el goulash estaba muy bueno. El nombre del sitio, a tan sólo 200 metros del U Fleků es U Mateje Kotrby.

Millones de turistas esperando para ver el cambio de hora del Reloj Astronómico

Millones de turistas esperando para ver el cambio de hora del Reloj Astronómico

Un apartado especial merece la noche praguense. Pese a las hordas de turistas, pudimos hacernos una idea de cómo debe ser la vida nocturna. Pero la sensación de que la ciudad está corrompida por la occidentalización es omnipresente. Al pasar por el centro, digamos, por la plaza del Reloj Astronómico y la Torre de la Pólvora, el flujo de personas ofreciéndote locales, drogas y putas es incesante y un poco abrumador. Llega a ser tan cansino que a veces intentábamos tomar caminos alternativos para evitar el asedio.

Por supuesto, en este viaje como en casi todos, hubo sus personajes: Pekinesova, Muñeco Diabólico Chuky, La Camarera Nazi, Mr. Conocimiento del Cementerio, los adorables Xilófono y Acordeón, etc. Pero si hubo un personaje por encima de los demás, ese fue sin duda la camello del Cross Club. Creo que visitamos, o al menos intentamos visitar, todos los locales, pubs y discotecas de los que teníamos una mínima referencia. De hecho salimos desde el primero hasta el último de los días de nuestro viaje, incluso cuando cada mañana decidíamos que hoy no íbamos a salir, al llegar la noche, salíamos a ver el panorama. Durante el año Praga debe ser una ciudad alucinante para vivir, al menos en lo que a opciones se refiere. Puedes encontrar desde sitios como el Propaganda, tranquilón, con una decoración chulísima y para tomarse unas copas con los amigos, hasta sitios como el Temple Klub, en cuya última planta había un puti y te hacían descuento si entrabas a la discoteca, todo un poco obsceno, la verdad. Algunas se nos quedaron en el tintero, como la Misch Masch o la Infinity, demasiado lejos, o Le Mirage Club, al que fuimos casi corriendo tras enterarnos que ese día había una fiesta, atención, breakbeat. Y es que claro, tras algunas rondas de Slivovice y Becherovka caminamos como embrutecidos las calles de Praga desde el Palác Akropolis en que estábamos, muy chulo pero poco animado, al solo escuchar la palabra breakbeat. Qué cosas. Yo diría que hubo dos grandes errores en nuestras aventuras nocturnas. El primero y más garrafal fallo fue abandonar el Cross Club la noche en que fuimos, quizás el mejor sitio, pensando que el SaSaZu iba aser mejor y resultó ser una boñiga pija a la que ni entramos. El Cross Club, pese a no haber estado mucho tiempo y estar en la quinta hostia, es el más chulo de todos los sitios. Con un exterior construido a base de metal y piezas de desguace, por dentro, entre las varias salas o estancias que tiene, hay mecanismos que recorren las paredes incesantemente y que te dejan totalmente atrapado mirándolos. Eso sin contar las dos salas puras de bailoteo en las que podías elegir entre el plasta dubstep y algo un moco más bailongo aunque machacón. El ambiente era un poco, digamos, entre poligonero y underground, lo que no nos desagradaba lo más mínimo porque por lo demás se estaba bastante a gusto y sin problemas. Fue en uno de esos momentos en que salimos a la terraza a tomar el aire cuando, como si fuésemos polluelos indefensos, se nos acercaron dos chicas jóvenes. Una de ellas no sabía nada de inglés, la otra lo chapurreaba y estaba un poco pirada. Como pudieron se hicieron entender y básicamente nos ofrecieron, de nuevo, drogas. Esta vez con el aliciente de que a ella, la más habladora, no le gustaba tomar sola y quería compartir, lo que normalmente se hacía compartiendo la sustancia, LSD según nos contaba, mediante un beso. Y no sería nada del otro mundo de no ser por la situación tan extraña en la que la chica, intentando hacerse entender, nos explicaba el proceso entre carcajadas destartaladas. Incluso nos ofreció fumar en una especie de pipa de cristal de Bohemia, cortesía de la casa esta vez.

Camino al hostal desde el Castillo de Praga

Camino al hostal desde el Castillo de Praga

Otro de los sitios nocturnos interesantes fue el Nebe Křemencova, literalmente Paraíso, y que Sixto adoró desde el minuto uno, pues era una reencarnación de los garito sevillanos de moda que tanto le gustan. El ambiente no era malo del todo, aunque sí muy de pechitos y tacones. También pasamos por el Roxy, un pedazo de discotecón en el que la música era demasiado taladro y el día que entramos parecía ser una fiesta gay, pues prácticamente sólo había hombres. Por último, creo que no me dejo ninguno, está el Chateau L’Enfer Rouge. Es, como todos los demás, subterráneo, y este de dos plantas hacia abajo más la primera que es un bar. La música no era especialmente buena ninguno de los días que pasamos. Pero claro, en una de las ocasiones nos cogimos la papa del fin de los días y poco nos importó la calidad musical. Salimos de los últimos, conocimos a una pareja formada por una peruana y un alemán y estuvimos con ellos buena parte de la noche hasta que nos amaneció. Qué ganas de poder estar en un garito hasta que se hace de día, ya lo echaba de menos, aunque no esté para estos trotes dada mi avanzada edad. Y casi me olvido, la Karlovy Lazne es poco chusta, no recomendada a no ser que vayas con la idea de pillar cacho con alguna guiri niñatilla.

Escaparate con máscaras, cerca del Puente de Carlos

Escaparate con máscaras, cerca del Puente de Carlos

Siento ser tan desordenado, pero mi trabajo me está costando recordar todo esto sin dejarme la mitad perdido en el cerebro. Otro de los días nos acercamos al Osario de Sedlec, en Kutna Horá. Una alucinante capilla decorada con huesos humamos. La historia cuenta que en algún momento, el Papa de aquel entonces, pasó por las tierras de Sedlec y bendijo la capilla del pueblo. Desde ese momento, todos los habitantes de los pueblos de alrededor decidieron quisieron ser enterrados en Sedlec. Claro, resulta que el espacio de que disponían era bastante limitado y un buen día, el alcalde de la ciudad se encontró con el problema de qué hacer con tantos cadáveres y huesos, así que le propuso a un artesano del pueblo que hiciese algo con ellos.  El buen artesano tuvo a bien coger tantos huesos como pudo y disponerlos como decoración de la capilla, creando desde una impresionante lámpara hasta las letras con las que los mensajes están escritos en las paredes. Una colosal y tétrica obra de arte. La atmósfera de la capilla está enrarecida y da un poco de mal rollo. Pero sin duda vale la pena visitarlo por lo impresionante que resulta, y por la aventura que es coger un tren y bajarte en un sitio donde no hay ni un solo cartel en inglés y todo el mundo habla sólo una lengua, el checo. Apartarte de la aglomerada Praga por un día fue una buena opción, sin duda.

Sedlec Ossuary, Kutna Horá

Sedlec Ossuary, Kutna Horá

Y bueno, poco más cuento hoy y aun me quedan aun tres semanas de vacaciones por relatar. Una cosa sí puedo definitivamente decir, si tuviese que elegir y aunque no venga al caso, me quedo con Budapest. Espero poder contar el resto, así resumidamente, antes de que acabe el mes. Un abrazo.

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8 comentarios leave one →
  1. Sixto permalink
    Martes, 25 septiembre, 2012 01:31

    Crep que no te has dejado nada….quizas podrias haber subido la foto de pekinesova….

    P.D La foto en la que salimos los 3 la usaremos como portada si algun dia sacamos a la venta algún disco de Rap

    • Martes, 25 septiembre, 2012 04:17

      XDD Aquí va la foto de Pekinesova, aka Michael Jackson en Thriller

      • Sergio permalink
        Viernes, 28 septiembre, 2012 08:10

        Jajajajajaja, grande Pekinesova.

  2. Martes, 25 septiembre, 2012 07:15

    Yo estuve en Praga y en Budapest en 2009 y coincido con todo lo que has comentado: Praga tiene mucho encanto, pero es ya excesivamente turística. A mi también me gustó más Budapest.

    • Domingo, 30 septiembre, 2012 05:11

      Ahora me queda conocer Bucarest y decidir entre las 3 grandes capitales del este.

  3. Sergio permalink
    Viernes, 28 septiembre, 2012 08:03

    Pues la verdad que ha sido acertada todo lo que has dicho en esta entrada, muy buena memoria. Pekinesova sin duda fue la gran triunfadora del viaje, aunque la Chuky hizo realmente mérito. La foto del reloj astronómico me ha hecho gracia: con tanta gente con los brazos en alto parece que estaban viendo una sesionaca de Paul Van Dyk XD. Yo también soy de los que preferería Budapest a Praga, pero es que es eso del turisteo agosteño es una gran trampa. Yo me quedo, sobre todo, con Visehrad, vaya sitio guapo.

    Se te ha olvidado un personaje ¡¡Boquita de piñón, jajajajaja!!

    ¡¡Un abrazo!!

    • Domingo, 30 septiembre, 2012 05:12

      Boquita de piñón over! Lo tenía en la mente pero al final me olvidé de ponerlo. Dita sea!

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