Skip to content

La importancia de las pequeñas cosas

Domingo, 30 septiembre, 2012


(Y lo peor es que hasta lo bailamos…)

Como bien señala Sergio, olvidé mencionar a Boquita de Piñón «Over», que si bien no fue un personaje de la realidad checa, nos acompañó cada día poniendo una banda sonora inigualable. Y si Gus Gus puso música al viaje a Praga, la cosa fue decayendo en los sucesivo. El road trip en caravana será recordado por el Epic de Tiësto; y ya el de Canarias por el lamentable Takata. Del Epic un usuario de YouTube dijo: «es imposible que esto lo haya hecho tiesto…parece que lo he hecho yo que no tengo ni idea de mezclar canciones…tiesto lo hace perfecto…nunca publicaria una cosa semejante». Poco más que añadir.

Tras regresar de Praga estuve en Sevilla algunos días y vi a unos pocos de los pocos que aun quedan por allá. El fin de semana estaba planeado ir a Conil, a una casa un poco apartada de la playa –a unos 10 minutos en coche de El Palmar–, pero que era para nosotros solos. La casa estaba bastante bien: 3 habitaciones, una cocina completa, un buen patio con sillas y mesa, una barbacoa y sitio para aparcar como 3 coches. Fuimos toda la family y disfrutamos de sol, playa, carnaca y compañía. Qué falta me hacía todo, sobre todo el sol.

Mi cara cuando llegué a España a final de julio

Mi cara cuando llegué a España a final de julio

Pensándolo bien quizás mi familia se reúne quizás un montón, no sé con qué frecuencia lo hacen las demás, pero yo echo mucho de menos poder hacer eso. La posibilidad de que estén cerca y una tarde llamarnos y quedar todos para cenar es una de esas pequeñas joyas que no puedes disfrutar estando en otro país. Y es que si por algo han destacado las vacaciones ha sido por ese tipo de pequeños detalles, entre nostálgicos y tristes, que te hacen ver lo lejos que estás de los tuyos y de tu cultura. El idioma, por ejemplo, fue un redescubrimiento. No es que aquí en Canadá no hable español, sino que el español que hablo es muy diferente del que solía, está alterado, está transformado. No es el habla de mi familia, ni el de mis amigos más cercanos. Adoro las palabras y expresiones que sólo tienen sentido en esos ámbitos tan concretos y definidos y que hacía ya meses y meses no usaba ni oía: vejación, pitraco, niñato, ande vá, hí ome, un moojón, jartá, pirriaque, priva, gorfo, jardaso, colleja, guantona, rempujón, cobertó, talega, arvellana, cuarto y mitá, chuchurrío, tangana, peío, camballá, arrejuntarse, mojino, miarma, venpacá, arfavó, tesquieiyá, etc. En fin, un retahíla del copón, vamos, que lo iba necesitando para no perder la conexión con mis raíces. También ayudó que justo al llegar viese dos grandes películas hechas por sevillanos y casi que para sevillanos también: Carmina o revienta y El mundo es nuestro. Ambas una maravilla en su estilo y 100% recomendables. Eso sí, si no eres de Sevilla igual no tienen tanta gracia.

El fin de semana hubiese sido perfecto de no ser porque a última hora a la dueña de la casa se le metió en el coño quedarse con nuestra fianza porque, según nos contó, nos estuvo vigilando su hermana que vivía en la casa de al lado para ver que no metíamos a nadie más de la cuenta en la casa. De la fianza de 200€ se quedó, así con sus argumentos de mierda, con 100€. Según ella habíamos incumplido el acuerdo verbal, que no contractual pues el arrendamiento no tenía contrato, y estimó oportuno quedarse con la mitad de la fianza. Es cierto que una noche durmieron mi hermana y su novio, pero de ahí a sacar de quicio todo y quedarse con la fianza estando la casa incluso más limpia que nos la encontramos y en perfectas condiciones había un paso enorme. Así que el día de la vuelta comenzó el rifi rafe, voces por ahí, gritos por allá, manos al aza, amenzas sinuosas. Una maravilla, vamos. Al final, como la señora se negó en redondo a devolvernos nuestro dinero, se presentó la policía local a ver qué pasaba, Obviamente resolvieron una mierda. Y de ahí nos fuimos a poner una denuncia formal a la Guardia Civil de Conil, quiénes nos contaron, sorprendentemente, que ése era le modus operandi de muchos propietarios durante el verano: aprovecharse de quiénes van a pasar unos días de vacaciones y después, alegando cualquier motivo sin sentido, robarles la fianza. Y como la mayoría de los arrendadores vienen de lejos y con el tiempo justo pues no pueden permitirse el lujo de perder horas o incluso días reclamando su dinero. Parece que a estas sabandijas les funciona porque los agentes reconocieron que no daban a basto con las denuncias y que, aunque tomara su tiempo, debíamos denunciar, que era la acción correcta para que rateros de ese calibre no saliesen impunes. Así lo hicimos, pusimos la denuncia y ya a esperar el lento ritmo de la justicia. Por otra parte pusimos en sobre aviso al gestor de la web de enlaces en la que conseguimos esta casa a las afueras de Conil. Se portó increíblemente bien, pues al fin y al cabo a nadie le conviene publicitar a gentuza que roba a sus clientes. No supimos más de la señora en unos días, hasta que una mañana llegó un giro postal proveniente de esta persona con el resto de la fianza. Por suerte todo quedó resuelto, aunque claro, el mal trago al final de la jornada no nos lo quitó nadie. Eso sin contar la otra gran estafa del fin de semana en un bar de Conil del que tristemente no recuerdo el nombre y en el que servían, literalmente, un plato de chocos con 6 putos chocos a 6 putos euros. ¡A euro el choco! Vamos, cuchillada en toda regla. Podéis imaginar el resto de la comida. Sí, claro que la carta tenía los precios, pero jamás imaginamos que siendo un sitio costero los precios serían de ese talante.

La cara de mi pobre hermano tras enterarse de que nos querían robar la fianza

La cara de mi pobre hermano tras enterarse de que nos querían robar la fianza

En fins, ratalimañas las hay en to los laos, supongo. El lunes siguiente, o martes, no recuerdo muy bien, pude por fin encontrarme con Jesús, al que hacía ya más de un año que no veía. Él y Ana, su novia, eran dos de los componentes del inminente viaje en autocaravana por el norte de España. Lamentablemente sólo uno de los dos pudo venir al final. Cuando íbamos Sergio, Jesús y yo a ver la caravana a Fauca (quiénes merecen comentario aparte) con la idea de ver el espacio de que disponía, cómo era la ducha y cosas por el estilo, recibí la otra gran noticia bomba: él y Ana iban a ser padres. No puedo negarlo, no me lo tomé bien. De hecho necesité días, muchos días, para asimilarlo. Mi primera reacción fue total y absolutamente egoísta, pensé en mí, en que esa era la señal inequívoca de que un capítulo de mi vida se cerraba, y en que no había podido disfrutarlos nada en los últimos 2 años. Primero en el festival en el que se hicieron pareja, que como podrán imaginar no es que estuvieran para nadiea; luego  el año pasado no coincidí con ninguno porque se mudaron a Manchester días antes de que yo llegara en agosto; y ahora esto, motivo por el que obviamente Ana no iba a poder venir y que bueno, significaba, aunque digan que no, el final de una época, de una era. Ya no iba a poder nunca más disfrutar de ellos de la misma manera. Sé que es infantil, pero es lo que hay, es un proceso y he de pasar por él hasta asumirlo. Y eso, aunque sea lo más egoísta que nunca he hecho, fue lo primero que sentí. Que me los arrebataban. Nada más lejos, en realidad. Ahora, con un poco de perspectiva, veo que es lo que tiene que ser. Yo, con mi analítica forma de pensar, no puedo evitar verlo como algo que en el fondo estaban deseando, porque de lo contrario no tiene otra explicación. Ella con un trabajo no muy bueno y un poco cansada del aislamiento de la inmigración, él poco a poco mejorando en el suyo como camarero y con opciones a estudiar un máster que podría abrirle puertas. De repente todo se paraliza, lo quieran o no, y aunque ni ellos mismos lo reconozcan, tener un hijo debe ser algo que anhelaban en un desquiciado y romántico escondrijo de sus corazones. ¿Así es como debe ser? ¿Crecerse ante la adversidad? ¿Que el bebé llegue en momentos difíciles para hacerlos fuertes? ¿Tomarse las cosas con filosofía y como vienen? De puta madre por ellos, me alegro de verdad, sobre todo si ellos también están felices, y tendrán todo mi apoyo en lo que necesiten, por supuesto, pero me fue imposible tomármelo bien a la primera. Seguro que les va genial, de eso no me cabe duda. Nadie, salvo algún que otro animal, se arrepiente de tener un hijo, en la circunstancia que sea, por lo que mis argumentos de hoy serán seguro inválidos y ridículos mañana. Pero no quiero dejarlos pasar y es mejor que queden por aquí para poderlos leer algún día y reírme de mí mismo, de mi ingenuidad y mi estupidez.

Así que Ana quedó fuera del viaje, y Mari Ángeles, la otra componente indecisa del viaje, hizo la técnica de «me voy al pueblo y así no tengo que aguantaros pidiéndome que vaya una y otra vez», por lo que nos quedamos cuatro tíos con una caravana reservada para seis personas. Al final pudimos convencer a Migue para que se uniera a nosotros y fue un verdadero acierto. Comenzamos el viaje con una parada de rigor en Monesterio, donde compramos una caña de lomo y un lote de ibéricos con queso, chistorra, morcón, fuet, chorizo ibérico, salchichón ibérico, morcilla y panceta. Era tan brutal que nos alimentamos básicamente a base de grasa de cerdo durante casi todo el viaje. Y menuda maravilla, vamos, que anda que no echaba yo de menos la grasita del cerdo reconvertida en nutritiva chacina. Aun recuerdo el sabor y el olor del morcón, o la atmósfera de la tienda, o el delicioso queso. Una de las mejoras cosas del viaje.

Morcón y Cruzcampo, ¡qué combinación!

Morcón y Cruzcampo, ¡qué combinación!

Después de Monesterios la primera parada de rigor fue en Salamanca, más que nada para dormir y coger fuerzas para el día siguiente, ya que el plan era, más o menos, llegar hasta el norte y una vez allí movernos del oeste al este. Salamanca es una ciudad muy bonita, estudiantil, y pequeña. Al menos eso me pareció a mí. El centro histórico se ve bastante rápido. Y al ser agosto tampoco había demasiado trasiego, pues al contrario que otras ciudades, al ser universitaria imagino que se medio vacía en verano. Dormimos un poco apartados pero bastante cerca andando, lo que es todo un logro teniendo en cuenta el tamaño de la caravana. En ratas no hay quien nos gane, de hecho no pagamos por dormir en ningún momento del viaje y siempre conseguimos aparcar en sitios decentes sin tener que preocuparnos demasiado. Al día siguiente fuimos directos a Santiago de Compostela, con una pequeña e inesperada parada en el lago Sanabria, en Zamora, que es lago glaciar más grande de la península. A mí lo de glaciar me sonó un poco mal, pero después del a experiencia de los lagos canadienses el agua de Sanabria estaba buenísima. El chapuzón nos sentó de maravilla y una vez cogidas fuerzas tras la correspondiente almuerenda, nos pusimos camino a Santiago.

Cara de satisfacción ante el inesperado lago de Sanabria

Cara de satisfacción ante el inesperado lago de Sanabria

No era la primera vez que visitaba Santiago de Compostela. Allá por 2007, creo, mi frustrado intento de hacer el camino primitivo de Santiago terminaron precisamente ahí. Algún día volveré y lo acabaré, quién sabe cuando. Quizás, lo que más me gustó de Santiago fue el ambiente y la gente. Conocimos a unas personajes que nos recomendaron algunos garitos auténticos. Justo el tipo de bares que una vez hubo en Sevilla y que ahora están en verdadero peligro de extinción, apenas quedan uno o dos ejemplares. Todo un poco punkarra y underground. Aunque por supuesto también podías entrar a bares de otro rollo, si querías, claro. Lástima que casi ninguna noche llevásemos la cámara encima.

Catedral de Santiago de Compostela

Catedral de Santiago de Compostela

Fue precisamente a una de estas chavalas a la que le preguntamos por algún sitio interesante para ver. Nos contó que había un sitio guapísimo llamado Estacada de Bares, donde el Mar Cantábrico se une con el Océano Atlántico y que valía la pena verlo, pues no era muy turístico y mejor aprovechar que estábamos allí. Así lo hicimos. A la mañana siguiente, no muy temprano, tomamos camino para Mañón, el municipio en que estaba Estaca de Bares, y de camino descubrimos Porto de Bares, un pueblo pequeñísimo en la costa y encantador. Así que tras echar un vistazo a ver si había alguna forma de dejar la caravana por ahí cerca de la playa, nos topamos con que eran las fiestas del pueblo y por esa vez se permitía dejar las caravanas e incluso acampar justo entre la playa y el «estadio minucipal», en un parque. Fue otra de las grandes cosas del viaje. Llegar de repente a un pueblo perdido del norte de España, al menos desde el punto de vista andaluz, y que estén fiestas. ¡Y qué fiestas! Haciendo gala de una hospitalidad sin igual, que sería la tónica de todos los sitios que visitamos, el mismo alcalde si no recuerdo mal, nos dijo que había sardinas y vinos blanco y tinto gratis, que corriéramos a comer. También nos encontramos con el delegado de fiestas, que era otro personajazo, y otro tipo, más de nuestra edad, que estuvo mucho tiempo hablando con nosotros. Al principio, por educación y vergüenza, ni nos acercamos, pero a medida que avanzaba la noche el olor de las sardinas y la tentación de alcohol gratis fue demasiado fuerte. Como podéis imaginar acabamos comiendo sardinas, de las más ricas que he probado, como si no hubiese mañana, y bebiendo vino a mansalva. Al final los que cocinaban nos dejaron un cajón lleno de sardinas porque ya éramos los únicos del pueblo que seguían comiendo. A todo esto decir que el pueblo no sería de más de 200 personas, o al menos no había en la celebración más de esa cantidad. Tras la inconmensurable ingesta e inminente papazo de varde,  llegó la queimada. Según nos contaron, y extraído de la Wikipedia, «todo el ritual de preparación está dirigido a alejar a los malos espíritus y a las meigas que, según la tradición, acechan a los hombres y mujeres para intentar maldecirles ya sea por diversión, por venganza, por algo que han realizado anteriormente, o por cualquier otro motivo». El caso es que una bebida preparada a base de aguardiente en las ocasiones festivas en Galicia. Es bastante fuerte, pero al tomarse caliente y llevar otros aditivos lo cierto es que entra como el agua. Y por si aun fuera poco, tras unos primeros sorbos, también gratuitos (sólo pagamos por la pequeña taza de barro donde la bebíamos, que además sirve de recuerdo del pueblo), decidimos ir a la caravana a tomarnos unos tientos de Absenta y Becherokva. A la vuelta continuamos con la queimada, haciendo realidad aquello de coger el brazo cuando te dan la mano. Así acabamos como acabamos…

Paposis

Paposis

Viajar en caravana ha sido una verdadera experiencia. Lo recomiendo a todo el mundo, desde el más tiquismiquis al más perroflauta. Si bien es cierto que has de elegir bien con quiénes vas (como en cualquier otro viaje), no lo es menos la de cosas curiosas que aprendes de ti y de los demás. También es interesante estar en un entorno en el que el agua es un bien muy preciado, pues el depósito de la caravana es finito y una vez se agota hay que ir a rellenarla a la estación de servicio más cercana que tenga manguera. Fue cuando me di cuenta de la cantidad de agua que se malgasta diariamente en tareas tan cotidianas como fregar los platos o darse una ducha. El aseo, en concreto el váter, es otro tema escabroso. La caravana, al igual que para el agua sucia, dispone de un depósito al que van a para las heces, vamos, los mojonacos, de todo aquél que haga de vientre en el reducido cuarto de baño con el que cuenta la caravana. Obviamente el depósito tiene un límite de capacidad, que no es mucho, y periódicamente toca vaciarlo. Los disolventes funcionan bastante bien, pero hasta que no sean capaces de convertir aquello en colonia, la experiencia seguirá siendo de lo más desagradable del viaje.

Y bueno, lo dejo aquí que ya está otra vez quedando esto demasiado largo. A ver si en la última entrada termino de contar el mes de agosto y os relato algo de mi aburrido en los social pero ocupado en los profesional mes de septiembre 🙂

Migue apurando las últimas goteiras de queimada

Migue apurando las últimas goteiras de queimada

Anuncios
2 comentarios leave one →
  1. Juan permalink
    Miércoles, 3 octubre, 2012 03:16

    Hijos de puta los caseros!! anda k yo me voy de alli sin el dinero!
    Pd: Me encantan las tanganitas, y mas si son en familia XD

    • Miércoles, 3 octubre, 2012 03:51

      Jajaja, hombre, tú ya sabes que yo es oír la palabra tangana y acordarme de mi compadre 😀

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: