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Vacaciones Santillana

Lunes, 19 agosto, 2013


(Y sí, ésta fue la canción más sonada en San Fermín 2013, puag! :X)

Bueno, bueno. Vaya verano intensito que he tenido. Casi ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que escribí por aquí antes de la entrada de la boda de mi hermano.

Me quedé, si mal no recuerdo, en el viaje a Chicoutimi, y poco pasó después. Bueno, sí, hicimos el examen del IELTS, el maldito examen del IELTS. Yo saqué un 7 de 9, con lo que ya tengo ese requisito del programa cubierto (además de poder ya optar a la residencia permanente en Canadá). Pero Espe se quedó a medio punto y ahora está esperando la fecha para repetirlo.

Al poco llegó ya por fin la hora de irnos a España. ¡Ueeeee! Nuestro vuelo, que salía directamente desde London, tenía escalas en Ottawa, Frankfurt y Madrid, y luego un AVE nos llevó hasta Sevilla. Qué viaje más largo y pesado. Y eso que las escalas no eran muy extensas.

Al día siguiente de llegar a España fue la boda de mi hermano. No es ningún secreto que si algún día me caso será por cuestiones prácticas, y por lo civil, obvio. Y si puede ser sin celebración mejor, pues si el rito sólo responde a la pragmática no tiene mucho sentido celebrar nada. El caso es que mi hermano hizo lo propio, primero una boda civil y luego una celebración. La parte civil fue en el Juzgado de Paz del pueblo, y la casamentera parecía que había desayunado con Chiquito, haciendo chistes y gracietas mientras nosotros reíamos mitad forzados por lo ridículo de la situación, mitad llevados por el deseo de que nada saliese mal. Pero la verdad es que la tía se lució. Primero confundió de nombre a la novia, y luego hizo una comparación un tanto estúpida que es mejor no repetir. En ese punto lo único que queríamos era ya salir de aquella sala y poder ir a comer ricos manjares. Ese almuerzo fue sólo para nosotros, los hermanos y las parejas de los hermanos. Y la comida estuvo bien buena. Ya al día siguiente se hizo la celebración propiamente dicha, aunque tampoco fue una boda multitudinaria, y es que es absurdo hacer que la gente venga a tu boda casi por compromiso. Lo que hizo mi hermano y su mujer es lo mejor: una celebración pequeña con los hermanos, amigos y sólo los familiares más cercanos.
Y es que siendo realistas, ¿qué sentido tiene invitar a nuestros 2000 primos si la última vez que hablé con uno fue en 2001? Ninguno…

La boda fue muy bien. Fue más una cosa familiar que algo grande. El sitio muy bonito y elegante. Y la comida estupenda y adecuada. Ni sobró ni faltó nada, al menos a mi modo de ver. Así que ese fue el plan. Comer, beber y pasarlo bien en familia y amigos cercanos.

La pequeña Lucía

La pequeña Lucía preguntándose quién era la de la voz aguda que la sostenía

Ana con la cara embelesada

Ana con la cara embelesada

Jesús pensando en si comprarse un helado o no

Jesús pensando en si comprarse un helado o no

Un par de días más tarde volvimos a volar, esta vez Inglaterra como destino. Primero tomamos un AVE hasta Málaga, y luego un avión para llegar a Manchester, donde algunos de nuestros amigos están viviendo. Entre ellos Durán y Sergio, y por supuesto, Jesús y Ana, que acaban de traer al mundo a una nueva criatura, Lucía. Fue bastante brutal ver a ese pequeño ser y cómo les ha cambiado la vida a los dos. Ana ya era madre, pero Jesús no, y se le ve super padrazo y concienciado. Es evidente que se esfuerza por darle lo mejor a su hija, y no me refiero a lo material, sino a valores en los que criarse y nociones morales con los que desenvolverse. Lo que a veces, se quiera o no, puede entrar en conflicto en la pareja, y bueno, no se trata siempre de convencer al otro de que tu enfoque es mejor, sino de ceder y aunque no estés totalmente de acuerdo, aceptar a la otra parte de la educación de la niña. Es mi opinión nada más, y ya sabemos lo que pasa con las opiniones. Además es algo que no sabré bien hasta que no me toque a mí en primera persona, que quién sabe, igual ya no está tan lejano 😉

Sergio con la tez mortecina

Sergio con la tez mortecina

Modelo Duranio T-800 con su programa

Modelo Duranio T-800 con su programa “Gracietas y Muecas” 2.0 activado

Me encantó verlos a todos, pero me dio pena no poder tener unas horas de tranquilidad con Ana y charlar sobre la vida y los impuestos, que desde hace ya dos años no hemos podido tener un rato para contarnos nuestras cosas (aunque yo hago lo que puedo por aquí). A Durán, al que hacía ya mucho no veía, lo encontré genial, con su claridad de pensamiento tan habitual y sencilla, y esa extraña capacidad de simplificar cualquier problema por complicado que parezca hasta el punto de hacerte ver lo absurdo de perder el tiempo pensando en ello. Lástima que se les vaya de Manchester, y es que a su novia le ha salido un buen puesto de profesora en España, así que le toca vivir de la parienta hasta que le salga un curro. Sergio, aunque lo encontré bastante apagado, encontró trabajo mientras yo estaba allí, así que no pudo ser mejor. El cambio fue radical. Tras dos meses tirando de ahorros su situación hubiera alarmado a cualquiera, y es normal que eso acabe dinamitando el ánimo. En España, en cambio, lo noté incluso peor.

Menuda decepción me llevé al ver el estado en que estaba la estatua que honra la memoria del genio Alan Turing, con los labios pintados de rojo y pendientes a juego. En fin.

Menuda decepción me llevé al ver el estado en que estaba la estatua que honra la memoria del genio Alan Turing, con los labios pintados de rojo y pendientes a juego. En fin.

Manchester es una ciudad industrial, utilitaria, con opciones, fea como un demonio. No creo que sea difícil hacerse a la rutina de la urbe, sentirte cómodo en ella, e incluso pensar en establecerte allí cuando las cosas te van bien, pero creo que todo es motivo de la inercia. También me pasó a mí. London grows on you, decían. Y así es. El caso es que si Manchester también crece en ti, ten cuidado
no sea que engrendres un alien.

Todo en Chester es felicidad

Todo en Chester es felicidad

Por ejemplo, durante nuestra estancia visitamos Chester, una ciudad a poco más de una hora de Manchester. Si bien es cierto que es casi un decorado, no lo es menos que el contraste hace que te de des cuenta de lo horrible que es Manchester, en términos al menos de riqueza visual y paisajística. Chester, en cambio, parece sacada de un cuento. Aunque nosotros tuvimos la fortuna de ir uno de los pocos días al año en que celebran carreras de caballos en el hipódromo, lo que atrae a gentes de todos los escalafones, y la bajunidad inglesa es bastante
desagradable y asquerosa. En general, los ingleses con los que me crucé tanto en Manchester como Chester me parecieron gentes muy maleducadas y bastante cretinos, con cero respeto por los demás, y poquísima clase. Vamos, todo lo contrario de la imagen que pretenden dar de señoritos tomando el té. Sólo toman cerveza y hacen el cafre.

Agradable viejo espontáneo regando sus plantas en Chester

Agradable viejo espontáneo regando sus plantas en Chester

Otro de los días, para celebrar que Sergio había encontrado un curro, decidimos salir por la noche para ver cómo era el panorama nocturno de la ciudad. Y bueno, hay algunos sitios chulos que visitar, lástima que las peleas obliguen a cerrarlos antes de tiempo. De hecho, el garito en el que pasamos mayor tiempo era un antro para gays que a cierta hora, cuando todo lo demás cierra, se llena de la morralla de pasados que no tienen a donde ir. Y mención a parte merece la moda y estilo mancunianos… Difícil de definir, y es que cada ciudad tiene sus cosas en los asuntos del vestir y el peinarse.

Fue una muy agradable visita que me encantaría repetir en algún momento, pero la realidad es que puede que tarde mucho en volver a Manchester.

A saber cuándo los vuelvo a ver a los tres juntos

A saber cuándo los vuelvo a ver a los tres juntos

A la vuelta aproveché para ir a la playa un par de días, en realidad una noche, que además fui invitado por la madre de Espe a un hotel en Cádiz justo en frente de la playa. Qué me gusta el agua del mar y qué bien se estaba. Y es que si la playa no es salada, ni es playa ni es ná, y que vengan los lagos canadienses con sus arenas blancas y digan lo que quieran.

Y ya para rematar, al día siguiente de volver de la playa, tocaba irse a Pamplona, para vivir la fiesta de San Fermín 2013. Entre viaje y viaje me dio tiempo, por supuesto, de ver a la familia y a los pocos amigos que ya quedan por tierras sevillanas y hablar un poco de la vida desde el punto de vista del emigrante convencido de que volver ya no es una prioridad. En Sevilla cada cuál se busca las papas como puede, y cuando ya no puede más, decide irse o tirar por trabajos aun peores, es decir, sin contrato, sin cotizar, y casi sin dignidad. En España siempre queda la doctrina de la economía sumergida, si no fuera por ella esto ya habría explotado en serio.

No tuve mucho más tiempo antes de volverme a marchar. Esta vez a Pamplona, para experimentar de una vez por todas las fiestas de San Fermín, sí esas en las que la gente corre delante de los toros y se emborracha a más no poder. Mi idea era que fuésemos los más posibles, pero es imposible. Primero se apuntó Sixto, que se apunta a un bombardeo. Luego, dada una casuística cósmica con los contratos de Mª Ángeles, también se apuntó ella. Por último estuve apunto de creer que Sergio vendría. Y Bellido, si le hubieran dado las vacaciones también se hubiera apuntado al viaje. Pero no pudo ser y fuimos Sixto, Mª Ángeles y yo. Planear el viaje, como casi siempre, fue un desastre. Lo dejamos todo para última hora y nos costó encontrar combinaciones decentes de trenes para llegar y volver de Pamplona a Sevilla. Sixto quería que fuésemos en bus… Va a ser que no. Y menos mal que no lo hicimos así. Al final conseguimos no pagar demasiado y con horarios no excesivamente malos. Y una vez allí, Lola, la madrina de Espe que vive en Pamplona, nos estaba esperando para llevarnos a nuestro alojamiento. Lástima no haberla contactado antes, pues nos podría haber conseguido un sitio mejor donde dormir, y más barato probablemente.

El viaje fue largo, pero con esta baraja de cartas de Mª Ángeles se pasó volando :-P

El viaje fue largo, pero con esta baraja de cartas de Mª Ángeles se pasó volando 😛

Y es lo del alojamiento fue otro cantar. Al ser ya fiestas internacionalmente famosas, gracias entre otras cosas a Hemingway, sus artículos y su novela The Sun Also Rises (titulada en España La Fiesta), la marea de guiris, de mayoría australiana, engullen todas las plazas de alojamiento posible meses antes de la celebración. Buscamos, buscamos y buscamos. Llamamos a un buen montón de sitios sin encontrar nada por debajo de los 90€ por día y persona. Hasta que me dio por mirar si había sitio en las residencias universitarias. Algunas incluso anunciaban directamente estar disponibles de manera especial durante los Sanfermines. Pero por desgracia todas estaban ya sin sitio. Fue mala idea buscar el alojamiento con sólo una semana de antelación. Todas menos una… ¡La Residencia Universitaria Nuestra Señora María Emilia de Riquelme! Tuvimos nuestras dudas respecto a si era buena idea quedarse en un sitio regentado por monjas, más que nada por aquello de llegar borrachos y apestando a vino a las tantas de la madrugada. Pero he de confesar que fue todo un acierto. Situada a walking-distance de la polivalente Plaza del Castillo, donde todo sucede, fue el sitio ideal para descansar sin los ruidos de los fiesteros y reponer fuerzas cada día. Además de que cada uno de nosotros tenía su propia habitación. Y aunque los baños eran compartidos, éramos los únicos en aquél edificio medio convento medio escuela, por lo que todo estaba super limpio y listo. Vamos, hasta teníamos el desayuno incluido. Lástima que no tengamos ninguna foto de la Hermana Ramona, que parecía ser la que más controlaba aquello. Sí que nos dio un poco de cosa al verla, pues parecía muy seria y tal, y nosotros no precisamente católicos practicantes, pero después resultó ser de lo más agradable y comprensiva. La única pega fue que cerraban las puertas muy temprano y cuando llegábamos por la noche teníamos que llamar a un porterillo hasta que una de las hermanas se levantaba a abrirnos. Claro, nosotros aguantando la risa mortalmente hasta que llegábamos a las habitaciones en la planta 3. Menudo espectáculo debimos ser.

¡Gracias, María Emilia!

¡Gracias, María Emilia! ¡Gracias, María Emilia!

El primer día en Pamplona, tras la paliza en el tren, decidimos dar un paseo por el casco histórico, para ver cómo se llegaba al Ayuntamiento, donde sería el famoso Txupinazo, y hacernos con el uniforme correspondiente de pañuelo y faja rojas, en honor al mártir San Fermín, más pantalón y camiseta blancas. Dimos unas vueltas por el centro, nos tomamos unos vinos y poco más, de vuelta al convento, literalmente. A la mañana siguiente había que estar en planta tempranito, pues para poder ver el Txupinazo hay que ir con tiempo para coger sitio, ya que la plaza es minúscula. No recuerdo la hora a la que nos levantamos, pero sí nuestro rico desayuno a base de cubatas :S Y es que la tradición es comer fuerte una vez al día, muy temprano, y aguantar todo lo que se pueda. Incluso un transeúnte nos dijo que empezando así poco íbamos a durar. Pobre meapilas, no sabía a quién le estaba diciendo eso.

El sólo hecho de llegar a la Plaza del Castillo el día del Txupinazo ya es de por sí digno de ver. Todo el mundo vestido de blanco nucelar, en hordas, marchando y listos para la fiesta. De todas las edades, desde niños hasta ancianos. Una vez allí la cosa ya cambia un poco. Empiezas a ver cómo la gente se lanza vino y comienzan las manchas y las típicas postales de San Fermín que tanto vemos por la tele. Pero eso sólo es el comienzo.

Txupinazo! Con Ikurriña incluída

Txupinazo! Con Ikurriña incluída

Nuestra idea era, cómo no, llegar a la Plaza Consistorial y vivir el momento de locura máxima de toda la fiesta. Adelanto que no es tarea fácil. Las calles aledañas que desembocan en la plaza se embotan de gentes faltando aun horas. A nosotros, que llegamos con tan sólo 30 minutos de anticipación, nos costó la vida ir abriéndonos paso hasta una esquina de la plaza con la calle Mercaderes desde la que decidimos el día antes que habría una buena vista de todo. Con lo que no contábamos era con la concentración brutal de borrachos y fiesteros, bebiendo y arrojando vino a espuertas, ya que pasado cierto punto no te dejan entrar con botellas de cristal ni tapones, así que el despiporre está servido. El sólo hecho de intentar llegar al enclave acordado fue suficiente para que nuestras ropas acabaran con un delicioso aroma y un color burdeo violáceo de lo más característico. Tras luchar contra la horda anónima y conseguir estar lo tres donde dijimos, una nueva marea humana, en su sentido más literal, nos arrastró hasta prácticamente el principio de la calle por la que habíamos venido. No exagero, en algunas ocasiones casi no necesitaba tocar el suelo con los pies, me arrastraban. Y lo que para mí no fue más que algo un poco incómodo pero divertido, para otras personas, sobre todo chicas menos corpulentas que yo, fue un horror. Muchas se desmayaron, una incluso a dos metros de mí. Otras gritaban enojadas que no podían respirar, o que dejaran de empujar, como si fuese un único individuo el causante del atropello. Pero lo peor para ellas estaba por venir. Antes, como no quería quedarme sin ver el famoso Txupinazo, tenía que llegar de nuevo a la plaza, pero en el camino había perdido a Sixto y Mª Ángeles entre la marabunta. Oía sus voces de vez en cuando, o los veía de refilón; pero una vez separados ya no pudimos volver a estar cerca hasta que todo terminó. Conseguí llegar de nuevo a nuestra esquina, o al menos a un lugar cercano, faltando apenas unos minutos para que todo explotara. Fue entonces que muchas chavalas, en su afán por respirar un poco de aire fresco y ver algo, tuvieron la brillante idea de subirse a los hombros de algún muchacho. El espectáculo estaba garantizado. Nada más elevarse por entre la media de las cabezas, torrentes de vino salen disparados desde todas direcciones con un único objetivo, la chica. Acto seguido, las manos sin nombre comienzan a trepar por su cuerpo en un intento tocar al menos un pedazo de su piel. Lo siguiente ya roza lo primitivo. Las mismas manos, arropadas en la multitud, terminan por arrancarle la ropa hasta dejarla prácticamente en paños menores en el mejor de los casos, o con alguna vergüenza al aire en el peor. Esto, cuando se ve en las fotos, hace pensar que no pasa nada, cuando se ve a lo lejos en la plaza, piensas que igual es un poco desproporcionado. Pero cuando lo ves a un metro de distancia te das cuenta de lo cavernícola, brutal, y desconsiderado del comportamiento (lo que no quita que uno termine alzando la mano a ver qué palpa…). Instantes más tarde la chica pide que la bajen para recomponerse. En total no han sido más de 1 minuto o 2, 30 segundos más y seguro que acaba preñada. Lo más curioso de todo es que, pese a lo violento de presenciar el hecho, y el salvajismo que uno le presupone al verlo, Mª Ángeles tuvo la iniciativa de preguntarle a una de ellas que cómo estaba o si necesitaba algo, ante lo cuál la chica contestó que «no pasa nada, es los que hay en San Fermines». Personalmente me sorprendió la actitud de la chica, no ya por el hecho de subirse a hombros de un desconocido a sabiendas de lo que le iba a pasar, que cada cuál es libre de hacer lo que quiera, sino por dar por sentado que la actitud animal de la muchedumbre de alrededor es la norma. Es en este punto que radican todas las críticas a los comportamientos que se ven San Fermín y que tanto se han promulgado por los medios últimamente. Yo no soy quién para juzgar una fiesta que ni me pertenece ni a la que pertenezco, pero quizá un poco menos de brutalidad sería bienvenida para que la cosa no acabe yéndoseles de las manos, sea todo más amigable a los desconocedores de la tradición y sobre todo un poco más respetuoso con todo el mundo.

Camuflado

Camuflado

Por fin, cuando ya estábamos todos sopa del vino de uno y de otro, y tras el pequeño altercado con la Ikurriña, comenzaron los cohetes explosivos y los fuegos artificiales que marcaban el comienzo de la fiesta. Toda la plaza ardió en una fiesta báquica de alegría y emoción. La gente comenzó a ponerse los pañuelos al cuello, pues hasta que no se da el Txupinazo y la fiesta no empieza, debe estar amarrado al brazo o a la muñeca. Y todo siguió un poco igual, mareas de gentes embriagas y más vino por todos sitios. Poco a poco le barullo se fue disolviendo, así que nosotros también nos fuimos alejando un poco. Ahora lo que tocaba era, cómo no, seguir bebiendo y celebrando que… ¡Celebrando San Fermín! Al rato encontré a mis dos compañeros perdidos, compramos algo para comer, nos tumbamos con tranquilidad y descansamos un rato en un césped que encontramos por los alrededores.

Ropa limpia. Ropa sucia.

Ropa limpia. Ropa sucia.

Pensamos seriamente ir al convento a cambiarnos y descansar como es debido, pero tras quitarnos los botines comidos literalmente por la mierda caímos rendidos en la esponjosa y cálida hierba. No pasaron ni 10 minutos cuando a lo lejos vimos a David Martín, un ex-compañero de cuando trabajaba en Yaco, que me llamó cuando íbamos en el tren de ida diciendo que él también estaría por Pamplona. Él, que no había estado en el chipinazo, venía con toda la energía. Y como vivió un tiempo en Pamplona y era de Soria, pues conocía a bastante gente e incluso tenía familia. Así que nos levantó del tirón de donde estábamos tumbados y nos fuimos al bar de alguien que conocía. Y de ahí a otro sitio, y otro sitio, y otro. Entrando en muchos de los bares del centro. Saliendo a comer. Bebiendo. En una de las tiendas que ponen el tenderete de cara a la calle, donde habitualmente compras el vino, la sangría, el bocata o lo que sea, alguien se había dejado olvidadas dos botellas de Negrita. Nosotros, que no le hacemos asco a lo que es gratis, las agarramos sin rechistar y sólo necesitamos comprar algo de Coca-Cola. Nos salió bien barato el día en general y la papa en particular. Acabamos en una de las carpas/plazas públicas donde ponen algo de música un poco más bailable, aunque 100% comercial, obvio. Y cuando ya no pudimos más nos piramos a sobar.

Cualquier sitio es bueno en San Fermín para dormir un rato

Cualquier sitio es bueno en San Fermín para dormir un rato

A la mañana siguiente, cuando despertamos, vi que tenía una llamada perdido de Lola sobre las 8. Era porque me había conseguido hueco para ver los encierros, pero ese día nos los perdimos porque estuvimos planchando la oreja hasta bien tarde. Además de que también nos perdimos el paseo que le dan a San Fermín y que merece la pena ver, pero estábamos muertos.

Sombrerín en una de las plazas con conciertos

Sombrerín en una de las plazas con conciertos

Con tranquilidad y menos ansia que el día anterior, fuimos a la Plaza del Castillo, dónde habíamos quedado con David de nuevo. Comimos tomándonos nuestro tiempo, y nos quedamos por el centro tomándonos unos vinitos. El día transcurrió entre la Plaza del Castillo para los conciertos gratis, otro escenario que había no muy lejos, garitos, música en la calle, batukadas por un tubo, y algún que otro espontáneo liándola él sólo y llevando la fiesta adonde iba, como Don Zambón, el hombre orquesta, al que no grabamos porque llevaba un cartel que así lo pedía. Pero vaya maravilla. Al principio sólo vimos una marea de gente super animada y música sonando, así que nos unimos, como es habitual en esta fiesta, para descubrir con asombro que toda la música la iba tocando una única persona. Brutal.

Por la tarde también estuvimos con unos amigos de David, y con ellos ya nos quedamos hasta que nos recogimos, riéndonos un montón porque los tipos eran unos artistas de cuidado. Uno de ellos llevaba una gabardina porque, según nos contó, la abuela le dijo que debía ponérsela para no mancharse.

Los personajes amigos de David

Los personajes amigos de David

De esta calaña eran los nombres de los grupos que tocaban

De esta calaña eran los nombres de los grupos que tocaban

La verdad es que, quitando un momento en el que un tipo hizo unos ademanes raros a Mª Ángeles, ningún día vimos pelea ni malos rollos, lo que es sorprendente dado el nivel de ebriedad del asunto. Además Sixto, sacando a relucir su faceta de Capitán Justicia protector de la desvalida, cosa que yo no conocía por cierto, solucionó la situación rápidamente. Claro está que también nos quitamos del medio rápido por si acaso. Siempre es mejor evitar a los imbéciles que enfrentarlos, al menos desde mi punto de vista.

El día siguiente ya nos tocaba marcharnos, pero no sin antes ver en directo uno de los encierros. Nos levantamos temprano, muy temprano, y ya había gente que estaba cogiendo sitios en todas partes de las calles Estafeta, Mercaderes y en cualquier otro sito desde donde salen los astados hasta la plaza de toros. Lola, que me llamó porque tenía sitio para uno, nos dio indicaciones de por donde estaba, pero ya habían cortado las calles y no se podía pasar ni atravesar. Tocaba quedarse donde estábamos y ver lo que pudiéramos. Con el paso del tiempo conseguimos llegar hasta la barricada que protege la calle y ver algo. Yo pensé muy seriamente en correr junto a los toros, pero al final no me sentí con la energía suficiente. Menos mal, porque después de ver como corren los toros, a qué velocidad y de qué manera tan brutal, se me quitaron las ganas. Por la tele parece que van hasta lentos, pero una vez lo ves pasar a escasos metros de ti al galope la verdad es que imponen bastante.

El encierro, que terminó en unos 3 minutos o así, dio paso al pasacalles con gigantes y cabezudos, entre ellos el famoso Verrugo, el terror de los niños. Está chulo ver las danzas que se marcan y tal. Además de que parece tradición comprar churros en una de las calles por las que pasa. Y bueno, después eso nos fuimos al convento, nos duchamos y salimos a comer ya con las maletas, pues nuestro tren no tardaba en salir. Todo super calculado, aunque la jugada no salió tan bien como esperábamos. Nuestra idea era llamar a un taxi y plantarnos en la estación en unos 10 minutos. El problema es que los taxis no atendían a las llamadas y por la calle no paraba ninguno. Un poco sorprendidos decidimos ir a una calle principal, pero nada. Nos empezamos a poner nerviosos cuando, ya en la estación de autobuses y taxis tampoco había ni paraba ninguno. Al final, en el último momento, un taxi paró y fue follado hasta la estación para llegar en el momento exacto en el que el tren arrancaba y se alejaba hasta el infinito. Nos dejó un poco destruidos haberlo perdido por escasos segundos. Fuimos a la ventanilla y, por una vez en mi vida, la persona de detrás se comportó de maravilla. Debió ser por vernos reclamar el tren que recién se estaba yendo, o quizás por nuestras caras de derrota, o quizás por ser San Farmín. Como fuere, la señora hizo todo lo que estuvo en su mano, más teniendo en cuenta que nuestra tarifa de Renfe era la más peluquera, y al final nos consiguió una conexión Pamplona, Zaragoza, Madrid y de allí a Sevilla, pagando sólo una fracción de lo que nos esperábamos. Agridulce final de fiesta pero con final feliz como quien dice. En el tren, estábamos destruidos.


(El baile de los Gigantes y Cabezudos)

Dos días más tarde me marchaba ya de nuevo a Canadá. Estas vacaciones desde luego no han podido ser más intensas. Pero antes de eso aun me dio tiempo a ver a unos cuantos de los que me quedaban, entre ellos a la Carmen, el Migue, el Largo, o el Sr. Pascual.

Señor Pascuálido

Señor Pascuálido

Longerboy, cada día más joven

Longerboy, cada día más joven

La Carmen Madrigal, seguro que después de contar uno de sus chistacos

La Carmen Madrigal, seguro que después de contar uno de sus chistacos

Y el Migue, al que recordaréis del viaje en caravana del año pasado

Y el Migue, al que recordaréis del viaje en caravana del año pasado

Lo último del viaje, como no podía ser de otra manera, estaba reservado para la family. Barbacoa como está mandado, mini-pachanga y risas varias. Qué pena me da tener una familia tan genial y tan lejos. Con sus más y sus menos, con sus riñas y sus momentos, con todo, los quiero como son, a todos y cada uno de ellos.

Oro en natación sincronizada

Oro en natación sincronizada

Mi sobrinín

Mi sobrinín

Es que el arte nos viene de familia, a ver cuánto tarda mi hermana en pedirme que quite esta foto...

Es que el arte nos viene de familia, a ver cuánto tarda mi hermana en pedirme que quite esta foto…

 

Er cuñao

Er cuñao

Espe, Mirian, Marini y María

Espe, Mirian, Marini y María

 

Father al fondo

Father al fondo

La family!

Y ya lo dejo aquí. Contaré en la siguiente entrada un poco del viaje a Nebraska y sobre todo el espectacular road-trip por el sur de Islandia., que ha sido muy increíble.

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6 comentarios leave one →
  1. Fer permalink
    Martes, 20 agosto, 2013 02:53

    Ya había oído algo acerca del acoso sexual en los San Fermines, me sorprende viniendo de un pueblo tan “civilizado” como el vasco… en fin, sin comentarios, creo que todos sabemos lo que hay… Has pensado en pillar unas vacaciones para descansar de tus vacaciones???? 😉

  2. Sergio. permalink
    Viernes, 23 agosto, 2013 07:58

    Gran post, sin duda alguna!!! Me quedo, sobre todo, con esta gran frase “…Manchester también crece en ti, ten cuidado no sea que engrendres un alien”, jajajajajjajaa, genialérrima. Lástima lo de los Sanfermines, era una cosa a la que me hubiera encantado ir, ahora habría que pensar otra verbena a la que ir 😛 Espero que no pase mucho tiempo y nos veamos prontito, que tu estancia mancuniana fue un visto y no visto.

    • Martes, 3 septiembre, 2013 11:41

      Pues sí, tío, ojalá hubiera tenido el tiempo y el dinero para estar más tiempo en Manchester. De todas maneras, aunque sea casi imposible, habrá que ir planeando para el año que viene…

  3. Domingo, 25 agosto, 2013 04:38

    Amigo Javié, primero de todo darte, daros las gracias por haber venido a visitarnos a nuestra bella ciudad y haber estados unos días con nosotros. Siempre es un placer recibir visitas de gente a la que quieres. El nacimiento de Lucía fue el momento perfecto. Fue una visita rápida cual rayo y maldecida por el tiempo de la mierda, que por cierto, no han vuelto a hacer días como esos desde entonces….:S. Encima yo con la niña pa’riba y teta pa’un álao y pa¡el otro, y mi carácter de por sí estresado, no pude hacer un cochino hueco para poder tener nuestro maldito ratito de charla, imposible. Pero gracias por haber puesto todo de tu parte :D, se que lo ha intentado valeeeee, aojalá hubiera podido ir a cervecear contigo un rateiro….la próxima y puneto,ha de ser la próxima.

    Manchester es fea, un taco de fea aunque cuando el sol la alumbra deja ver su poquito de encanto y puedes llegar a apreciar la belleza que esconden sus pocos rincones. Con el sol es fácil sabe.

    Fans de esos San Fermines y fans de la foto de Jesús.

    Un fuerte abrazo.

    • Martes, 3 septiembre, 2013 11:44

      Se hizo lo que se pudo 🙂 Obviamente las prioridades son las prioridades, y con Lucía aun tan pequeña demasiado que ya estorbamos estando por allí. Pero me encantó veros a todos y veros bien. Incluso con ese clima de mierda que me tocó, que cómo bien dices, para nosotros los andaluces, la belleza de un lugar depende del sol.

      Un abrazo y espero poder volver a veros pronto.

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