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Y entonces dejé de escribir para poder seguir escribiendo

Viernes, 31 enero, 2014


(Los años de juventud…)

En mis años de instituto, no recuerdo en cuál de los dos en que estuve, nos pidieron hacer un trabajo a partir de una película que habíamos visto sobre Vincent van Gogh. Por entonces empezaba a flirtear con los ordenadores y cualquier cosa que pudiera hacer para pasar más tiempo con uno era bienvenida. Así que hice el trabajo usando el Word de la época. Pero a la portada, creada en Photoshop, le dediqué la misma cantidad o más de trabajo. Sobra decir que no tenía Internet en casa y la mayor fuente de conocimiento de la que disponía en formato digital era el cederrón de la Enciclopedia Universal Micronet, que acababa de lanzar su tercera o cuarta edición. Confieso que me alucinaba. Años antes de que la Wikipedia siquiera existiese, la Enciclopedia Micronet, toda una inversión familiar, hacía honor a lo universal en su nombre: un compendio del conocimiento humano, con texto, imágenes, audio y vídeo. Pude ver los vídeos del primer hombre en la luna, escuchar la voz de Einstein, o ver fotos de cualquier monumento del planeta. Estuve increíblemente impresionado por mucho tiempo. Hasta el punto de que llegué a saberme muchos artículos de memoria. Incluso usaba un primitivo lector que traía la tarjeta de sonido Sound Blaster del ordenador para que leyese los artículos en voz alta y así poder escucharlos mientras hacía otras cosas. Me apasionaba ser el espectador de una máquina leyendo contenido para mí. Fue en esa enciclopedia que descubrí una escultura de Vincent van Gogh y su hermano Theo y tuve la idea añadirle una sombra y que la sombra, a su vez, fuese uno de los famosos auto-retratos del impresionista. Debo reconocer que me quedó bastante bien, al menos así quedó impreso en mis recuerdos, como un trabajo del que estuve orgullos mucho tiempo. A la portada, me refiero, el trabajo real vaya usted a saber. A raíz de la escultura supe de la vida su hermano menor Theo, marchante de arte, y con el que intercambiaba correspondencia más o menos regularmente. Descubrí entonces que van Gogh, en un momento de su vida, decidió abandonar prácticamente todo lo que tenía para poder dedicarse plenamente al ejercicio del arte. Sólo en la encrucijada, que diría mi colega Juan Sánchez, el artista puede ser artista. Es un pensamiento que me acompañó desde entonces y que curiosamente compartí el otro día en una conversación con una compañera de laboratorio. Le contaba que hace muchos años yo escribía poesía y prosa poética (aun ni sé si «prosa poética» es algo), y que incluso conseguí un par de reconocimientos que me llenaron de orgullo y satisfacción. Pero que poco a poco, mientras iba dejando atrás los radicalismos y los fuertemente polarizados sentimientos de adolescente y joven adulto, simplemente dejé de tener la necesidad. Como para van Gogh el arte, así empecé a creer yo que sentía la escritura. Y la tuve abandonada por muchos años, siempre que me considerara estar en un estado de equilibrio emocional y anímico. No fue hasta llegar a la universidad que sentí de nuevo la necesidad de escribir, por la irrupción en mi vida de toda una nueva gama de estímulos, entre ellos la Julia, que ahora por cierto acaba de ser madre hace unas semanas. Pero tras acabar la universidad una nueva etapa de silencio me capturó. Nada extraño sucedía en mi vida, todo iba como lo planeaba. Sin pena ni gloria. Hasta que por desgracia los hechos me superaron y, unos meses más tarde, decidí irme a Canadá para descubrir que mi viejo hábito, cual fiel amigo imaginario que ni envejece ni desaparece, seguía ahí. Si no escribo es porque estoy bien, supongo.

Vincent en Theo van Gogh (1964), Ossip Zadkine

Vincent en Theo van Gogh (1964), Ossip Zadkine (Fuente: Wikipedia)

Y ha sido más o menos así. He pensado varias veces en los motivos por los que dejé de escribir, dándole vueltas a un buen montón de candidatos: pérdida del interés, falta de cosas que contar, astenia, ser cada vez más y más consciente de mi privacidad, asumir que a nadie le interesan ya mis pamplinas, etc. Todas han aportado su granito de arena. Es cierto que lo que hay que contar cada vez se vuelve más repetitivo, nimio, carente de importancia; no hay nada nuevo, aunque pasen cosas. Y cuando lo hay es complicado encontrar el tiempo necesario para armar una entrada medio decente. Siempre se escribe para una audiencia, es cierto, si no este blog sería un diario personal metido en un cajón, y mi audiencia si alguna vez la tuve creo que ha seguido mis mismos derroteros. Hasta que un día, el bueno del Guille me dijo que él y la Miri echaban de menos mis tribulaciones canadienses. ¡No digas más!—pensé. Eso ha sido todo lo que necesitaba para empezar de nuevo y pensar seriamente en el porqué de mi etapa de sequía y si de verdad es necesario estar en crisis para producir. Precisamente cuando más cosas han pasado: mi hermano estuvo aquí con su señora tres meses, luego vinieron dos sevillanos por otros tres, luego John Paul colega de la facultad a dar un curso, y luego Espe se fue durante 43 días a Cuba. Sin contar que defendí mi segundo curso, quedamos segundos en una competición de ideas para startups y salud, di una charla en un congreso en Brock University y he sido aceptado para otras dos, una en Suiza en julio y otra en Cambridge en octubre.

Todo esto que digo suena casi hasta bien. Pero alguno ya se habrá dado cuenta del motivo real. Correcto. Es una de esas manías casi obsesivas que tan bien me definen. Con la acumulación de historias que contar, sobre todo los viajes a Islandia, Guatemala y Belize, y la necesidad irremediable de hacerlo en orden cronológico, primero lo primero y segundo lo segundo, al final me planté en junio con un montón de borradores y ni una sola entrada. Bien cierto es que podría haber ido publicando según fuese teniendo las cosas, pero a tenor de los hechos y la fecha de publicación de este texto, es más que evidente que lo que más me ha retenido a la hora de seguir escribiendo ha sido la imposibilidad de hacerlo mes a mes. Entonces decidí ir escribiendo poco a poco y programando las entradas para que al final cada mes del año tuviese al menos una. Hete ahí el quid de la cuestión. Y si hubiese que culpar a algo o alguien, sería sin duda a la entrada sobre Islandia, que por pereza en subir las fotos se ha atragantado más tiempo del debido, con el consecuente retraso de todo lo demás.

Pero eso va a cambiar. Al menos voy a intentarlo. Eso sí, no os asustéis si la siguiente entrada tiene fecha de febrero (o noviembre :-P) y la siguiente de marzo. Eso será así hasta que vuelva a coger el ritmo. Sí, ya sé que suena un poco infantil e incluso estúpido, pero son estas ínfimas cosas las que me ayudan a mantener el orden mental de las cosas.

Ahora que lo miro con perspectiva veo que el blog estuvo a punto de convertirse en un blog de viajes. Lo que no es malo per se, aunque nunca fue esa mi intención. Eso sí, si mañana viene Halcón Viajes y me quiere pagar viajes para que siga escribiendo, ahí está el tío dispuesto, vaya.

Y lo dejo ya aquí. No recordaba lo fácil que es escribir texto en español. Últimamente sólo escribo en inglés, y claro, la producción se hace un poco más difícil, sin contar esa habilidad que nos exigen en las carreras técnicas de ser concisos y breves, lo que hace todo un poco más complicado. Aunque desde que estudio para ser humanista intento ser capaz de expandirme y dar vueltas sin decir mucho. Y en serio, es más difícil de lo que parece. Así que nada, stay tunned!

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4 comentarios leave one →
  1. Lunes, 23 junio, 2014 10:59

    Extraño tus entradas, ya lo sabes.
    No me importa el orden, conozco tu manías y se que algunas de estas te ayudan a mantener tu orden mental (también la mía en ocasiones si la entrada me concierne…)
    Extrañaba leerte, pero eso ya lo sabes (})

  2. Guillermo permalink
    Lunes, 23 junio, 2014 12:00

    Solo voy a decir una cosa…

    UUUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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